Más piquetes que huelguistas

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Publicado 09/11/2017 8:00:34CET

MADRID, 9 Nov. (OTR/PRESS) -

La jornada de huelga general convocada ayer en Cataluña, para protestar por el encarcelamiento de los dirigentes independentistas, tuvo escaso seguimiento en las grandes ciudades. Barcelona amaneció como un día cualquiera y, de no ser por la presencia de piquetes boicoteando el transporte público y cortando carreteras, la afluencia a los puestos de trabajo habría sido normal.

Lo curioso de esta segunda huelga de los independentistas es la contundencia de las acciones de los piquetes quienes, cortando todos los accesos, sentándose en las vías de los trenes de cercanías, no parecían demostrar mucha fe en su capacidad de convocatoria. Y no contaban tampoco con el enfado que en las redes sociales mostraron cientos de ciudadanos atrapados en atascos kilométricos. Cabe pues preguntarse si las organizaciones Omnium y ANC, principales suministradoras de los piquetes, empiezan a detectar un cierto cansancio en la sociedad catalana ante la ocupación permanente de la calle.

Si a este cansancio se suma la fuga de empresas, el parón preocupante de la inversión en Cataluña, el aumento del paro que, según los últimos datos de octubre, duplica la media nacional, es comprensible el hartazgo de una sociedad fracturada, incluso en las relaciones familiares y de amistad, que vio con decepción como la prometida República se declaraba para suspenderla minutos después y que al segundo intento no respaldó nadie e incluso sus promotores se dieron a la fuga.

En un intento por mantener prietas las filas y alto el ánimo se organizó el viaje de los alcaldes con sus varas de mando, por descontado, a Bruselas. La capital europea, que vive entre el estupor y la indiferencia la secuencia de circenses apariciones del prófugo Puigdemont, fue testigo de la manifestación ante las sedes de la UE del grupo de alcaldes que con los bastones en alto, como no, denunciaron la falta de respuesta ante el "Estado opresor".

Pero, quien llevó más lejos su indignación por esa desatención de las instituciones europeas fue el propio Puigdemont, acusando al presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, y al máximo responsable del Parlamento, Antonio Tajani, de apoyar el "golpe de Estado de Rajoy" y no reaccionar "contra los abusos de una democracia fallida".

No parece la mejor estrategia denigrar a los líderes europeos para lograr repercusión en la prensa internacional, objetivo final de sus múltiples comparecencias. La fría, seria y funcionarial, capital belga comienza a mostrar signos de hartazgo por la conflictiva presencia de unos políticos que no fueron invitados.

La sensación de cansancio ante la desmesura pánica de los secesionistas está impregnando a la sociedad internacional en la misma medida en que cala, como lluvia fina, en Cataluña. Cuidado con pasarse de movilizaciones a las puertas de una campaña electoral porque corren el riesgo de desmotivar a los propios.

OTR Press

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