Ficciones mentales vs. realidades naturales. I

 

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Ficciones mentales vs. realidades naturales. I

José Manuel Gómez Gutiérrez
CEDIDA
Publicado 21/11/2016 16:49:33CET

Por José Manuel Gómez Gutiérrez, MADRID, 21 Nov. (OTR/PRESS) -

I. La peligrosa pérdida del sentido de la realidad.

(Ya reconocido como conocimiento intelectivo y sensitivo por Heráclito y Parménides). Se está perdiendo el sentido de la realidad; se desconoce o ignora la relación del ser humano con los componente animados e inanimados de su medio natural, es decir su ecología. "La pérdida del sentido de la realidad es una gravísima enfermedad de la cultura occidental". (Dalmacio Negro. La Razón, Martes 24-XII- 2002.)

La ambigüedad en el manejo y descripciones de lo real y lo ficticio está propiciando y canalizando una seria pérdida del sentido de la realidad y, con ello, de la verdad. Cierto uso de la posibilidad de manipular la realidad con figuraciones ficticias puede desembocar en accidentes, por ejemplo cuando un niño es atacado en el campo por un animal peligroso, confiado porque se le había mostrado como inofensivo, y hasta amistoso en dibujos y muñecos. Mucho más peligrosa y trascendente sería la sacralización de nuestras ficciones mentales. Cultivar e incluso vivir en el mundo espiritual nos hace superiores, pero ignorar y desconocer la realidad material puede ser catastrófico. Porque ciertamente existen dos mundos, el espiritual y el material.

No es necesario tratar el tema basándolo sobre razones más o menos esotéricas, ni profundizar en el mundo de la metafísica, la ontología, el empirismo, las ideas, la realidad, etc. No se trata de reincidir una vez más en los conceptos filosóficos mil veces abordados por infinidad de autores con sobrada erudición que, por otra parte no suelen salir del mismo laberinto citando a fulano, a mengano y a perengano. Lo que intento es dejar constancia de que en el mundo especulativo, sobre todo el relacionado con el medio natural se cae frecuentemente en profundos errores, aceptando supuestos de racionalidad escasa o nula: fantasías, frente a realidades axiomáticas, tangibles sin necesidad de recurrir a métodos experimentales. Imaginación vs. razón: podemos imaginar un puente formidable para facilitar la conexión vial de dos ciudades o una presa en el río, pero si se ignoran la leyes de la Naturaleza, pueden desencadenarse catástrofes irreparables. La mente humana es capaz de crear ficciones, ignorar la realidad racional del mundo natural y poner en peligro su existencia, o al menos su calidad de vida.

Las ficciones mentales, ideologías -políticas, sociales, religiosas- todos los productos de nuestra imaginación, frecuentemente alejadas de la realidad, no deben ser impuestas ni aceptadas bajo ningún tipo de coacción; deben ser planteadas como hipótesis, sometidas a la investigación seria pertinente y, como consecuencia de los resultados, aceptadas o rechazadas.

Podemos percibir sin demasiado esfuerzo lo que ocurre con mil falacias impuestas bajo el imperativo de "tener fe". Bajo ningún concepto es aceptable, porque no es honrado, enrocarse en la propuesta de que hay cosas que no pueden ser comprendidas por la razón, por lo tanto hay que aceptarlas y punto; cuestión de fe. Efectivamente, hay un sin fin de virtualidades imposibles que, lógicamente son rechazadas por la razón y por la ciencia, pero no faltará algún visionario que las imponga, casi siempre amparado por la ignorancia del receptor o por la coacción: dogmas u otros sucedáneos más sutiles.

Es necesario definir lo que se interpreta como realidad y acotar las diferencias y peligrosas consecuencias del mundo ficticio concebido en nuestra poderosa imaginación; mundo ficticio configurado con mil fantasías y convenios complacientes, metafísicas y especulaciones contaminadas.

El problema primero, por ello, es conocer la realidad material y diferenciarla de la ficción, en nuestra mente y en sus efectos sobre nuestros actos. Para ello es imprescindible un alto grado de honradez, seriedad y humildad.

Porque las cosas, aunque cada uno en cada momento las perciba e interprete diferentes, son como son -realismo- pero nos parecen como las percibimos -positivismo-. El conocimiento responde a la percepción; luego la realidad que podemos expresar es la que percibimos; conclusión: como en el caso de la luz -corpuscular y ondulatoria- que es, al fin y al cabo lo que propuso d'Espagnat.

Conviene tener muy en cuenta, y no confundir -dentro de la actividad mental- el mundo de ficción con el mundo real y el científico. De la misma forma que conviene reconocer las bases de la religión como una parte importante de ese mundo de ficción.

La actividad mental de la especie humana la ha hecho superior al resto de las especies; su actividad y desarrollo forma parte de nuestra esencia y debe priorizarse. Pero eso no tiene ni debe ser motivo del olvido y marginación de la realidad material, natural, que posibilita nuestra existencia.

Hubo un tiempo para cada civilización en el cual el hombre comenzó a distanciarse de la realidad hasta llegar a ignorarla, sobre todo la material; distanciamiento que actualmente alcanza máximos. Pero su imprescindible actividad intelectual propició el conocimiento y el desarrollo. Los sabios clásicos, ¡tan fecundos! frecuentemente alternaban la actividad agraria con la intelectual. No soy muy partidario de la vida contemplativa, pero sí cuando es compartida con la actividad laboral real: "Ora et labora"; ¡sabia norma con perfiles futuristas!. Lo dicho: dos mundos, pero equilibradamente complementarios, no contrapuestos: Ficción vs. realidad.

José Manuel Gómez Gutiérrez es Doctor en ciencias Químicas, Premio Nacional de Doctorado. Ayudante, Colaborador e Investigador Científico del C.S.I.C. Primer Catedrático de Ecología de la Universidad de Salamanca.

OTR Press

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