La agricultura de conservación puede evitar la erosión por lluvias torrenciales que el cambio climático agudizará

Técnica de agricultura de conservación
AEAC.SV
Publicado 18/05/2017 14:32:59CET

   MADRID, 18 May. (EUROPA PRESS) -

   La agricultura de conservación podría evitar el 90 por ciento de la erosión que provocan las lluvias torrenciales, un fenómeno que se agudizará --según las proyecciones-- a consecuencia del cambio climático y además puede lograr la compensación del cien por cien de las emisiones de CO2 de la agricultura en España, según el estudio 'Beneficios de la Agricultura de Conservación en un entorno de cambio climático'.

   Además, el estudio realizado por la Asociación Española de Agricultura de Conservación Suelos Vivos (AEAC.SV) refleja también que las regiones agrícolas mediterráneas experimentarán un aumento de erosión y pérdida de calidad de suelo y quedarán expuestas a fenómenos de lluvia torrencial con mayor asiduidad. En la actualidad, el 16 por ciento de la superficie europea tiene erosión hídrica y, de esta, casi el 20 por ciento sufre pérdidas de suelo que exceden las 10 toneladas por hectárea y año.

   La asociación ha analizado en su informe el impacto positivo que este modo de agricultura que consiste en evitar el laboreo del suelo y en la preservación de una cubierta vegetal sobre la superficie del suelo, tiene para el medio ambiente y la agricultura en un entorno de cambio climático.

   En la presentación del estudio, que se ha celebrado en el Museo Thyssen Bornemisza, han participado el secretario general de Agricultura y Alimentación, Carlos Cabanas, el director general de Producciones y Mercados Agrarios, Fernando Miranda, y el presidente y vicepresidente de la AEAC.SV. Jesús Gil Ribes y Rafael Espejo, respectivamente.

   La asociación subraya que generalizar esta técnica agrícola que se basa en siembra directa, mantener el suelo con una cubierta protectora de forma permanente y la rotación y diversificación de cultivos puede llegar a compensar el 112 por ciento de las emisiones de CO2 en la agricultura española. En la actualidad, el 9 por ciento de todos los gases de efecto invernadero que se emiten en la UE proceden de la agricultura.

   El trabajo expone también que las regiones agrícolas mediterráneas se verán especialmente impactadas por el incremento de temperaturas y la disminución de lluvias, las cuales, se producirán cada vez más de forma torrencial. Esto supone un riesgo para la superficie de suelo apta para cultivo, debido a las consecuencias que estos fenómenos conllevan en el incremento de la erosión y en la pérdida de calidad del suelo. En concreto, la variabilidad climática afecta entre un 32 por ciento y un 39 por ciento a la variabilidad en el rendimiento agrícola.

   El presidente de la AEAC.SV, Jesús Gil, ha defendido que estos sistemas basados en reducir el laboreo han permitido a un mayor secuestro del carbono en el suelo y aboga en que esta técnica es necesaria porque mejora su estructura, la fertilidad y la capacidad de almacenamiento del agua en el suelo y evita la degradación del mismo y supone también un mecanismo para mitigar el cambio climático.

   En España, en términos de CO2, la cantidad fijada por la superficie manejada mediante técnicas de agricultura de conservación es de más de 9 millones de toneladas de CO2 al año, con un potencial de fijación cercano a los 53 millones de toneladas de CO2.

   El estudio compara la agricultura de conservación con el laboreo convencional y señala que la primera permite una mayor eficiencia energética, ya que puede llegar a un ahorro energético del 20 por ciento y puede alcanzar hasta el 50 por ciento según la región y el cultivo considerado.

   Asimismo, el estudio expone también los beneficios económicos de la agricultura de conservación ya que aumenta la competitividad de las explotaciones al reducir los costes y mejorar la rentabilidad de los cultivos.

   Finalmente, insiste en que esta supone un paso más para alcanzar los compromisos de acuerdos internacionales, como el COP21 de París 2015 y la Estrategia 4 por 1.000, que la reconocen como clave para frenar el cambio climático.

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