Dos candidatos atípicos.

Publicado 01/03/2015 12:00:23CET

MADRID, 1 Mar. (OTR/PRESS) -

Tanto el PSOE como IU han optado por presentar en Madrid a dos candidatos realmente atípicos en la política actual. Ambos son docentes universitarios, hombres de la cultura; ese aspecto fundamental de la vida humana tan castigada por el Gobierno del PP. Tal vez ambas formaciones de izquierdas han tratado de conectar con esos votante cada vez mas ajenos a los poderes públicos y dispuestos a dar el campanazo que reconduzca la democracia.

Porque otro de los valores que atesoran tanto Ángel Gabilondo como Luis García Montero es su acendrada ética personal. Si algo les caracteriza es haber logrado la difícil concordancia entre las convicciones y la vida personal. Frente a tanto político tradicional, ligado a pequeñas o monumentales corrupciones, hay que ofrecer al electoral el perfil de un "hombre bueno". Cualidad que debería ser imprescindible para ejercer la cosa pública.

Tal vez la regeneración de la democracia haya encontrado su camino si los partidos que lograron la etapa de mayores derechos y libertades comienzan a salir de su egocentrismo y ofrecen a la cansada ciudadanía a los mejores, sean estos de su militancia, o sean independientes.

Tal vez no se trate de que surjan nuevas siglas, cargadas de buenas intenciones que, al primer roce con la realidad del poder, se configuran como estructuras monolíticas con fuertes liderazgos y las consabidas peleas por el mando. No se puede sustituir lo viejo por lo nuevo cuando los recién llegados se comportan con las mismas mañas.

Contaba García Montero que una de las exigencias que había planteado a la dirección de IU era la de poder incorporar a su lista a destacadas personalidades como el Rector de la complutense, economistas o compañeros de las letras. A lo mejor, entre todos, se les ocurren propuestas más enriquecedoras para Madrid que traer a Eurovegas y sus casinos o privatizar la sanidad pública.

Pese a todo, no lo van a tener fácil ni Gabilondo ni García Montero. Las estructuras de los partidos están tan anquilosadas que, pese a reconocer el lema de "renovarse o morir", pueden hacerles la vida imposible. También corren el riesgo de convertirse en floreros capaces de atraer el voto pero obligados luego a una suerte de disciplina interna.

También alguien podría pensar que a estos hombres, dedicados a la literatura y el conocimiento, les falte capacidad de gestión en momentos de crisis económica y duros recortes. Se olvidan que tanto la Comunidad como el Ayuntamiento de Madrid son instituciones sólidamente formadas por técnicos y funcionarios que solo esperan las directrices de las políticas a seguir. Resulta difícilmente creíble que tanto el poeta como el catedrático de la Autónoma estén de acuerdo con los brutales desahucios que sufren una parte de los madrileños o con la reducción de camas y plazas sanitarias en los hospitales de la Seguridad Social. Precisamente el candidato de IU quiere que le acompañen alguno de los impulsores de la "marea verde" o la "marea blanca".

Ojalá que estos dos candidatos "atípicos" abran una puerta a la regeneración de los partidos políticos y a que la inteligencia, el pensamiento crítico y la ética sean consideradas condiciones "sine qua non" para representar a los españoles.

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