Así se cultiva la hoja del tabaco habano
 
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Así se cultiva la hoja del tabaco habano

Publicado 02/03/2017 10:02:15CET

Una de las actividades estrellas del Festival del Habano, celebrado cada año en Cuba por estas fechas, es la visita a las plantaciones donde se puede conocer el maravilloso proceso de cultivo de la planta del tabaco habano. Aunque los indios tainos que habitaban la isla ya fumaban las hojas de la planta con fines medicinales, fue con la llegada de los españoles cuando empezó la producción a gran escala. Los vegueros, descendientes de canarios y andaluces, fueron los primeros en cultivar tabaco en minifundios como este llamados vegas. El clima y la características del terreno en Cuba, en concreto en la zona de Pinar del Río, hicieron el resto. Las plantaciones cubiertas se destinan a la capa del habano mientras que las de sol se dedican a la tripa. La planta del tabaco se siembra a partir de octubre y tarda unos 45 días hasta su recolección. Mientras tanto se le aplican tareas como el tape de palito para abrir un surco en la mata o el apoque, subida de terreno para darle sostén. Las hojas recolectadas cuidadosamente por el agricultor se transportan en perigüelas hasta la casa de curación natural. Allí las mujeres insertan las hojas a ambos lados del cuje para el proceso de secado. Pasados 60 días llega a Escogida donde las clasificadoras agrupan las hojas por tipo de tabaco: seco, ligero o volado. Las hojas pueden ser librepié que es la más próxima al terreno, centro, la más habitual para el consumo y corona, la hoja más grande. Una vez clasificadas se llevan al pilón para su asentamiento durante 21 días. En el área de escogida también se realiza el cabeceo, que consiste en engavillar las hojas con un arique y dejarlas preparadas para el siguiente paso: el Despalillo. Nada más llegar en estos casillones tiene lugar una primera fermentación donde la hoja se prepara. En el despalillado se le extrae la vena central. Después en estos pilones se realiza una segunda fermentación, de 45 a 90 días proceso donde la hoja adquiere las características esenciales para la fortaleza del tabaco. De ahí pasa a estas parrilleras donde se seca antes de ir a la prensa, punto final del proceso agrario del habano. Ahora todo queda en manos de los veteranos expertos de las fábricas de torcido, que serán los responsables de que estas hojas se transformen en el mejor habano del mundo.




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