La Generalitat asume el estudio de los restos del "último soldado" de la Batalla del Ebro

Exhumación Del Cadáver Del Último Soldado Republicano De La Batalla Del Ebro
ASSOCIACIÓ LO RIU
Actualizado 29/09/2011 20:01:27 CET

BARCELONA, 29 Sep. (EUROPA PRESS) -

La Generalitat, a través de la subdirección general de Memoria y Paz de la dirección de Relaciones Institucionales, ha anunciado este jueves que asumirá el estudio de los restos óseos del "último soldado" republicano de la Batalla del Ebro, nombrado así por los investigadores del Instituto de Patrimonio del CSIC, del grupo de investigación Didpatri de la Universitat de Barcelona (UB), que lo hallaron la semana pasada.

En un comunicado, el Govern ha afirmado que asumirá el estudio antropológico del esqueleto y de los objetos desenterrados a su lado, correspondientes a un soldado caído y sepultado en una trinchera de la línea fortificada de Los Raïmats (Tarragona).

La Dirección General de Relaciones Internacionales, junto con el Parlament, ha tomado la decisión en cumplimiento de la normativa vigente en Cataluña sobre fosas comunes del periodo de la Guerra Civil, decisión que desvincula del Memorial Democrático.

El Govern asegura que su actuación en este asunto ha sido "impecable", y en total coordinación y consenso con la Conselleria de Cultura, mediante el Servicio de Arqueología y Paleontología y con el Consorcio de los Espacios de Memoria de la Batalla del Ebro (Comebe).

El hallazgo es fruto de los trabajos arqueológicos que se desarrollan en la línea fortificada de La Fatarella (Tarragona), cuyo objetivo es la preservación del patrimonio histórico que representan los búnkeres de hormigón y las trincheras de la zona, la última en poder de los republicanos tras una batalla que se prolongó entre julio y noviembre de 1938 y costó 15.000 vidas.

Los investigadores consideran que el soldado caído era probablemente consciente de su situación y combatió para asegurar el repliegue de los soldados en retirada ante el avance de las tropas franquistas.

El hombre, que calzaba un 44 y medía 1,80 metros de altura, murió por los efectos de la metralla --posiblemente una granada que le explotó a corta distancia--, y los arqueólogos han documentado que el impacto le partió el fémur derecho y le incrustó hasta nueve fragmentos en la caja torácica, además de posiblemente arrancarle la mano derecha.

El soldado cayó de espaldas encima de su zurrón, por lo que ha sido posible recuperar los utensilios con los que se afeitaba, una botella de cristal verde y el plato de aluminio con el que comía, junto con los restos de unas botas con suela de caucho y punteras de hierro.

Todavía tenía en su poder dos granadas de fabricación polaca y diversos paquetes de munición de su fusil, si bien los arqueólogos creen que alguien le despojó de su casco y de su arma tras morir y lo dejaron allí, enterrado en su propia trinchera y rodeado de numerosos casquillos de bala.

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