Un nuevo reloj atómico reduce el error en el cálculo del tiempo

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   MOSCÚ,  (OTR/PRESS)

   Tenemos claro que el año son 365 días o 8760 horas o 525.600 minutos o 31.536.000 segundos. Sin embargo, el cálculo del tiempo no es del todo exacto y esto preocupa a los científicos, que buscan la perfección para mejorar, entre otras cosas, la medición de las distancias y la posición en la Tierra. Con este objetivo, la Agencia Espacial Europea (ESA) lanzará a la órbita el reloj atómico más preciso que se haya fabricado nunca el próximo 27 de abril, desde el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán).

   Más allá de darnos la posibilidad de ofrecer la hora a cualquier desconocido, un reloj tiene funciones muchísimo más complejas y determinantes en el mundo. Los relojes son el corazón de millones de aparatos electrónicos, como los GPS, que dependen de uno para indicarnos nuestra ubicación exacta en el mapa. Por ello, el principal cometido del ingenio de la ESA será precisar las distancias del servicio de navegación por satélite Galileo.

   El reloj está compuesto por átomos que van intercambiando diferentes estados de energía, lo que da una frecuencia sumamente exacta. Si un reloj de pulsera estándar tiene una imprecisión de un segundo al día, el nuevo aparato de la ESA la reduce a la milmillonésima parte de un segundo al día. Un gran avance teniendo en cuenta que un solo segundo de imprecisión puede producir un error de localización de unos 300.000 kilómetros, nada menos que la distancia que separa a la Tierra de la Luna.

   El reloj prototipo de la ESA irá dentro del Giove-B, un satélite experimental del programa Galileo, que se pondrá en órbita desde Kazajistán el 27 de abril. Si la misión es valorada como un éxito, se pondrá en marcha una combinación de cuatro relojes que estará operativa a finales de 2013, garantizando la mayor precisión cronométrica hasta el momento. "Todos los datos se han demostrado sobre el papel, pero ahora queremos verificarlos y validarlos en el terreno", explicó a la BBC, en declaraciones recogidas por Otr/press, el ingeniero de la ESA Pierre Waller.

 
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