"HAY QUE TRATARLES COMO PARTE IMPORTANTE DE LA FAMILIA Y HACERLES PARTÍCIPES DE LAS DECISIONES QUE SE TOMAN EN ELLA"
Tiene treinta y dos años y sabe que salir en televisión la beneficiará profesionalmente pero lo que realmente le importa es trabajar por y para los demás. Ana Isabel Saz-Marín ha trabajado como psicóloga para los servicios sociales y a título privado en un despacho pero últimamente a lo que se dedica es a entrar en las casas de los telespectadores a través del programa de Cuatro S.O.S Adolescentes y enseñarles como se trata a un adolescente. La psicóloga de la tele tiene dos hijos pequeños a los que educar y aunque aconseja a otros padres cómo hacerlo, desde su papel de madre sabe lo complicada que resulta la tarea.
-¿Cómo has acabado trabajando en S.O.S Adolescentes ?
-Me interesaba mucho este proyecto porque se respetaba mucho el trabajo del psicólogo. Fue un proceso de selección muy largo, se hicieron muchas pruebas buscando alguien profesional que además de hablar bien no se cortase delante de una cámara.
-¿El hecho de salir en televisión te hizo pensarte dos veces si participar o no?
-Sí, tuve mis demonios personales al principio pero haciendo balance terminó ganando lo positivo, el poder trabajar con las familias y los chavales haciendo siempre un trabajo serio.
-¿Nunca has llegado a perder los nervios con un adolescente?
-No, tiendo a mirarlos de otro modo, no estoy tan implicada como los padres y eso me permite coger distancia a la hora de tratarlos. Entiendo sus respuestas de agresividad como una llamada que dice estoy creciendo, necesito mi espacio y quiero que me escuchen. Nunca he tenido la necesidad de pararles los pies.
-¿Eres tan seria como pareces?
-No, es cosa de la cámara. Se me da muy bien hablar con la gente directamente pero el objetivo de una cámara me resulta demasiado frío y me es imposible forzar la sonrisa ante él. Es una pequeña máscara para no tambalearme pero en realidad soy una persona muy abierta. Intento implicarme mucho en todo lo que hago y con el tiempo he aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas de cada día.
-¿Qué es lo más difícil a la hora de tratar a un adolescente?
-Que entiendan que no vienes a imponerles nada, ni a sermonearles o quitarles derechos. Estas ahí para ayudarles y abrir la dinámica general de la familia. Una vez que has roto su resistencia inicial y te ven como una persona que les escucha y les entiende no hay ningún problema.
-¿Quién tiene más culpa en los conflictos: padres o adolescentes?
-Ninguno de los dos, son generaciones diferentes que se encuentran y chocan. Los adolescentes tienen que decir de alguna manera que están creciendo, que tienen su propio punto de vista y necesitan su espacio. Los padres tienen que darse cuenta de que hay que tratarles como parte importante de la familia y hacerles partícipes de las decisiones que se toman en ella.
-¿Existen pautas generales a la hora de tratar a un adolescente?
-No, yo lo digo siempre, recetas mágicas desgraciadamente no existen. Lo que hay que hacer es poner los cimientos necesarios desde que son pequeños para que cuando lleguen a la adolescencia los problemas no sean tan graves. Hay pequeñas cosas que se pueden ir haciendo para que la adolescencia sea más llevadera: una buena comunicación, mucho afecto, normas claras y no inconstantes, no criticar ni sermonear...
-¿Te reconocen por la calle?
-Sí, estoy notando la repercusión de salir en televisión. Antes de embarcarme en esta historia sabía que el problema de la adolescencia había alcanzado una temperatura bastante alta pero ahora al ver la gente que me para por la calle y las preguntas que se reciben en el programa me están confirmando que hay mucha necesidad.
-¿Por qué optaste por la psicología?
-No fue vocacional, me gustaba mucho la medicina y quería ser neurocirujana pero afortunadamente me decidí por la que era mi segunda opción, la psicología. Las relaciones humanas siempre me han atraído y la carrera me fascinó desde el primer día.
-Conseguir ejercer como psicóloga clínica no es fácil...
-Lo cierto es que he sido muy afortuna. He tenido siempre mucha suerte trabajando en esta especialidad desde que salí de la carrera. Quizá porque me moví y busqué pero es cierto que todos lo hacemos y no todos lo conseguimos.
-¿Cómo educa un psicóloga a sus hijos?
-En casa del herrero cuchillo de palo. Cuando mis dos hijos lleguen a la adolescencia llamaré a todos esos padres a los que yo he aconsejado para que me ayuden. La ventaja de ser una madre psicóloga es que te das cuenta de los fallos que cometes y puedes rectificar. Profesionalmente siempre aconsejo hacerlo de otra manera pero personalmente desde mi papel de madre entiendo perfectamente que ser padres es complicadísimo.
-¿No da muchos sin sabores esta profesión?
-No, he estado mucho tiempo trabajando en temas tan duros como el abuso sexual o el maltrato y siempre ha sido enriquecedor ver como caminos tan truncados salen adelanten y retoman sus vidas. Esta es una profesión muy gratificante.
-Pero hay casos que no salen adelante...
-Cuando el que se sienta en tu despacho pidiendo ayuda quiere salir adelante siempre sale y retoma su camino. Los problemas vienen cuando aún no le ha llegado su momento y no está seguro de querer cambiar.
-Lo último ha sido el libro S.O.S Adolescentes pero no es lo único que has escrito...
-No, me gusta mucho escribir y hace tiempo tuve la suerte de dar con una editorial que se lanzó a publicar mis textos. Lo último ha sido S.O.S Adolescentes , un libro que recoge la problemática adolescente en todas sus esferas.
-¿Te quedas tranquila cuando abandonas las casas de estos adolescentes?
-No, nunca. Soy muy consciente de que pasar quince días en sus casas no es tiempo suficiente para cambiar costumbres tan arraigadas. No se le puede llamar terapia, se trata simplemente de un asesoramiento puntual para determinadas situaciones que se han ido de las manos. Mostramos otra manera de hacer las cosas pero es en el momento en que yo me voy cuando realmente empieza el trabajo. Siempre me ha faltado tiempo pero me gusta hacer un seguimiento de los casos fuera de las cámaras. Lo bueno de este programa es que me ha permitido estar veinticuatro horas al día en el entorno de los chavales en vez de verles una sola hora a la semana en un despacho. No te cuentan la problemática sino que la ves en estado puro, eso permite un diagnóstico mucho más claro y rápido, es más fácil cambiar la situación.
- ¿Qué le falta a la psicología para que la gente crea en ella como en una ciencia?
- La gente se va abriendo cada vez más y las falsas etiquetas están desapareciendo. Ya se sabe que ir al psicólogo no es tumbarse en un diván y que no hay que estar loco para necesitar el asesoramiento de otra persona. Lo que le falta a la psicología es abrirse en el ámbito público. A título privado está muy desarrollada pero no todo el mundo puede acceder a ella. Sólo falta que la medicina pública apoye su uso, la figura del psicólogo debería estar a la misma altura que la de un médico.
-¿Qué pasa cuando eres tú la que necesita ayuda?
-Me autotrabajo mucho. He aprendido a pararme de vez en cuando para analizar lo que esta pasando a mi alrededor. Hago autoevaluaciones a menudo, se trata sólo de frenarme y tomar contacto con la gente que tengo a mi alrededor, ver cómo se sienten ellos y cómo me siento yo, analizar qué estoy ofreciendo y que no, las emociones que siento y cómo las expreso. Hay mucho trabajo de autoobservación.