¡Escúchame, por favor!: Tengo algo que decirte

Tribuna Abierta Europa Press
Una pareja hablando en una barca
Foto: ALESSIA PIERDOMENICO / REUTER
Actualizado: jueves, 14 diciembre 2017 11:50

MADRID, 26 Dic. (EUROPA PRESS) -

A ti que andas sumergido en el mundo de la información, tú que estás  inmerso en las redes de las telecomunicaciones, te puedes quedar sin conocer lo que quiere decirte el otro: el que convive y quiere compartir contigo lo que es, lo que vive, piensa y siente.

Ahora que casi todo el mundo escribe en el muro de las redes sociales su vida, puede surgir la tentación de dar todo por comunicado en un momento, sin que puedan ver tu cara ni oír el tono de tu voz, y perdiéndote la riqueza de la mirada y reacción del otro.

Pero recuerda que  las conversaciones exigen tus cinco sentidos, sobre todo saber mirar y escuchar, y que el tiempo se pacta entre interlocutores: es una decisión de dos, uno no puede bailar si el otro  no lo desea o no está preparado y dispuesto a bailar.

Decía Kierkegaard:"La felicidad es una puerta que se abre hacia fuera". La comunicación es una ventana que se abre hacia el otro, hacia el mundo increíble de sus emociones.

Al igual que al mirar a través de la ventana puedes ver un sol resplandeciente en verano y más tenue en otoño, y te  arriesgas en invierno a ver un día más nublado o triste; para comunicarnos bien  necesitamos estar dispuestos y abiertos a encontrarnos y recibir emociones "de todo tipo" del otro.

Abre la ventana y  contempla con agradecimiento y con apertura,  aquello que el otro te muestra. Intenta que tus ojos estén limpios y que tus propias experiencias no empañen el paisaje que se abre ante tus ojos.

Practica más a menudo el arte de verbalizar tus emociones, sé valiente, no te escondas. Está comprobado que cuando estamos tristes y lo comunicamos, se reduce el nivel de tensión y ansiedad.

¡Qué oportunidad poder compartir de forma profunda nuestro mundo interior! Las tristezas serán menos penas y las alegrías, dobles. Al aburrimiento le buscaremos solución, y al desconcierto equilibrio. Dadme una persona que me escuche y cambiaré mi vida.

La raíz de la comunicación viene de buscar un punto en común entre locutor e interlocutor. A veces el comunicarse con el otro puede ser similar a tener que construir un puente entre dos ciudades separadas por un río. El río es la rutina, la prisa, el ruido.

Para comunicarnos necesitamos hacer un ejercicio de elevarnos sobre estas dificultades. Es conveniente asegurarnos de que buscamos el mismo objetivo, disponerse al encuentro con el tú para que sea un nosotros.

Para elaborar un buen postre, tenemos que limpiar y ordenar la cocina y enseres que vamos a utilizar. Asegurarnos de tener todos los ingredientes, y dedicar el tiempo necesario para llegar al dulce resultado del postre.

Para comunicarnos bien, y que el resultado sea enriquecedor y satisfactorio, conviene ordenar las ideas que queremos compartir, eliminar obstáculos e interferencias como pueden ser los prejuicios o interpretaciones, buscar en lo posible un entorno amable y acogedor,  "no cocinamos en el dormitorio"  y fijar un tiempo y un espacio para esa comunicación.

usa en la comunicación la escucha sosegada e intenta incorporar los tres ingredientes fundamentales: orden, tiempo y paciencia.

Observa al otro con atención, no se trata de ser cansino o de hablar por todos los medios sin importarte tu receptor, -puede que no esté receptivo-.

Usa para una comunicación sana las tres palabras mágicas, por su resultado: por favor, perdón y gracias. Pide permiso para entrar en la vida y el tiempo del otro. El perdón, limpia y restablece el canal de comunicación, -se comienza de cero, libre de rencores-. Da gracias por el tiempo prestado y el diálogo realizado.

No pierdas la oportunidad de escuchar ¡A más escucha, mejor diálogo!

Busca la complicidad de los enamorados que se declaran la importancia de su amor con susurros. De lo contrario, te quedaras aislado en la isla de los naúfragos, un Robinson Crusoe en un mundo global.

¿Hace cuánto tiempo que no te escuchan? Empieza tú primero.

Dra. Inés García Martín
Psiquiatra