Paredes, Fuente de Nava, Becerril y Cisneros, cuatro pueblos para conocer los orígenes del Renacimiento

Publicado 04/08/2019 16:29:37CET
Iglesia de Santa Eulalia de Paredes de Nava, sede del Museo Parroquial.
Iglesia de Santa Eulalia de Paredes de Nava, sede del Museo Parroquial.AYUNTAMIENTO DE PAREDES DE NAVA

PALENCIA, 4 Ago. (EUROPA PRESS) -

Paredes de Nava, Fuentes de Nava, Becerril de Campos y Cisneros cuatro municipios terracampinos de Palencia que conservan vestigios de sus primero moradores y que ofrecen, a quienes los visitan, la posibilidad de conocer los orígenes del Renacimiento, admirar verdaderas joyas patrimoniales y disfrutar de un entorno natural dominado por el Canal de Castilla o los humedales de La Nava.

La ruta se puede iniciar por la puerta de Santa María, en Becerril, una villa prehistórica que estuvo amurallada y que se erige al lado del Canal de Castilla, una de las mayores obras de ingeniería hidráulica realizado en España entre mediados del siglo XVIII y principios del XIX para poder acercar el grano que se producía en Castilla al puerto de Santander.

Este pueblo mantiene la esencia de un pasado marcado por el hecho de que en la Edad Media fuese cabeza de behetría, lo que permitía a sus habitantes elegir a su señor, así como señorío de Doña Leonor, de cuya descendencia nació la casa de los Trastámara.

Una de las joyas de esta localidad es en la iglesia de Santa Eugenia, que se inició en el siglo XVI y tardó un siglo en erigirse, que cuenta con bóvedas renancentistas del XVII y que contiene un retablo churrigueresco al que se suman otros renacentistas y barrocos; mientras que en la torre Mudéjar de la iglesia de San Martín se ha convertido en un museo de arte sacro con obras de Berruguete, Juan de Flandes o Alejandro de Vahía, lo que hace que sea parada obligatoria.

Y el visitante no puede abandonar Becerril sin adentrarse, a través de una portada románica del siglo XII, en el centro de San Pedro Cultural, que se levanta sobre las ruinas de la iglesia de San Pedro y que se ha convertido en un espacio que aúna arquitectura, arte, cultura y astronomía.

En Fuentes de Nava se encuentra el humedal de la laguna de la Nava mientras que da la bienvenida al visitante la torre de la iglesia de San Pedro, conocida como la 'linterna de campos', que se levanta imponentes sobre las numerosas casas palaciegas que existen en esta localidad y donde se hacen fuertes las iglesias de San Pedro, que atesora obras de de Berruguete y Juan de Villoldo, y la de Santa María, que recibe a los fieles con una portada gótica y sorprende con un retablo mudéjar policromado.

ÓRGANOS IBÉRICOS.

Estas dos iglesias acogen entre sus paredes dos órganos ibéricos, realizadas por el maestro burgalés Tadeo Ortega, acabadas a finales del siglo XVIII y que han sido restaurados y que se suman a los otros 83 órganos ibéricos existentes por toda la provincia palentina.

En esta localidad terracampina, se cree que existió una sinagoga judía sobre la que se levantaría en la actualidad la antigua ermita de la Vera Cruz, conocida como 'Casa de la cruz'. Del pasado morisco y judío de este pueblo, se conservan como recuerdo el nombre de calles como La Media Luna, Alto Sevilla y Granadilla.

La siguiente parada lleva hasta Paredes de Nava, villa agrícola que tuvo una gran importancia política, económica y cultural, y es que esta villa tiene su origen una de las familias de artistas, pintores y escultores más reconocidas del Renacimiento español, los Berruguete.

Fue también hogar en la Edad Media de una importante comunidad judía aunque la mayor parte de ellos se convirtieron al cristianismo y su sinagoga se convirtió en la iglesia del Corpus Christi, hoy parroquia de Santa María.

De obligada visita es la iglesia parroquial de San Eulalia, así como el museo que alberga y que exhibe obras de los grandes imagineros castellanos como Nicolás Francés, Diego de Siloé, Alonso Berruguete, Juan de Colonia y Alejo de Vahía, así como la original torre de su campanario que aúna tres estilos arquitectónicos: románico, gótico y mudéjar.

Otras iglesias como la de Santa María o la de San Juan Bautista, así como las casonas palaciegas dan testimonio del carácter noble que alcanzó esta villa, de la que fueron señores los Lara, Castro, Haro, Ansúrez, los Caballeros de Calatraba y la gran saga de los Manrique.

El recorrido concluye en Cisneros, donse se mantiene la ermita del Santo Cristo del Amparo, rodeada de un original pórtico y donde destaca un artesonado mudéjar en su capilla mayor, y donde la tradición cuenta que se levantó la primera panera común que se fundó en España en el siglo XVI, es decir, un silo para almacenar una reserva de grano para hacer frente a las épocas de hambre.

Igualmente, se conservan las iglesias de los santos Facundo y Primitivo, cuya interior es todo un tesoro artístico, con un "soberbio" retablo mayor gótico; y la de San Pedro, del siglo XVI, y que hoy es un museo, y que está rodeada por un porticado que la abraza, bajo el cual se acogían los antiguos mercados que se celebraban en la villa, famosa por el comercio de grano y lana.

En este museo se pueden ver conjunto de imaginería castellana de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII y abundante orfebrería sacra además de un órgano barroco del XVIII y una sillería de madera de nogal en el coro de la iglesia.

Completa el patrimonio de la villa, ejemplos de viviendas tradicionales repartidas por sus barrios o "cuadrillas", construidas en el estilo tradicional de ladrillo macizo, conocido como "mudejarillo terracampino" así como un "trinquete" o frontón destinado al juego de pelota a mano edificado en 1910.