Alfonso Goizueta, el adolescente que ha reunido en un manual de Historia 68 años de diplomacia

 

Alfonso Goizueta, el adolescente que ha reunido en un manual de Historia 68 años de diplomacia

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Entrevista al escritor Alfonso Goizeta
EUROPA PRESS
Actualizado 06/05/2017 14:41:03 CET

MADRID, 6 May. (EDIZIONES) -

A sus 17 años, las inquietudes de Alfonso Goizueta Alfaro (Madrid, 1999) van más allá de sus estudios de Bachillerato y de la elección de la carrera universitaria que marcará su futuro profesional. Acaba de publicar 'Limitando el poder', un manual donde analiza la evolución histórica de la diplomacia europea entre 1871 y 1939 y destaca la importancia de este periodo como el que configuró la política exterior de hoy en día.

En 634 páginas, Goizueta expone la interconexión de eventos históricos clave para entender las relaciones internacionales del presente: las dos guerras mundiales, la Revolución Rusa, la Alemania de Von Bismarck... Este joven escritor pretende que 'Limitando el poder' sea el primer paso de su futura carrera como hombre de Estado.

PREGUNTA: ¿Cuál es la idea que le llevó a escribir esta obra?

RESPUESTA: La idea es contar lo que fue el proceso de cambio entre dos sistemas diplomáticos muy diferentes. Antes, eran los aristócratas y la nobleza los que gobernaban y habían dominado la Historia hasta prácticamente la Primera Guerra Mundial. Ese sistema diplomático ha cambiado hasta lo que tenemos hoy en día: políticos, gente que no puede actuar como quiera porque sabe que tiene a una opinión pública a la que contentar.

Empecé a escribir sobre un tema que a mí siempre me había interesado mucho, que era la Revolución Rusa y la caída del zarismo, pero esto no se podía entender sin la Primera Guerra Mundial, ni sus causas, ni Bismarck... El punto de referencia era 1917, pero para ahondar en el tema tienes que ir hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, así que a raíz de ir escribiendo sobre la Revolución Rusa empecé a escribir sobre cómo había sido la diplomacia en esos años y cómo se había desarrollado.

P: ¿Piensa, por tanto, que los 68 años que recoge en su libro son la base de todas las relaciones internacionales actuales?

R: Sí, porque yo creo que en estos 68 años se pasa a un nuevo modelo de Europa y de mundo. Se va forjando el germen de los países que aparecen hoy en día: la Europa actual está construida sobre esquemas de lo que fue la Europa de la posguerra de la Primera Guerra Mundial.

P: ¿Qué conclusión o moraleja debemos extraer de este episodio histórico?

R: A grandes rasgos, diría que la moraleja es que no se puede cambiar sistemas diplomáticos de forma abrupta y que estos tienen que estar basados en el equilibrio, no en alianzas que provoquen miedo o un militarismo intimidatorio.

P: ¿Piensa que es fuerte el sistema diplomático de hoy en día, especialmente con la reciente irrupción de Estados Unidos en tensiones con Rusia, China o Corea del Norte?

R: Creo que seguimos metidos en una Guerra Fría que tiene confrontado a un modelo diplomático norteamericano u occidental con uno oriental en el que están Rusia o China.

A partir de ahí, pienso que el modelo occidental, en el que están incluidos tanto Europa como Estados Unidos, está en franca decadencia por el auge del populismo, que es una raíz que se va metiendo por dentro de todo el sistema y lo va rompiendo desde dentro. La diversidad política y de pensamiento son una de las grandezas de Occidente, pero el populismo está arrasando con la serenidad y la coherencia en las relaciones internacionales, que son una cosa vital de este sistema diplomático. En cambio, lo que hace que el oriental esté unido es que son unas dictaduras terribles donde nadie se mueve.

P: A efectos prácticos, ¿qué similitudes y diferencias cree que existen entre los populismos y los regímenes dictatoriales?

R: Depende mucho de qué tipo de dictadura y de qué tipo de populismo. Por ejemplo, un populismo tipo Trump difiere de una dictadura en que llega al poder de una forma muy democrática y se mantiene en él utilizando las instituciones democráticas, pero lo que hace es barrer con el legado democrático.

El populismo se basa por definición en las 'pequeñas soluciones para grandes problemas', pero acaba haciendo que en el fondo no se tenga en cuenta toda la complejidad de lo que es una ecuación política o diplomática. No se acerca a la dictadura en su sentido peligroso, porque sigue habiendo una libertad de expresión y unos derechos fundamentales, pero sí a su volatilidad. En aspectos como la diplomacia, el populismo es una cosa muy inestable: lo vemos con Trump, que un día dice que Rusia es un amigo y otro que es un enemigo, que Siria sí, que Siria no...

Lo peligroso de las dictaduras es lo que hay por dentro. Por fuera también pueden llevar a cabo una política muy expansionista que sea alarmante, pero su verdadero peligro está en el interior, en que no respetan los Derechos Humanos.

P: El periodo diplomático que recoge 'Limitando el poder' terminó con dos guerras mundiales. ¿Teme que la situación actual pueda desencadenar una tercera?

R: Espero que no. Pienso que el factor nuclear, que no estaba presente ni en la Primera Guerra Mundial ni en la Segunda, en el fondo actúa como una barrera o línea roja que nadie quiere traspasar porque, evidentemente, todos sabemos las consecuencias.

La diplomacia que estamos viviendo hoy en día, o la falta de ella, que es lo que crea las guerras, en lugar de desembocar en una guerra general, pienso que va a generar conflictos más localizados que siguen mostrando los mismos problemas. La guerra de Siria, por ejemplo, la pones a finales del siglo XIX o principios del XX y posiblemente hubiera ocasionado una guerra mundial con tantos países e intereses metidos. La amenaza nuclear de hoy en día hace que la enemistad Rusia-Estados Unidos se mantenga focalizada en Siria, creando mucha destrucción pero en un punto concreto.

P: ¿Quién diría que es el Von Bismarck o el Lord Salisbury de hoy en día?

R: Yo creo que no lo hay. Salisbury y Bismarck tenían unas personalidades excepcionales, son unos verdaderos genios diplomáticos, como también lo era Cánovas del Castillo en España. En la Europa moderna, y esto lo he pensado muchas veces, no encuentro un referente a quien considerar el líder de un cambio de paradigma como el que se da en el libro. Pensaría en Merkel, pero para nada se les acerca.

P: En esta Europa moderna, el 'Brexit', la hipotética división en países del norte y del sur, el auge del euroescepticismo en varios países... ¿pueden generar dudas sobre el futuro de la Unión Europea?

R: Los británicos cometen un terrible error histórico con el 'Brexit' al decir que no quieren estar dentro de Europa. Históricamente, siempre han sido la fuerza moderadora de los excesos europeos desde el siglo XIV hasta el XX: cuando Europa se estaba desangrando en guerras, Inglaterra ha sido el elemento de ecuanimidad.

También me parece un terrible error el euroescepticismo y la división entre países del norte y del sur que está ahora en auge. La grandeza que tiene la Unión Europea es que es un bálsamo que impide que Europa, que ha sido el continente más belicoso de la Historia, se vuelva a enfrentar en guerras.

No nos damos cuenta del valor que tiene que la UE haya sido capaz de hermanar a naciones que han estado enfrentadas toda la vida, como Francia o Alemania: que ambas estén en un mismo bloque político y económico ni se concebía a principios del siglo XX.

Que ese sentimiento de hermandad se quiera destrozar me parece sinceramente una vuelta atrás; bastante complicado tenemos el mundo como para reabrir hostilidades en Europa derribando los puentes que nos unen.

P: La caída de la URSS fue entendida en su momento como el 'fin de la Historia', pero parece que por una razón o por otra, han vuelto a producirse acontecimientos que parece que tendrán eco en la convivencia internacional entre potencias. ¿Está 'de vuelta' la Historia?

R: La Unión Soviética cae como modelo político imperial, diría. Cae el Estado socialista, cae el Telón de Acero, cae la supresión de los 'estados satélite'... pero el mundo sigue completamente polarizado en un 'statu quo' de Guerra Fría entre Occidente y Oriente, y esa barrera sigue ahí.

Ya no habrá Unión Soviética y se llamará Federación Rusa, pero es exactamente lo mismo. La prueba está en los conflictos en Siria, en Ucrania, en Crimea y también en el Extremo Oriente a raíz de la Península de Corea, que vuelve a ser importante. Todos esos son conflictos que tienen mucho que ver con la Guerra Fría.

P: Tiene usted 17 años y ya ha publicado un libro sobre historia de la diplomacia internacional. ¿Cómo le surge esta vocación tan temprana?

R: A mí siempre me ha interesado mucho la Historia desde pequeño. La mitología griega fue el primer paso, y de ella pasé a la Historia. Siempre me he interesado mucho por la historia de los países, pero encuentro que la evolución de las relaciones internacionales es un paso más allá, un análisis de cómo han interactuado estos países a lo largo de su historia.

P: ¿Qué le decía su familia cuando empezaba a hablar del libro que iba a publicar?

R: Me decían que les parecía muy bien que yo escribiese, pero se quedaron muy sorprendidos cuando vieron el libro completo, y también muy orgullosos, claro que sí. Yo tengo familia escritora, porque mi abuelo es escritor, mi tío abuelo es escritor... así que uno más.

P: ¿Recibió algún tipo de apoyo académico en esta labor de investigación y contraste de información?

R: La verdad es que fue todo muy en solitario, porque yo lo llevaba como si fuese un hobby. En plena vorágine de escritura yo estaba con una pila de libros en la mesa y me daba cuenta de que tenía que estudiar para el colegio.

Empecé a escribir en marzo de 2015 y terminé en septiembre de 2016, así que me llevó un año y medio, más o menos. Había veces que me levantaba prontísimo, me pasaba el día escribiendo y hacía unas 15 páginas, pero había semanas en las que no podía producir mucho. Yo siempre he tratado de escribir una página al día, que es una cosa muy dura, pero los ritmos variaron mucho.

P: ¿Qué tal lo ha compaginado con sus estudios de Bachillerato?

R: Pues parece que bastante bien, porque mis notas están siendo buenas. Pero es lo que decía, cuando tienes un hobby tan cercano a los estudios que se puede casi confundir incluso con ellos, es muy difícil separarlos, y eso quizás es lo que más me costó.

P: ¿De qué va a hablar en su próximo libro?

R: Todavía no lo sé. Quiero escribir sobre la importancia de España en el sistema internacional a finales del siglo XIX y cómo se va forjando el liberalismo en España. Me interesa mucho la época de Cánovas del Castillo y de Maura, pero me rondan muchas ideas la cabeza y no tengo nada esclarecido.

P: Dice que le gustaría dedicar su futuro profesional a las relaciones internacionales. ¿Qué estudios universitarios quiere cursar?

R: Voy a estudiar Historia y Relaciones Internacionales en King's College, en Londres, y una vez termine la carrera, me encantaría ejercer la diplomacia dentro de un organismo internacional, tipo ONU u OTAN, y estar en el centro de las relaciones internacionales modernas.

Me interesa mucho más este ámbito que formar parte de un partido político. Al final, lo que más me atrae es sentirme un hombre de Estado, y no un político ideólogo. Ya seas de derechas o de izquierdas, el bien es el bien del Estado, y a eso es a lo que aspiro yo, a ser estadista.

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