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Vecinos de Badajoz, "desbordados" por un asentamiento rumano

Actualizado 02/11/2007 15:02:15 CET

MADRID, 2 Nov. (EUROPA PRESS) -

La Delegación del Gobierno en Extremadura, de común acuerdo con las autoridades locales del municipio pacense de Santa Marta de los Barros, instan a los más de 1.000 rumanos asentados en las proximidades del término municipal a que desalojen el campamento de forma voluntaria, para evitar de este modo un probable desahucio.

Los vecinos del pueblo, cuya población es de 4.000 habitantes, se muestran conformes con las medidas emprendidas para obligar a levantar el campamento, ya que según afirmaron se sienten "desbordados", dado el número de rumanos que se ha congregado en la localidad y expresaron el deseo de recuperar "una convivencia pacífica".

Así, la dueña de uno de los supermercados de la población, Isabel Moreno, en declaraciones a Europa Press Televisión, sostuvo que "hay muchos problemas en el pueblo" desde la creación del asentamiento, lo que, a su juicio, ha motivado "el deterioro de las relaciones" entre los residentes.

Entre los incidentes acontecidos en los últimos meses señaló la reiteración de "pequeños hurtos" y "el aumento de reyertas" en la localidad. Sin embargo, rompiendo una lanza en favor de los temporeros rumanos, añadió que "son muchos los que aprovechan tal situación, para hacer a espaldas de los rumanos".

El gerente de otra tienda de alimentación, Miguel, explicó que a su pesar, se ha visto obligado a "restringir a cuatro" el grupo de rumanos que pueden entrar al interior del local al mismo tiempo, ya que según subrayó "es el único modo de tenerlos controlados".

Para este comerciante, el problema de fondo se deriva de "las diferencias culturales" que existen entre los españoles y los nuevos pobladores, que actúan de un modo "incívico".

Otro de los vecinos de Santa Marta, José Antonio, que es conductor de ambulancias, aseguró que desde que se instaló el campamento "ha incrementado la inseguridad en la zona", ya que "se han producido numerosas y violentas trifulcas" en el asentamiento.

Por su parte, algunos de los rumanos resignados a la suerte que les depare el destino, expusieron que no consiguen un trabajo duradero "por falta de papeles". Otros, lamentaron que al finalizar la vendimia y también buena parte de la recogida de aceituna, permanecerán sin trabajo hasta que comience en un mes "la recolección de la aceituna negra".

Así, Zanecalin afirmó que cuando concluya definitivamente la temporada de la aceituna "se irán el pueblo" y muchos de ellos regresarán a su país.

En cuanto a los trabajos que ha desempeñado en los campos extremeños sostuvo "que está muy mal pagado", al tiempo que explicó que las ganancias obtenidas tras un día de trabajo duro ascienden a "25 euros".

La joven romaní, Drogon Moruta, lamentó su situación y la de sus compañeros y afirmó que en el campamento donde residen actualmente "se vive muy mal", ya que no disponen de agua, ni de leña, y por las noches pasan mucho frío.

El asentamiento que congrega a los rumanos,se alza en un olivar muy cercano al término municipal. Allí, entre tiendas de campañas y numerosas chabolas improvisadas con plásticos, cartones y otros restos, familias completas cocinan, duermen y esperan conseguir pronto un nuevo empleo y quizás un nuevo campamento.