Publicado 22/03/2021 08:00CET

La semana política que empieza.- La importancia de ser un soseras

MADRID, 22 Mar. (OTR/PRESS) -

La política española está, y ha estado, llena de políticos con menos gracia que un adoquín. A Zapatero le llamaron 'sosoman' porque tenía menos sentido del humor que una careta de Batman. Y, la verdad, tampoco es que Aznar y Rajoy fuesen muy salerosos, la verdad. Así que Ángel Gabilondo, el 'candidato sandwich' en las elecciones madrileñas apenas recoge una tradición cuando se define a sí mismo, haciendo fortuna en los titulares, como "soso, serio y formal". Ocurre que, al paso que promete ir la campaña electoral más feroz que se recuerda, puede que sea la última vez que el candidato del PSOE a la presidencia de la Comunidad de Madrid ocupe un titular destacado. Y eso reflejaría con claridad lo mal que van las cosas en esta política nuestra.

Gabilondo puede ser como la mortadela en un bocadillo: casi oculta entre dos rebanadas de pan crujiente. Puede que la mortadela, o el jamón, sea lo mollar, pero lo que vemos son los dos llamativos trozos de pan, el de arriba y el de abajo: gruesos como de sal gruesa. Y este domingo, numerosos periódicos gozaban anticipadamente lo que será el lance del siglo contraponiendo las figuras de dos coetáneos, Isabel Díaz Ayuso y Pablo Iglesias, que se conocieron en los sectarios debates de la Tuerka, supieron que habían nacido el mismo día del mismo mes del mismo año y se iban de cuando en cuando de cañas a dirimir entre risas sus supongo que muchas diferencias.

Ahora van a jugar, entre gritos e invectivas, el juego de tronos de los opuestos: él dirá que ella es la extrema derecha y ella, viceversa. Iglesias ya ha comenzado su campaña, que será sin duda atroz, diciendo que Ayuso "es probable que acabe en prisión". Hum... Esta vez va a ganar ella. Y puede que el 4 de mayo sea el principio del fin de la carrera del tipo más histriónico que ha conocido la política española desde Jesús Gil cuando se presentó a alcalde.

Y, en medio, quizá propiciando, sin proclamarlo, la caída del saltimbanqui, 'Sosoman', predicando, con los aires del mejor Tierno Galván --aunque el 'viejo profesor' tenía también su lado oscuro, no crean--, sosiego, izquierda moderada y levemente transformadora, diálogo y todas esas cosas tan poco de moda en la loca política española. Una política que, en plena pandemia, se lanza a presentar mociones de censura --que fracasan, como la Murcia o la de Castilla y León este lunes-- y a organizar elecciones que nada arreglan y mucho estropean; y véase, si no, el caso catalán, que no saben ni por dónde salir. Por cierto, y ahora que lo pienso: Salvador Illa y su ex efecto tienen también no poco de sosería extrema. ¿Alguien ha visto alguna vez reír al ex ministro de Sanidad? Bueno, pues ahora va a tener aún menos motivos para hacerlo, porque es probable que la presidenta del Parlament, que hay que reconocer que es salerosa pero sin gracia, no le deje ni concurrir como candidato a la investidura.

Conozco, claro, a todos los candidatos que protagonizarán la 'batalla de Madrid', que será una vez más la madre de todas las batallas, excepto a la candidata por Más Madrid, Mónica García, que me consta que ha causado una sensación excelente en los inestables cenáculos y mentideros madrileños: ella no aspira a ser presidenta del Gobierno central ni aspira a irse a vivir a La Moncloa. Ni siquiera a Galapagar. Creo que Gabilondo, la verdad, tampoco. Y Edmundo Bal, a quien le ha caído encima esta losa en pleno hundimiento de Ciudadanos por culpas más bien ajenas, menos aún.

Pues eso: que temo que Gabilondo no pierde ese aire de rector de Universidad ni cuando se quita la corbata --que no es siempre-- para lanzarse a un mítin al lado del mitinero por excelencia Pedro Sánchez, a quien Iván redondo debería, me parece, recomendar que no dé la impresión de tutelar demasiado al candidato de su partido. Creo que Gabilondo se las arregla solo: los otros, que se desgañiten y despellejen de mítin desierto en mítin desierto, para encanto, claro, de nosotros, los periodistas. No sé si el mensaje de Gabilondo --de los otros candidatos iré ocupándome en días sucesivos-- arrastrará muchos votos en esta España crispada, de la que Madrid es una mala representación, porque en este Wuhan a la española estamos todos más bien frenetizados que meramente crispados. Pero sí sé que, al menos, nos dirá, como el severo Felipe II a sus visitantes, asustados ante el hombre más poderoso de la tierra: "sosegaos". El soso, que no es el solitario de El Escorial, también os lo pide.