Tres millones de niñas sufren la mutilación genital femenina cada año, según UNICEF

Actualizado 06/02/2006 19:06:01 CET

MADRID, 6 Feb. (EUROPA PRESS) -

Alrededor de tres millones de niñas sufre mutilación genital cada año en el África subsahariana y Oriente Medio según datos publicados hoy por el Comité Español de Unicef, coincidiendo con la celebración del Día Mundial contra esta práctica frecuente en los países de estas zonas, a pesar de ser ilegal.

Unicef hace un llamamiento a la comunidad internacional ya que, en su opinión, con el apoyo mundial, "es posible poner fin a esta práctica en una sola generación", facilitando a estas comunidades de conocimientos que permitan tomar decisiones en este sentido para erradicar estas mutilaciones.

Esta organización internacional recuerda que la ablación genital femenina es una práctica tradicional de la que se cree que potencia la belleza, el honor, las posibilidades de matrimonio, el estatus social y la castidad de una chica. De esta manera, los propios padres padres fomentan la mutilación creyendo que así protegen el honor de la familia y los intereses de sus hijas.

Según datos de Unicef, en los 28 países del África Subsahariana y Oriente Medio en los que se practica la ablación, unas 130 millones de niñas y mujeres ya la han sufrido. Además, gracias a la mejora en los sistemas de recogida de datos, Unicef ha comprobado que tres millones de niñas padecen la mutilación genital todos los años.

Los expertos recuerdan que, en todas sus formas, la ablación o mutilación genital femenina causa grandes dolores y puede llevar a hemorragias prolongadas, infecciones, infertilidad e incluso la muerte. Sin embargo, debido a la naturaleza privada del problema, es imposible estimar el número total de muertes debidas a esta práctica.

PROGRAMAS DE ERRADICACIÓN EN 18 PAÍSES

En la actualidad, Unicef apoya distintos programas en 18 países y está iniciando actividades en otros cuatro más. Esta organización trabaja mediante un enfoque no coercitivo y no condenatorio, tratando de crear conciencia en la comunidad sobre el carácter lesivo de la práctica, propiciando declaraciones públicas en que los participantes se comprometan a abandonarla y fomentando la propagación de un mensaje de renuncia a esta costumbre en el seno de las comunidades.

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