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Victoria Lafora

Punto final

Publicado 30/10/2016 8:00:27CET

MADRID, 30 Oct. (OTR/PRESS) -

Pedro Sánchez se va para volver, da un paso atrás para coger impulso. Abandona el escaño y comienza a recorrer las agrupaciones socialistas para recabar apoyos cara al próximo congreso. Pese a las contenidas lágrimas y a su declaración de fidelidad a las siglas de las que fue secretario general no perdió ocasión de atizar a la Gestora y al actual Comité Federal.

Hoy, también, Mariano Rajoy será investido presidente y arrancará la legislatura. No ha hecho nada para merecerlo. Imagen sempiterna de si mismo, no ha movido un músculo para lograr los apoyos que necesitaba. Sencillamente, ha esperado a que sus adversarios políticos se auto consumieran; confiado en que la izquierda cainita de este país volvería a despedazarse, dejando el camino expedito a la derecha. Una vez más.

El jueves Rajoy no podía ocultar su enorme satisfacción. Incluso jugó a la socarronería y el regate corto con quien más le divierte de la cámara: Pablo Iglesias. Sus juegos florales desde la tribuna han sido ampliamente reproducidos y jaleados por la misma prensa que hasta ayer clamaba al cielo contra la posibilidad de una nueva cita electoral.

En lugar de dejar que Iglesias se descalificara con sus burdas acusaciones desde la tribuna, le otorgaron el papel no ya de líder de la oposición, sino de protagonista del debate. La torpeza y la prepotencia de Rafael Hernando, con la colaboración de la presidenta del Congreso, facilitó el numerito del abandono de sus escaños. Todos en fila y con el líder a la cabeza, como un redivivo "Flautista de Hamelin.

Eso, y las especiales circunstancias, en que se desarrolló el debate, dejaron muy apagada la intervención de Antonio Hernando, no sólo por su dificilísimo papel como portavoz del PSOE y defensor de una abstención que antes negaba, sino, fundamentalmente, por la imposibilidad de contestar al discurso con que Iglesias le fustigó. Un discurso en el que el líder de Podemos invirtió más tiempo y más dureza contra el partido socialista que contra el, supuestamente adversario, y candidato a la investidura. Nada nuevo tampoco.

El PSOE ha quedado tan dañado por las luchas intestinas y el cambio de postura en tiempo de descuento, que ya no sirven los viejos nombres. Pedro Sánchez tendrá muy difícil la vuelta porque ante las urnas es un perdedor. Pero tampoco su adversaria Susana Díaz va a tener sencillo el que militantes y votantes olviden su juego sucio. Además ninguno de los dos, ni Josep Borrell, ni Patxi López tienen predicamento para recomponer unas siglas al borde del abismo. Los socialistas necesitan con urgencia un nuevo liderazgo que convenza a la compungida militancia, no sólo de la idea de país que defienden, sino de la conveniencia y oportunidad para el propio partido y, sobre todo, para los españoles, de la decisión adoptada. Cosa en la que, hasta el día de hoy, no han sido especialmente afortunados. En fin, ha caído el telón de la España bloqueada y se levanta el telón de una España en la que todos los partidos políticos, y sobre todo sus líderes, van a tener que demostrar unas capacidades hasta ahora incógnitas.

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