Noches al raso

 

Noches al raso

Actualizado 04/12/2008 1:00:17 CET

MADRID, 4 Dic. (OTR/PRESS) -

La ola de frió ha pillado por sorpresa a los servicios sociales de las grandes ciudades. Una avalancha de "sin techo" busca asilo para guarecerse del frió y del relente de la noche. Nunca se había dado cita tanta gente necesitada de cobijo. Son tantos que, en Madrid, han tenido que dormir en un pabellón sin camas.

Son rumanos, marroquíes, gente joven, los mismos que rebuscan en los cubos de basura, tratando de rescatar deshechos de los supermercados cercanos. Los trabajadores sociales se reconocen desbordados y achacan el caos no solo a la ola de frío, también al paro, a la crisis económica.

Hace unos años los ayuntamientos tenían que habilitar, las noches de intenso frío, brigadas para recoger de los portales a los mendigos que se negaban a ir a los albergues, acostumbrados a pernoctar en la calle.

El perfil de los demandantes de cama de este invierno ha cambiado mucho, en su mayoría no son mendigos, son las víctimas del paro: varones de origen extranjero y que trabajaban en el sector de la construcción. Muchos de ellos, explotados y sin papeles, no tiene ni derecho al subsidio de desempleo por lo que su destino, al no poder pagarse una habitación, es la calle. No existen para las estadísticas del desempleo, ni para los servicios sociales; son el último eslabón de la exclusión social.

Los servicios municipales hablan de guerras sin cuartel por hacerse con el "refugio" de un cajero automático porque, solo en el centro de Madrid, se han llegado a contabilizar una noche de esta semana más de setecientas personas sin techo y con tres grados bajo cero.

Ese es el verdadero rostro tenebroso de la crisis, los verdaderos perdedores. Porque los datos reflejan que, de los tres millones de parados registrados hasta el mes de noviembre, cerca de un millón no cobra ningún tipo de prestación, ni subsidio, ni renta de inserción laboral ni nada de nada. Son además los que tienen más difícil reinserción en el mercado laboral. Con este negro futuro solo queda rogar que la climatología mejore y suban las temperaturas, porque no va a haber plazas suficientes, ni albergues capaces de acoger a tanto necesitado como el paro está arrojando a la calle.

Victoria Lafora.

OTR Press

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