Las currucas capirotadas más peleonas no migran para defender sus territorios, según la UCM

 

Las currucas capirotadas más peleonas no migran para defender sus territorios, según la UCM

Curruca capirotada hembra en el río Serpis
MICHAELANGELO MORGANTI/UCM
Publicado 02/03/2017 11:58:07CET

   MADRID, 2 Mar. (EUROPA PRESS) -

   Las currucas capirotadas más peleonas no migran y se quedan para defender sus territorios y sus fuentes de alimentación, según un estudio dirigido por la Universidad Complutense de Madrid, que se ha centrado en la población de la especie en los sotos del río Serpis (Alicante).

   El estudio demuestra sobre el terreno que dentro de una misma especie de aves, las que no migran son más dominantes que las que sí lo hacen. Así, explica que las residentes sacan su vena más agresiva frente a las migradoras para defender sus territorios y sus fuentes de alimentación.

   Se trata de una de las especies más abundantes de Europa. De hecho, la curruca capirotada (Sylvia atricapilla), es la preferida por los ornitólogos para estudiar el comportamiento migratorio de estos animales voladores.

   El trabajo destaca su peculiaridad de que pueden convivir en una misma zona geográfica, ejemplares que migran y otros que no, denominados residentes.

   El investigador del departamento de Zoología y Antropología Física de la UCM y autor principal del estudio Michelangelo Morganti, ha señalado que las currucas residentes "ganaban los enfrentamientos donde competían con las migradoras". "A pesar de ser más pequeñas parecen ser más 'peleonas', es decir, mostraron un comportamiento más agresivo", ha añadido.

   Según los científicos, esta actitud podría explicarse porque tratan de defender su territorio de nidificación a lo largo de todo el año. Además, gracias a su 'valentía' consiguen acceder antes a las fuentes de comida en invierno.

   En el artículo, publicado en 'Animal Behaviour', los investigadores diferencian entre dos tipos de currucas migradoras. El grupo minoritario lo forman las aves que se reproducen en primavera en el valle del Serpis y que en invierno se marchan a otras áreas buscando condiciones más favorables.

   El conjunto más numeroso lo engrosan currucas que pasan el invierno en la zona alicantina y migran en primavera hacia sus zonas de cría en el centro y el norte de Europa.

   En concreto, las aves residentes se mueven poco de su área de reproducción y en invierno tienden a explotar recursos alimenticios más variados que las migradoras, posiblemente, porque conocen mejor el territorio.

   Para realizar el seguimiento de las aves, los científicos han usado la radiometría, que se basa en colocarles en la espalda radioemisores de miniatura de unos 0,4 gramos y del tamaño de una lenteja. Estos dispositivos emiten una señal acústica constante.

   Morganti ha agregado que para localizar a las aves, el invetigador lleva un receptor conectado a una antena y unos auriculares y así, se puede localizar sus posiciones moviéndose por la zona pero sin molestarlas.

   En el estudio han participado también investigadores de la Universidad de Pavia y del Museo de las Ciencias de Trento, ambas de Italia, y es el primero en demostrar sobre el terreno el poder dominante de las aves residentes sobre las migradoras.

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