Mi hijo quiere dormir con nosotros, ¿qué hacemos?

 
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Mi hijo quiere dormir con nosotros, ¿qué hacemos?

Hijo
EUROPA PRESS
Actualizado 24/10/2016 13:39:51 CET

MADRID, 24 Oct. (María Martín, psicóloga) -

El pasado viernes, en una reunión de amigos, una de las mamás entusiasmada cuenta la nueva solución que ha encontrado para que su hijo de 1 año, Javier, les deje descansar. Acostarle en su cama y dormir con ellos.

Argumentaba: "con eso gano en tiempo de sueño, si llora no me tengo que levantar y aunque sigue despertándose por las noches, nosotros no nos desvelamos y podemos recuperar más rápido el sueño".

Desde ese punto de vista, es una solución bastante completa, pero, ¿es eficaz? ¿Es beneficioso para el desarrollo del niño? Si se analiza la situación en base a la calidad del sueño de los padres en ese momento, el resultado es claro, hay beneficio.

Sin embargo, hay que tener en cuenta otras posibles consecuencias a largo plazo: por ejemplo, el niño puede desarrollar problemas asociados a no dormir solo, los padres pueden presentar cambios en los hábitos de sueño y, algo muy importante para la pareja, la disminución o pérdida de su intimidad.

Durante la cena se creó el debate. La mayoría opinaba que no es adecuado dormir en la misma cama que sus hijos. El colecho implica que los niños duerman en la misma cama o en camas unidas con su madre, con su padre o con ambos.

Históricamente ha dependido siempre de tradiciones culturales. Sin embargo, hoy día, existen opiniones tanto a favor como en contra. Se han realizado numerosas investigaciones, aportando que el colecho ayuda a una creación de vínculo seguro, afectivo y de protección entre el niño y los padres, denominado apego seguro.

EN CONTRA de que los niños compartan cama con sus padres, diferentes autores que comparan a niños que duermen en colecho y otros que no, detectaron:

- Los niños duermen menos y tienen un sueño de menor calidad. Los niños que duermen acompañados pasan más tiempo en las etapas ligeras del sueño, por lo que se despiertan con mucha más facilidad.

- Tienen más pesadillas y terrores nocturnos. Duermen más inquietos generando la aparición más frecuente de estos problemas.

- Padecen con mayor frecuencia otros problemas relacionados con el sueño. Dichas alteraciones influyen negativamente en el desarrollo del niño y pueden provocar la aparición de ansiedad y nerviosismo, así como alteraciones cognitivas en la atención y la concentración.

Es necesario que el niño tenga un desarrollo sano y, para eso, su sueño debe durar lo suficiente, ser regular y reparador. Hablamos de una media de entre 7 y 12 horas dependiendo de la edad:

-De bebés recién nacidos (0 - 3 meses): suelen dormir entre 14 y 17 horas por día.

- De bebés (4 - 11 meses): de 12 a 15 horas por día.
- Niños pequeños de 1 a 2 años: entre 11 y 14 horas.
- En la etapa preescolar, de los 3 a los 5 años: entre 10 y 13 horas.
- Desde los 6 a los 13: entre 9 y 11 horas.
- Adolescentes de 14 y 17 años: entre 8 y 10 horas.

Médicos y especialistas recomiendan que el niño duerma solo y que los padres acudan tantas veces como sean necesarias.


¿QUÉ PODEMOS HACER SI NUESTROS HIJOS QUIEREN DORMIR CON NOSOTROS?

- Mantener unas condiciones de temperatura, silencio y luz tenue que favorezcan el inicio y mantenimiento del sueño.

- Tener una rutina antes de dormir. De esta forma el niño se acostumbra al momento previo de ir a dormir. Por ejemplo, después de cenar, que se lave los dientes y ya con el pijama puesto acompañarle a su cama.

- No realizar actividades que le activen ni puedan influir en el sueño como videojuegos o realizar juegos con mucha actividad. Mantener unos horarios concretos.

- Intentar desde bebé que se duerma solo. Si le enseñamos a estar en brazos, va a preferir que sea siempre así. Sucede lo mismo si duerme acompañado.

- Ante rabietas, es necesario atenderle y calmarle y que la solución no sea que vaya a la cama con los padres.

- Si el niño se levanta y va a la cama de los papás, es necesario acompañarle a su habitación y tratar de acostarle de nuevo.


Podemos facilitar la separación entre los papás y el bebé mediante un objeto transicional. Consiste en dar un objeto (peluche, mantita) al bebé que le aporte seguridad cuando esté separado de sus padres.

Así, si podemos favorecer que tenga el olor de la madre y que tenga un tacto suave y agradable, el bebé podrá descansar tranquilo sintiendo que sus padres están cerca. A partir de los 2 años de edad, este objeto pierde importancia en la vida del niño por lo que podrá retirarse progresivamente sino lo realiza de forma habitual.

En esta misma reunión, otros padres comentaban con acierto que el sueño varía en función de cada niño, la estación del año y todo el contexto que le rodea. Es normal que pasen por etapas en las que se despierten más veces, reclamen más en mitad de la noche e incluso se desvelen y duerman menos horas de las recomendadas.

Con un sueño de calidad, el comportamiento y el aprendizaje del niño mejora. Son más activos, aprenden más y entienden mejor. Es importante que si tienes dudas o percibes algún problema en el niño, consultes a un pediatra, médico o psicólogo de tu confianza.

"Tienes que soñar antes de que tus sueños se hagan realidad".

María Martín Vivar

www.doctorcarloschiclana.com

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