La cuenta atrás

Publicado 03/04/2016 8:00:16CET

MADRID, 2 Abril (OTR/PRESS)

Mientras deciden si se reúnen los equipos o los líderes a tres o a cuatro, va pasando inexorablemente el tiempo y se acerca el fatídico dos de Mayo, ya sin vuelta atrás. Para preparar esa famosa reunión, con la que Pedro Sánchez quiere conseguir el milagro de los "ciento noventa y nueve", Podemos como Ciudadanos se llaman de todo; se acusan de extremistas, de prepotentes y hacen públicas sus diferencias irreconciliables.

El caso es ganar tiempo. Llegar a mayo con la imagen vendida de que se "han dejado la piel" en el intento. A los tres les interesa este juego. A Pedro Sánchez porque en su partido no se va a mover un papel mientras haya una posibilidad de alcanzar el Gobierno. Al borde de una nueva convocatoria electoral en Ferraz no están para experimentos. Además, ha conseguido aplazar el congreso previsto para mayo donde tendría que enfrentarse a Susana Díaz. Por eso Sánchez va a seguir vendiendo las posibilidades "difíciles", como el mismo reconoce, pero no imposibles.

Albert Rivera gana puntos cada día que pasa. No juegan la baza mediática, su equipo habla de propuestas y medidas. Incluso están dispuestos a actualizar el pacto con el PSOE para revisar el objetivo del déficit. Son profesionales. Y lo demuestran frente a un Mariano Rajoy colapsado por los acontecimientos, encerrado en Moncloa, huyendo del protagonismo que los casos de corrupción están dando a su formación y con el dato pésimo del incumplimiento de los objetivos impuestos por Europa de control del gasto público, Ciudadanos se prepara para absorber el voto hastiado del centro derecha. Y el tiempo también juega a su favor.

Pablo Iglesias, quien se ha hecho definitivamente con todo el poder en una formación que no quería actuar igual que los "viejunos", es el nuevo secretario de organización, además de jefe supremo. El golpe de efecto de nombrar a Echenique, que tan "entusiasmados" tiene a los militantes, es una jugada táctica más. A las reuniones tripartitas, a las que no van a asistir ni Rivera ni Sánchez, sí asistirá Pablo Iglesias como comandante en jefe de Podemos. ¿Queda alguna duda de quien ostenta el poder?

De momento, y ante los datos de los estudios de opinión que reflejaban un rechazo a sus gestos prepotentes y a sus declaraciones altisonantes, ha bajado el tono del discurso y vende la imagen de un dirigente dúctil y humilde. Tan es así que ha renunciado a la súper vicepresidencia del Gobierno. Una entelequia que nadie le había ofrecido.

Los datos de las encuestas que manejan son malos. Y a la espera del sondeo del CIS, que puede reflejar una pérdida importante de escaños, suavizan las formas -que no el fondo- y tratan de minimizar las crisis internas a sabiendas que son penalizadas por los electoras.

Pero la imagen de Errejón, solo en el ascensor del Congreso de los Diputados, fuera de las reuniones de poder que marcan la línea política, y la de Bescansa, exiliada a otra bancada y lejos del omnipotente Iglesias, muestran con crudeza el cisma que niegan.

Solo el aviso de una verdadera debacle les haría abstenerse a la desesperada y permitir un Gobierno de PSOE y Ciudadanos. Pero estamos en la cuenta atrás y todo parece indicar que lo único que se pretende es ganar tiempo.

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