Algunas notas sobre Ética y el Medio Ambiental

 

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Algunas notas sobre Ética y el Medio Ambiental

José Manuel Gómez Gutiérrez
CEDIDA
Publicado 28/11/2016 10:55:58CET

Por José Manuel Gómez Gutiérrez, MADRID, 28 Nov. (OTR/PRESS) -

Ética: Parte de la filosofía que trata de la moral y las obligaciones del hombre. Es la ciencia de la ordenación de los actos humanos (racionales y libres) con arreglo a un criterio (ley moral) y con miras a un fin (el bien).

La ética es solo una y universal; como la justicia (Voltaire, entre otros)

La ética es a la moral lo que la justicia a la legislación (yo).

Es evidente que el único lugar del Universo habitado por seres vivos, según nuestra concepción, es el Planeta Tierra: un objeto único perdido y solo en el espacio, sin recambios ni repuestos. Conviene percibir esta realidad y ser conscientes de su trascendencia. Es absolutamente ineludible preservar nuestro habitáculo, porque no hay otro. Es realmente dramática la situación de la vida -tal cual la concebimos- restringida a un solo planeta, inconspicuo dentro de la inmensidad del Universo. Todo en él debe ser respetado: su existencia y sus cualidades.

A nivel intraespecífico el problema surge porque los derechos de unos se solapan con los de otros y cuando las interacciones dañan a una de las partes, o a las dos.

A nivel interespecífico cada especie debe dar prioridad a sus intereses y derechos para preservar su subsistencia; necesita dañar o eliminar a otras especies, comer y ser comido (Darwin). Lo correcto, pues, es establecer los límites hasta los cuales puede actuarse en función de los derechos de lo demás, practicando un antropocentrismo sabio que soslaye los efectos retroactivos negativos y elimine la crueldad (hacer daño sin obtener beneficio).

En cuanto a las relaciones con el medio inanimado (suelo, agua, atmósfera), un buen criterio es el de establecer los límites de las alteraciones en el momento mismo en el que el daño al medio natural perjudica a la propia especia, porque como todo está relacionado con todo, ese daño no es ni más ni menos que alterar nuestro espacio contenedor, afectando así a alguna de nuestras facetas de la calidad de vida, o quizá a la vida misma. Cuando el daño se hace por placer, que no por necesidad, estamos poniendo de manifiesto la más detestable de nuestras cualidades: la crueldad, además de la ignorancia y la insensibilidad.

En situaciones de extrema necesidad, las personas tienen derecho a destruir si fuera necesario para su supervivencia, y a robar, y a matar en defensa propia, si su vida corriera peligro. Es atroz, porque toda consideración ética resulta espuria, en tanto haya seres humanos al borde de la subsistencia.

La moda de sobrevalorar y practicar una denominada "Ecología profunda" comienza a estimular una actitud disparatada. Es una oscilación pendular. La Naturaleza es hostil; necesitamos acondicionarla; situar al medio inanimado o a otras especies sobre los intereses de la propia, es un disparate; prosperará semejante disparate si aceptamos las actuales propuestas de quienes ignoran la necesidad de un antropocentrismo sabio y el funcionamiento de la Biosfera. En los extremos no está la virtud (Popper). Solo el conocimiento permitirá o propiciará la toma de prudentes actitudes correctas, racionales, equilibradas.

Partiendo de la base de que la vida es el bien supremo, y de que todo en la naturaleza tiene valores intrínsecos, no es correcto destruir o dañar gratuitamente, afectando a "la integridad, la estabilidad y la belleza de la comunidad biótica"(A. Leopold).

Sobre ciertos axiomas pueden reconocerse los principios éticos inmutables y universales, fundamentados en la razón (Kant); no desde ciertas normas morales, producto mental ficticio que poco o nada tienen que ver con la racionalidad natural.

La autonomía de la conciencia moral es deseable y necesaria, pero de una conciencia moral que reconozca y acepte los valores de todos los componentes de la Biosfera. Cada elemento de ese sistema tiene unas funciones y, por lo tanto, unos valores, cuya cuantía debe ser proporcional a sus efectos sobre la calidad de vida, pero bajo ningún concepto ignorados o infravalorados.

La libertad, cuya esencia ha sido puesta en duda por muchos intelectuales, está acotada por principios éticos cuando se llega a los límites marcados por los derechos de lo demás o la preservación de los propios.

Los principios éticos, pues, han de estar bien asentadas sobre realidades universales inmutables, independientes de la evolución temporal de la cultura, pero muy alerta ante los avances de la ciencia que puedan demandar nuevas consideraciones sobre lo correcto de nuestros actos (Popper).

Un puntal básico lo conformarían los imperativos de la Naturaleza. El ser humano está inexorablemente controlado por las leyes que rigen la supervivencia en la Biosfera; cuando logra liberarse de alguna de ellas solo lo hace temporalmente y bajo condiciones precarias. Podremos sobrevivir en Marte, pero solo si somos capaces de reproducir las condiciones para las que estamos diseñados, aunque sea en una pequeña cápsula. Si las alteramos más allá de unos límites (contaminación, cambio climático, etc.) podemos condenarnos a vivir en condiciones artificiales, controladas por burdos mecanismos de homeostasis diseñados por el hombre -2,5 millones de años de existencia- frente a los sutiles medios con los que cuenta la Biosfera tras 3.500 millones de años de ajustes y reajustes evolutivos. Sería una forma de vida muy precaria que pondría a la especie en serio peligro de extinción.

En ello andamos.

José Manuel Gómez Gutiérrez es Doctor en ciencias Químicas, Premio Nacional de Doctorado. Ayudante, Colaborador e Investigador Científico del C.S.I.C. Primer Catedrático de Ecología de la Universidad de Salamanca.

OTR Press

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