"HAY QUE SABER ESTAR EN LA CRESTA DE LA OLA, PERO TAMBIÉN CÓMO SALIR CUANDO TE SUMERGES EN LAS PROFUNDIDADES".
Fue uno de los galanes televisivos durante los años 90 con programas como Vivan los novios , La Ruleta de la Fortuna y el Telecupón . Ahora está mucho más centrado en el teatro aunque no se olvida de los primeros años de las televisiones privadas en España. Está volcado en la obra Un marido de ida y vuelta de Jardiel Poncela y que se representa en el Teatro Reina Victoria de Madrid. En esta obra interpreta a Paco Yepes, un personaje al que califica de extraño. Todo lo contrario a él que se considera muy normal, además de un ser casero y muy familiar. Sobre las tablas, demuestra sus años de preparación en la juventud, aunque reconoce que es difícil compaginar su gusto por las charlas entre amigos en casa y las representaciones semanales en el teatro. Andoni Ferreño, un hombre que volvía locas a las jóvenes de hace más de diez años, conserva el atractivo que le ha llevado a tener una cordial relación con esas jóvenes de ayer.
¿Cómo es su personaje en Un marido de ida y vuelta ?
Yo interpreto a Paco Yepes, uno de los personajes más extraños con los que yo me he topado. Quizá porque Jardiel Poncela, el autor, era tan surrealista como es la función y el personaje. Es muy difícil explicarlo porque no se sostiene de una forma realista. Y es un gustazo hacer este personaje porque el esfuerzo no es muy grande ya que en el texto está todo. Jardiel escribía tan bien los personajes y los integraba tanto con la acción que tampoco es que hay que plantearse grandes cosas y hay que hacer la función tal y como es.
Se dió a conocer por televisión y hace mucho que no se le ve por ella, ¿cómo le ha ido?
En la televisión he estado y sigo estando: he estado en Castilla La Mancha (CTM) haciendo un magazine por las mañanas, he hecho varias intervenciones. Pero en las televisiones generalistas no tenemos espacio porque las series están ya muy consolidadas y además, la mayoría son programas de corazón en los que algunos no tenemos cabida y otros no queremos participar de eso. Parece que si no estás en la tele , no estás y yo lo que no paro es de hacer teatro.
¿Le gustaría volver a la pequeña pantalla o prefiere el teatro?
Sí, me gustaría volver pero yo lo que quiero es trabajar y en estos momentos me llaman más para hacer teatro que para hacer televisión. Pero el año pasado hice tres programas de televisión en Telemadrid y CMT. Todo compaginándolo con el teatro siempre.
¿Está ilusionado con Un marido de ida y vuelta ?
Yo la ilusión la tendré el día 9, después del estreno. Ahora estoy asustado, con ganas de irme a mi casa porque los estrenos son una cosa dramática para los actores. Lo que quiero es que pase rápidamente el día del estreno, el día 8 de febrero y empezar a disfrutar de mi trabajo. Pero tenemos que pasar por este trago que es el estreno. Pero estoy muy contento porque la función es maravillosa, mi papel es un bombonazo que han hecho grandísimos actores y a ver si doy la talla.
¿Sus hijos van a verle al teatro?
Vienen a todas las funciones. No vienen el día del estreno sino otro día posterior, más tranquilamente. Mis hijos llevan viéndome desde que tienen uso de razón. Les encanta el teatro, son unos fanáticos del teatro. Ellos se han educado en el teatro y lo entienden perfectamente. Este acto casi religioso de entrar en el patio de butacas para ellos es muy natural. Quizá para sus amigos no, es más novedad pero mis hijos no se vuelven locos. Soy su padre y ya está.
¿Se les ve alguna intención de seguir sus pasos?
No. Igual se les puede despertar cuando sean más mayores. Pero con 12 años que tiene mi hijo y 8 que tiene la niña, ya se ve que no, aunque tampoco es algo que me preocupe. Es preferible que estudien.
¿Tiene otros proyectos en mente?
Sí, me están esperando para hacer más teatro aunque ahora de momento estoy concentrado en esto y en que nos dure bastante tiempo para que nuestros productores ganen mucho dinero y puedan seguir produciendo teatro, y para seguir revitalizando el mundo del teatro que afortunadamente goza de un estado de salud estupendo.
En los 90 fue un galán de aquella época, ¿aún le siguen parando por la calle?
Sí, claro. Lo que pasa es que entonces era como un poco escandaloso y ahora es con mucho respeto y mucho cariño. La gente me quiere mucho, me paran por la calle y se acuerdan de mí. Me piden que vuelva más a la tele . Ahora hay más armonía entre el público y yo porque conocen mi trayectoria, me han seguido en el teatro, han seguido mi vida, les gusta mi forma de trabajar y de ser. Las mismas chicas que en aquella época gritaban, quince años después se han convertido en señoras estupendas que me hablan y me recuerdan con mucho cariño.
¿Su mujer como llevaba todo aquello?
Bien. Ella vivió mis inicios, mis momentos más álgidos, los que no lo han sido y sabe que esto de que la gente te pare por la calle, la fama y todo esto es muy natural. Además, yo siempre he sido un tío muy normal y he sabido poner las barreras de dónde dejar que la gente llegara y dónde decía que hasta aquí, así que nunca ha habido problemas.
¿Qué ha aprendido desde que empezó hasta ahora?
Uno va aprendiendo con la vida que no es oro todo lo que reluce y que hay que saber estar en la cresta de la ola pero también hay que saber salir cuando te sumerges en las profundidades. Saber alzar la cabeza, coger aire y volver a recuperarte. Se aprenden muchas cosas. Yo tuve la suerte con 24 años de ser la pera y sin embargo, con 34 estaba sin trabajo, pero como yo siempre he sido muy concienzudo y sabía lo que quería, yo he seguido mi línea. Es la línea dura, la que más cuesta pero es la que yo he elegido y quiero. La verdad es que estoy satisfecho con lo que hago.
Dice que la televisión está muy marcada por el corazón, ¿cree que se debería volver a programas como los del nacimiento de las privadas generalistas?
No es la televisión, es al público a quien quizá habría que reeducar de nuevo. Cada uno tiene lo que se merece y la gente ve lo que ve porque quiere verlo porque tienen mil alternativas y no les interesa. Yo entiendo que los dueños de las cadenas, que son un negocio, apuesten por lo que les da dinero y me parece fantástico.
¿Qué echa de menos de la televisión?
Nada, para mí ha sido un trabajo y nada más. Quizá sí echo de menos aquel glamour y aquella sensación que teníamos en la primera época de Telecinco en los años 90. Quizá echo de menos el tratamiento afectuoso hacia los profesionales. Ahora no existe: es como una fábrica de chorizo donde lo que importa es que salgan muchos productos, rápido y no con calidad. Los primeros años de la televisión privada en España no se van a volver a vivir y yo he tenido la suerte de vivirlos. Cuando cuentas cosas que se vivían en aquella época la gente se sorprende mucho. Hoy en día cuando me reúno con profesionales que siguen desde aquella época, hablamos continuamente de eso, de los recuerdos de aquellos años.
¿Está el teatro más cerca de aquel tratamiento?
El teatro es la aristocracia del oficio. Es otra cosa, te da el prestigio. Aquí no se puede volver a grabar y aquí el que se puede subir a un escenario, es actor. Hay mucha gente que no puede y lo llevan dentro.
Nunca se ha acomodado demasiado tiempo en un proyecto, ¿qué es lo que le impulsa a cambiar?
Yo me aburría enseguida porque soy muy inquieto. Cuando ya estaba el programa lanzado y situado ya quería participar en otra historia porque pensaba que yo ya no podía aportar más y que debía ir otro a aportar más. Yo no he hecho mucha televisión, pero la que hice funcionó mucho como Vivan los novios , La Ruleta de la Fortuna y las galas. A mí sobre todo me recuerda la gente por las galas y por los smoking que llevaba (ríe) que eran maravillosos. Todavía guardo alguno de ellos por ahí.
¿ Qué le gusta hacer cuando no tiene nada que hacer?
Tengo una especie de conflicto porque soy un loco del trabajo. Me gusta mucho trabajar y estar todo el día pendiente de mi historia, pero tengo que dedicar tiempo a mis hijos y el tiempo que robo de otras facetas, se lo doy a ellos. Soy muy casero. Me reúno con mis amigos en casa, viene mi familia. Tengo una vida muy normal, soy muy aburrido. Si hubiera sido más cabecita loca no sé que hubiera pasado pero soy muy normal, quizá por mi cultura, mi educación en mi pueblo, Ermua. Venimos de familias obreras y lo que importaba era trabajar y que tu familia estuviera bien.
Cuénteme alguna afición.
Me gusta jugar al mus, cazo. No soy un hombre de grandes hobbies pero me gustan mucho las tertulias y reunirme con amigos en casa y hablar. El hecho de hablar es un deporte esencial.
¿Es más compatible el teatro con la vida privada de lo que lo es la televisión?
No porque los fines de semana tú estás metido en un teatro y tu familia está en casa. El mundo del teatro es muy duro. Si tu familia lo acepta es fantástico pero hay casos en que una de las partes del matrimonio ha decidido que eso era muchísimo porque no puedes salir a cenar o llevar a tu mujer a algún sitio. Es una vida complicada. Cuando esa vida se acepta, se sobrelleva y se entiende todo va sobre ruedas, pero el teatro es muy duro por eso, no por las horas que se invierten.
Iba a ser periodista, ¿te asustaste?
No. Yo estudié dos años de periodismo porque no me dejaban venir a estudiar arte dramático a Madrid. Entonces tuve que ocupar dos años de mi vida para convencer a mis padres de que me dejasen venir a hacer la prueba de la Escuela Superior de Arte Dramático. Si aprobaba la oposición me quedaba y si no me volvía a Ermua.
¿Se ha arrepentido alguna vez de haber apostado por la interpretación?
No, porque además fue una prueba en la que nos presentamos trescientos o cuatrocientos jóvenes para 28 plazas. Conseguí entrar y ya no pensaba dejarlo.
¿Qué le dijeron en casa?
Cuando ellos vieron que yo me lo tomaba muy en serio se lo empezaron a tomar también muy en serio ellos. Siempre he tenido el apoyo de mis padres. Nunca he trabajado en otra cosa que no sea como actor o presentador de televisión porque mi padre me dijo que si quería ser actor, tenía que serlo y prepararme para ello. Yo estaba haciendo la carrera la Escuela y por la tarde iba a una academia de interpretación y hacía cosas porque tenía que ser actor y no perder el tiempo.
Formule un deseo de los que se piden frente a la tarta de cumpleaños.
Tengo dos millones de deseos pero no hay que ser egoísta y lo único que pido es que este proyecto de Un marido de ida y vuelta funcione, que nos vaya muy bien, que la gente venga a vernos y a disfrutar con nosotros y luego ya los deseos grandes, los hago en privado.