El mal turista.

Actualizado 15/08/2011 14:00:21 CET

MADRID, 15 Ago. (OTR/PRESS) -

Sí, existe un turismo indeseable. Es el que utiliza y destroza los bienes públicos. El que viene a pasar una semana a la costa española por algo más de trescientos euros, en un hotel todo incluido, con el único objetivo de convertir su estancia en una borrachera interminable.

La queja de comerciantes, hosteleros y empresas dedicadas al sector turístico empieza a oírse de norte a sur. El turismo de bajo coste, que deteriora el medio ambiente, no consume y monta bronca en las ciudades costera se ha incrementado este verano, cuando más falta hacían los ingresos derivados de una industria que aporta al PIB en torno al 10%.

Un ejemplo claro es Lloret de Mar y la sucesión de noches de vértigo que han vivido sus vecinos con los duros enfrentamientos entre jóvenes, con mucho alcohol en el cuerpo, y los Mossos. ¿Dejan alguna rentabilidad a la ciudad estos jóvenes etílicos que venden la imagen de que en Lloret todo está permitido, incluso la violencia? No.

El coste de su alojamiento no compensa Ni siquiera a los propietarios de los hoteles que se han visto obligados a bajar los precios hasta tirarlos.

Hace muchos años que los expertos llevan clamando por un cambio de modelo turístico en España. Quizá el año de la gran crisis no era el adecuado, pero el turismo de sol y playa está agotando sus posibilidades de rentabilidad.

Con unos ayuntamientos exhaustos en sus presupuestos, que no pagan a las contratas de limpieza, ni de jardinería, los daños y la suciedad que produce un turismo masivo van a pesar sobre los municipios costeros cuando el otoño empiece a asomar al final de septiembre.

Los turistas, que consideran este país de usar y tirar, no compran en los supermercados, ni van los restaurantes, ni adquieren regalos para llevar a sus familias.

La responsabilidad es de la propia industria turística española que lleva años mirando para otro lado mientras la calidad se degradaba. Tal vez, si se hiciera una oferta mucho mejor, con alternativas culturales, con propuestas de ocio sin botellón, se recuperaría esa buen turista que viene aquí porque le gusta el paisaje, el mar, la buena cocina y el sentido tolerante y calido de la hospitalidad que ha convertido a España en un referente.

Si seguimos en la suciedad, construyendo hoteles que afean el litoral, y compitiendo por captar a quien daña más que consume, nos cargaremos la principal industria del país.

 

OTR Press

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