El Papa advierte a los religiosos de que no miren más "la pantalla del móvil" que los ojos del hermano

Publicado 02/02/2018 19:42:10CET

ROMA, 2 Feb. (EUROPA PRESS) -

El Papa ha instado a los religiosos a que no miren más "la pantalla del teléfono" que los ojos del hermano al tiempo que ha lamentado que "la vida frenética" cierra las puertas a la cultura del encuentro, durante la misa que ha presidido en ocasión de la XXII Jornada Mundial de la Vida Consagrada en la Basílica vaticana.

"No vaya a suceder que miremos más la pantalla del teléfono que los ojos del hermano, o que nos fijemos más en nuestros programas que en el Señor. Porque cuando se ponen en el centro los proyectos, las técnicas y las estructuras, la vida consagrada deja de atraer y ya no comunica; no florece porque olvida lo que tiene sepultado, es decir, las raíces", ha advertido.

En la eucaristía, que ha oficiado en la basílica de San Pedro y en la que han concelebrado obispos, sacerdotes y miembros de órdenes, congregaciones e institutos religiosos, el Papa ha reflexionado sobre las condiciones de la vida consagrada "que es de amor verdadero cuando se da sin peros ni excusas y cuando imita a Jesús pobre, casto y obediente".

En este sentido, ha señalado que la vida consagrada "nace y renace del encuentro con Jesús tal como es: pobre, casto y obediente" y, frente al mundo del consumo que trata de acumular, la vida de los religiosos "deja las riquezas, que son pasajeras, para abrazar a Aquel que permanece".

"La vida del mundo se empecina en hacer lo que quiere, la vida consagrada elige la obediencia humilde como la libertad más grande", ha sentenciado.

Del mismo modo, ha invitado a vivir el encuentro con Jesús, que ha definido como "el remedio para la parálisis de la normalidad". Así, ha reclamado a los presentes que mantengan "viva la llama de la vida espiritual" para escapar así "a una vida asfixiada, dominada por los lamentos, la amargura y las inevitables decepciones".

De nuevo, ha reivindicado el encuentro con Jesús "para superar la retórica estéril de los viejos tiempos pasados, para acabar con el 'aquí no hay nada bueno'". "Si Jesús y los hermanos se encuentran todos los días, el corazón no se polariza en el pasado o el futuro, sino que vive el hoy de Dios en paz con todos", ha concluido.