La importancia de leer nuestra piel: "No se trata de hacer más, sino de hacer lo adecuado", según una experta

La importancia de leer nuestra piel: "No se trata de hacer más, sino de hacer lo adecuado", según una experta
La importancia de leer nuestra piel: "No se trata de hacer más, sino de hacer lo adecuado", según una experta - PEXELS

   MADRID, 9 May. (CHANCE) -

¿Cuántos de nosotros esperamos a que la piel empeore para acudir a un profesional? La mayoría y es uno de los errores más comunes y costosos a nivel cutáneo. Lejos de ser una cuestión estética puntual, la salud de la piel requiere observación, acompañamiento y tratamiento continuado porque cuando los signos son ya evidentes, el abordaje siempre es más complejo y, en muchos casos, más lento.

Muchos de nosotros nos pensamos que la piel pasa de estar bien a estar mal de forma repentina, pero en cabina se sabe que esto no ocurre así: la piel lleva tiempo dando señales que muchas veces se normalizan o se ignoran y de eso nos habla la facialista y cosmetóloga Esther Moreno, de no saber leer a tiempo nuestra piel.

"Cuando una persona llega con una piel alterada, lo habitual es que ese desequilibrio lleve meses, incluso años, gestándose", explica la experta. "No aparece de un día para otro, lo que ocurre es que no se ha leído correctamente lo que la piel ya estaba mostrando"... pero, ¿cuáles son estos factores? "Deshidratación persistente, textura irregular, sensibilidad o falta de luminosidad", son algunos de los indicadores de que algo no está funcionando como debería según Moreno.

ESTHER MORENO: "NOS HEMOS ACOSTUMBRADOS A CONVIVIR CON DESEQUILIBRIOS CUTÁNEOS"

La normalización de ciertos signos es otro de los factores que retrasa la visita al profesional, como la tirantez después de la limpieza, rojeces frecuentes, granitos recurrentes o una piel apagada... son factores que asumimos como algo habitual y, no, no debe ser así. "Nos hemos acostumbrado a convivir con desequilibrios cutáneos pensando que forman parte de un tipo de piel en concreto y no es así", asegura la experta.

Cuando nuestra piel está equilibrada "no molesta, no reacciona constantemente y no presenta incomodidad", por eso, cuando esto ocurre debemos saber que "hay una alteración que debe evaluarse", afirma Moreno. Este es el punto clave: muchas pieles no están mal en un sentido clínico, pero sí están lejos de su estado óptimo. Ahí es precisamente donde el trabajo profesional marca la diferencia.

"Cuando trabajamos desde la prevención, la piel responde mejor, se mantiene estable y envejece de forma mucho más saludable", explica la facialista. "No se trata de hacer más, sino de hacer lo adecuado en el momento adecuado. Y eso solo se consigue con un diagnóstico profesional y un seguimiento", comenta. Además, acudir de forma regular a un especialista permite ajustar la rutina cosmética que tengamos según las necesidades reales de la piel, que no son estéticas y cambian con factores como el estrés, el clima o las alteraciones hormonales.

LA IMPORTANCIA DE SABER LEER NUESTRA PIEL

"En cabina no solo tratamos lo que se ve, sino lo que está pasando en profundidad", nos explica Esther... pero, ¿cómo conseguimos leer nuestra piel? "La piel se comunica constantemente: su textura, su respuesta, su nivel de sensibilidad o su capacidad de regeneración nos dan muchísima información. Sin ese análisis, cualquier tratamiento se queda en la superficie", asegura.

Un diagnóstico preciso evita la sobreexposición a activos innecesarios, minimiza el riesgo de sensibilización y optimiza los resultados, adaptando cada paso a la evolución real de la piel: "Muchas veces el problema no es lo que se está utilizando, sino cómo, cuándo y por qué", añade nuestra experta, que realiza este tipo de estudios desde Esther Moreno Studio, donde no solo se pueden corregir alteraciones visibles, también anticiparse a ellas.

"Es tan importante dejar de improvisar y empezar a trabajar con criterio profesional porque la piel necesita coherencia, continuidad y estrategia", comenta Esther. Por eso, entender la piel desde esta perspectiva cambia completamente la forma de cuidarla: "Ya no se trata de reaccionar a tiempo, sino de mantenerla en equilibrio, acompañarla en sus cambios y darle exactamente lo que necesita".