Robar a manos llenas

Publicado 23/07/2017 8:00:31CET

MADRID, 22 Jul. (OTR/PRESS)

"No sé si soy tonta pero nunca te esperas esto*". Así describe la situación del saqueo en la Federación Española de Fútbol y la prisión de su jefe Ángel María Villar la directora de la selección nacional de fútbol María José Claramunt. Vivía en un hotel de cinco estrellas en la Plaza de la Independencia de Madrid y cobra doscientos cincuenta mil euros al año. Pero... "nunca te esperas esto".

Eso es la impunidad. Esa grata y placentera sensación de que no te van a pillar aunque robes a manos llenas, aunque exhibas un tren de vida inexplicable sin una sólida fortuna familiar que te respalde.

La indignación popular ante los escándalos de corrupción va ligada a las cifras de dinero público sustraído pero también a la tardanza en desvelar la felonía. Porque, lamentablemente, los casos que se suceden, uno tras otro, son de larga duración. Resulta muy difícil creer, sin necesidad de ser tonta como María José Claramunt, que Ignacio González llevase tanto tiempo acumulando propiedades inmobiliarias con el sueldo de un funcionario público o que la investigación sobre la adquisición de su súper ático de Marbella duerma en una sala de un juzgado local. Mucho antes de su detención, en todos los mentideros madrileños se sabía que los dos vicepresidentes de Esperanza Aguirre habían obtenido pingües beneficios de su paso por la política. Lo sabia todo el mundo menos Aguirre, la fiscalía y la Guardia Civil.

Lo mismo, exactamente lo mismo, ocurre ahora con la detención y los cargos que se le imputan a Villar. Flotaba en el aire la percepción de que los sobres volaban de Madrid a las federaciones autonómicas, que existía una red clientelar que permitió, en contra incluso de algunos gobiernos, que Villar hubiera conseguido convertir su cargo en vitalicio.

La sospecha de sobornos y compras de partidos persigue al fútbol, pero lo que se está sabiendo estos días supera todas las barrabasadas imaginables.

Si hace un año que se le habían pinchado los teléfonos, si su hijo, y quién sabe si sucesor en el cargo, también estaba siendo investigado ¿a qué viene tanta dilación en llevarlo ante el juez?

Ahora, como un vomito más, los datos del sumario relatarán lo que durante tantos años nadie quiso ver ni nadie atrevió a denunciar. Debía tener comprada a mucha gente que debe estar rompiendo papeles a todo correr. Después de la impunidad viene el susto y, a continuación, el poner el dinero robado a buen recaudo para que, una vez cumplida la condena, no haya que pasar miserias, que es muy ingrato.

La única forma de acabar con esta plaga que no pertenece al pasado, como dice el PP, es la venta en pública subasta de los bienes sustraídos y su inmediata devolución al Estado. Mientras puedan guardar los millones en Suiza y mantener por sociedades interpuestas cotos de caza y fincas de miles de hectáreas, como hizo Mario Conde, no hay escarmiento posible.

OTR Press

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