MADRID, 18 Abr. (CHANCE) -
La tarde del viernes en la Real Maestranza de Sevilla tuvo un protagonista claro dentro y fuera del ruedo: Andrés Roca Rey, que se jugaba una cita clave de la temporada en plena atención mediática por su incipiente romance con Tana Rivera. Desde primeras horas, los alrededores del hotel donde se alojaba el diestro se llenaron de aficionados pendientes de su salida hacia la plaza, conscientes de que no era una corrida más.
El peruano abandonó el establecimiento ya vestido de luces, acompañado por su cuadrilla y envuelto en aplausos y gritos de ánimo. "Una tarde muy especial aquí en Sevilla", comentó, serio pero ilusionado, antes de persignarse y subir a la furgoneta entre los vítores de quienes le pedían que "reventara la plaza", reflejo de la enorme expectación que genera en cada una de sus apariciones.

En el coso del Arenal se vivió un ambiente de gran tarde, con el cartel de "no hay billetes" y una mezcla de aficionados taurinos y seguidores de la crónica social pendientes del rendimiento de la gran figura del momento. No era solo una nueva actuación en Sevilla, sino la primera después de que se confirmara su relación con la hija de Fran Rivera, lo que añadía un punto extra de expectación a cada detalle que ocurría en el ruedo y en los tendidos.
Entre las gradas y el callejón se dejaron ver varios rostros conocidos. Cayetano Martínez de Irujo llegó con rapidez, sin detenerse ante las cámaras, para ocupar un lugar privilegiado a pie de barrera, desde donde siguió atento la faena mientras comentaba la jugada con una acompañante. También se dejó ver Enrique Cerezo, que aprovechó su desplazamiento a Sevilla para la final de la Copa del Rey para disfrutar, en la víspera, de lo que definió como "una buena corrida de toros antes de un buen partido de fútbol", uniendo en el mismo fin de semana dos de sus grandes pasiones.

Con el sol cayendo sobre el albero y los tendidos entregados, Roca Rey remató la cita cortando una oreja y confirmando por qué se le considera una de las figuras clave de su generación. La imagen del torero saliendo a hombros camino de la puerta grande, con la relación con Tana Rivera en pleno punto de ebullición informativa, cerró una tarde en la que la tauromaquia y el corazón se dieron la mano en el escenario más emblemático de Sevilla.