El declive de los urogallos no se debe a una falta de intercambio genético, según investigadores de la U. de Oviedo

 

El declive de los urogallos no se debe a una falta de intercambio genético, según investigadores de la U. de Oviedo

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Urogallo cantábrico
CARLOS GRANDA/ UNIVERSIDAD DE OVIEDO
Publicado 28/06/2017 12:48:27CET

   MADRID, 28 Jun. (EUROPA PRESS) -

   El centenar de individuos de urogallo cantábrico que viven en el occidente de la cordillera cantábrica realiza un cruce efectivo, lo que garantiza la diversidad de la población, de modo que se descarta que el declive de la especie pueda deberse a una falta de intercambio genético, según concluye una investigación coordinada por la Universidad de Oviedo.

   El estudio señala que no hay evidencia de subdivisión genética en la población de urogallo del occidente de la cordillera Cantábrica, lo que demuestra que los distintos grupos de individuos se están cruzando entre sí, o lo han hecho hasta fechas recientes, a pesar de la fragmentación de los bosques.

   El investigador del departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad Mixta de Investigación en Biodiversidad (Universidad de Oviedo-CSIC-Principado de Asturias) Mario Quevedo admite que es "obvio" que se ha producido una pérdida de hábitat, aunque esto no es suficiente para explicar "por sí solo" el actual declive de la población.

   "No descartamos que pueda haber problemas genéticos, pero parece que en Asturias se mueven con cierta facilidad, y se cruzan entre sí", ha añadido.

   Así, señalan que el hábitat del urogallo cantábrico, un ave forestal está fragmentado por los usos históricos del territorio, pero también por modos de destrucción de hábitat más recientes y agresivos.

   La investigación, que se ha publicado en la revista 'European Journal of Wildlife Research', trataba de comprobar si la fragmentación de dicho hábitat montano se traduce en pérdida de conectividad entre sectores de la población de urogallos, y por tanto si la fragmentación podría ser una causa directa del declive de la población, al comprometerse el flujo genético.

   La investigación señala que el aislamiento supone pérdida de capacidad de respuesta a los cambios ambientales y, en general, mayor probabilidad de extinción.

   En concreto, la primera mitad del siglo XX se llegó al mínimo estimado de cobertura forestal. Aunque ahora haya más bosque que entonces, la hipótesis de la fragmentación del hábitat se barajaba porque sus efectos tardan décadas en notarse: ahora se podrían estar sufriendo las consecuencias de los niveles forestales más bajos alcanzados hace un siglo.

   El estudio se ha realizado a partir de ADN extraído de excrementos de urogallos, recogidos en cinco valles del occidente de la Cordillera Cantábrica, Alto Sil en León, Degaña, Hermo, Leitariegos y Muniellos en Asturias, que presentan zonas humanizadas entre ellas que podrían comprometer el tránsito efectivo de individuos.

   Se hicieron extracciones de ADN de los excrementos de un centenar de ejemplares y se determinó qué urogallo estuvo allí, si se movió de un lado a otro o quiénes fueron sus padres para determinar si hay evidencias de aislamiento de los urogallos en cada uno de los valles mencionados.

   En definitiva, el urogallo se enfrenta a un declive sin causas claras conocidas, lo que complica la gestión de la especie, pero los investigadores recuerdan la importancia de que estos animales puedan estar libres de molestias por parte del ser humano, ya que entorpecen el paso de los individuos de unos lugares a otros.

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