Iago García, el malvado Ernesto de "Amar en tiempos revueltos"

Actualizado 13/02/2007 1:01:55 CET

"LA GENTE CUANDO ME LOCALIZA POR LA CALLE SE ACERCA PARA RECORDARME LO MALO QUE SOY", AFIRMA EL ACTOR

El malvado Ernesto de Amar en tiempos revueltos le ha permitido dar el salto a la pequeña pantalla. Iago García ha conseguido su sueño paso a paso, disfrutando de la incertidumbre y los momentos de pobreza que conlleva su profesión, pero la alegría que este joven de El Ferrol está experimentando al ver reconocido su trabajo es indescriptible. Iago fue un niño inseguro y tímido, pero las cosas han cambiado mucho desde entonces. Una larga estancia en Londres despejo sus dudas y le impulsó a tomar las riendas de su destino, regreso directo a Madrid para empezar su carrera en la RESAD. Con una voz que seduce sin apenas proponérselo este gallego ha forjado su carácter a base de mucho teatro alternativo, obras de sala y no mucho público que son en las que más se aprende, para comprobarlo sólo basta ver como defiende su personaje a diario.

-¿Qué opinión te merece Ernesto, tu personaje en la serie?

-Me encanta la ambigüedad que le caracteriza. Experimenta emociones muy distintas y juega siempre con el misterio, el espectador no puede prever lo que va a hacer. Darle coherencia a una personalidad tan distinta es un trabajo fantástico. Dentro de casa es un marido estupendo pero fuera se convierte en un tipo sin moral que no se frena ante nada.

-¿Te pareces en algo a él?

-Sí, los dos tenemos carácter y estamos dispuestos a luchar por nuestros sueños. La diferencia es que Ernesto lo hace sin contemplaciones, aunque en el último momento sufra por las consecuencias de sus actos, sus objetivos son tan poderosos que le arrastran siempre, yo no llego a tanto. No necesito tropezarme con nadie para conseguir lo que quiero.

-¿Qué te atrajo de Amar en tiempos revueltos ?

-Tengo experiencia teatral pero hacer una serie diaria en televisión era algo nuevo para mí y me apetecía conocer una nueva forma de trabajar, además el personaje de Ernesto es uno de los más interesantes.

-¿Has notado la repercusión de la serie?

-Sí, ahora la gente me localiza por la calle y se acerca para recordarme lo malo que soy. Suelen ser muy prudentes.

-¿Llegarías tan lejos como ha llegado Ernesto por amor?

-Jamás, el amor tiene que ser algo que surja de manera natural, no se deben forzar las cosas, en ningún sentido.

-¿Estás aprendiendo mucho de la posguerra?

-Siempre me ha gustado la historia. Quería ser actor a cualquier precio pero si no hubiese conseguido entrar en la Escuela hubiese estudiado historia. Prefiero la historia antigua y medieval pero la posguerra también me había atraído antes de empezar con esta serie. Me he acercado a las cosas más pequeñas, cosas cotidianas que no puedes leer en los libros como la forma de hablar o de vestir de aquellos años. Los pequeños detalles te dan una visión más clara, son los que conforman la realidad de las cosas y en cierta manera de las personas.

-¿Por qué ser actor a cualquier precio?

-Porque lo sentía así. Con dieciocho años me fui a Londres a buscarme la vida y fue allí donde empecé a reflexionar de una manera madura sobre mi futuro. Cuando supe con claridad lo que quería hacer fui a por ello.

-¿Qué te dijeron en casa?

-Ahora están muy orgullosos, contentos y más tranquilos pero cuando les dije que quería ser actor se llevaron un pequeño susto. Es una profesión muy irregular y demasiado arriesgada, un noventa por ciento de paro asusta a cualquiera pero era lo que quería hacer.

-¿No te has arrepentido nunca de aquella decisión?

-No, lo interesante es empezar desde muy abajo y avanzar poco a poco. Empecé haciendo figuración, doce horas en un escenario sintiendo la impotencia de no poder hacer prácticamente nada y soñar con tener un protagonista. Cuando consigues tu sueño paso a paso y entre medias disfrutas de mucha pobreza, la alegría que experimentas cuando se reconoce tu trabajo es indescriptible. Estoy muy contento.

-¿Qué es lo más difícil de ser actor?

-Hay muchas cosas difíciles, esta es una profesión maratoniana, de aguantar. Las cosas no llegan fácilmente, siempre digo que hay que tener mentalidad de preso para poder escarbar y escarbar pacientemente.

-¿Tienes algún defecto que puedas confesar?

-La testarudez, soy tauro y cuando se me mete algo en la cabeza...

-¿Y una virtud que lo compense?

-La sinceridad pero he de reconocer que a veces se convierte en un defecto.

-¿Qué aficiones tienes?

-Me gusta muchísimo la música, el Jazz es una de mis fijaciones. Cuando tengo tiempo hago deporte, artes marciales.

-¿Cantas?

-No, canto fatal y con mi cuarenta y cinco de pie bailar bailo terriblemente.

-¿Qué sueñas conseguir?

-No suelo fantasear, mantengo los pies en la tierra: sólo con que no me falte el trabajo.