MADRID, 12 Mar. (CHANCE) -
La Plaza de España de Madrid se ha paralizado este jueves con un desfile excepcional organizado por OMODA Madrid es Moda en el que hemos visto las propuestas de 25 diseñadores de la talla de Devota & Lomba, Roberto Verino, Juana Martín, Duyos o Roberto Torretta entre otros. Con un cielo limpio que acentuaba el contraste de la arquitectura histórica urbanística y la pasarela que han formado los modelos, este desfile simboliza el pistoletazo de salida para la Semana de la Moda de Madrid.
La iniciativa OMODA Madrid es Moda centra su actividad entre el 12 y 17 de marzo, contando con 18 desfiles y eventos, además de ocho presentaciones expositivas. Este año, una de las grandes novedades es Moda HUB: un espacio de interacción que ofrecerá jornadas de puertas abiertas y charlas para acercar el proceso creativo al público general.
Un desfile marcado por tejidos ligeros y piezas estructuradas

El buen tiempo ha permitido que el público se acomodara alrededor del recorrido con tranquilidad, mientras una suave brisa fresca movía ligeramente los tejidos de gasa de las piezas estilísticas que hemos visto desfilar. El ambiente, elegante pero relajado, chocaba con el murmullo de los asistentes sorprendidos mientras se mezclaba con la música que marcaba el ritmo de cada salida.

Modelos enfundadas en piezas estructuradas pero a la vez con movimiento, dejaban entrever capas de tul que flotaban alrededor del cuerpo con cada paso. Este tejido transparente y etéreo se superponía en varias capas en algunas apuestas -creando un juego de volúmenes ligeros que captaban la luz del sol- mientras que otras llamaban la atención por la delicada caída que presentaban.
Presencia del blanco y negro junto con siluetas geométricas

A medida que el desfile avanzaba, los modelos defendían en su recorrido la presencia del blanco y el negro en sus estilismos, pero también hemos podido ver tonalidades nude en siluetas geométricas que equilibraban la ligereza del tul con una sensación de arquitectura textil.

Muchas de estas piezas combinaban ambas ideas: bases firmes sobre las que se desplegaban capas fluidas, creando una estética dramática y moderna que jugaba constantemente entre lo sólido y lo etéreo.
Trajes estructurados que aportaban armonía en cada movimiento

El color reforzaba esa dualidad. El blanco ha dominado los conjuntos más ligeros, resaltando la transparencia del tul bajo el sol, mientras que el negro aportaba profundidad y contraste en vestidos con caída y trajes más estructurados. Al final del desfile, la sucesión de colores generó una imagen poderosa y casi gráfica, como si toda la pasarela se hubiera convertido en un lienzo en movimiento frente al emblemático paisaje urbano de la plaza.