Ángeles González-Sinde, la nueva presidenta de la Academia de Cine, nos recibe en su casa de Madrid

Ángeles González-Sinde, la nueva presidenta de la Academia de Cine, nos recibe en su casa de Madrid

LA SUCESORA DE AITANA SÁNCHEZ GIJÓN, MARISA PAREDES Y MERCEDES SAMPIETRO HA CONSEGUIDO PRESIDIR LA INSTITUCIÓN QUE FUNDÓ SU PADRE, JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ – SINDE.

La guionista Ángeles González-Sinde nos abre las puertas de su casa en Madrid, a sus cuarenta y un años se ha convertido en la nueva presidenta de la Academia de Cine. Quizá no tenga la presencia formal de sus predecesoras Aitana Sánchez Gijón, Marisa Paredes o Mercedes Sampietro pero la sangre de la institución corre por su venas. Fue su padre, el productor José María González-Sinde quién dotó de vida a la institución allá por el año 1986. Madrileña de pura cepa, Ángeles fue educada con el espíritu cívico de devolver a la comunidad lo que uno recibe y arrimar el hombro por los compañeros, así afronta este nuevo reto. Las dificultades a la hora de asumir el cargo no son pocas, tendrá que compaginar el cargo con su trabajo habitual y cuatro niños a los que cuidar, sus dos hijas Valentina y Estrella, de dos y ocho años respectivamente y los dos niños de Javier Gil, el hombre con el que comparte su vida.

-¿Qué te impulsó a presentarte como candidata a la presidencia?

-Tengo un pronunciado sentido del deber cívico, mi padre fundo la Academia y me educó con el espíritu de que uno tiene que devolver a la comunidad lo que recibe y arrimar el hombro por sus compañeros. No fue idea mía, Enrique Urbizu y Manuel Gómez Pereira me propusieron presentarme con ellos y me animé porque los dos me parecen personas muy serias. Una de las cosas que me atrajo de este trabajo fue lo mucho que podría hablar de cine.

-¿Se está respetando el espíritu de tu padre?

-Sí, cuando me estaba preparando para la candidatura rescaté las notas que aún guardaba de mi padre, sus primeras cartas, discursos y artículos explicando qué era la academia y para qué servía. La academia se creo para difundir el cine español y su historia, quizá lo que menos se ha practicado ha sido el intercambio de conocimientos entre los académicos, eso tenemos que reforzarlo más.

-¿Se puede crear unión en una profesión tan competitiva?

-Esta es una profesión vocacional, todo el mundo comparte una gran pasión por el cine, a pesar de no tener nada que ver en cuanto a ideas o costumbres ese mínimo denominador común nos unifica a todos. La academia esta compuesta por mil doscientas personas, todas ellas mentalizadas a trabajar en equipo y colaborar porque una persona sola no puede hacer una película.

-No es un cargo remunerado...

-No, ninguno de los cargos de la junta está remunerado, está así previsto para que sean colaboraciones desinteresadas. La parte mala es que no nos podemos dedicar en exclusividad al cargo pero lo bueno es que no sacamos partido de ello.

-¿Cómo vas a compaginar la presidencia con cuatro niños a los que cuidar y tu habitual trabajo como guionista?

-Aún no sé como voy a compaginarlo, tengo que ir viéndolo en el día a día. Cualquier persona que trabaje, tenga niños y además sea mujer lo tiene complicado. Si trabajas por cuenta propia y desde casa como yo tienes otro problema añadido, que es casi imposible separar el trabajo de la vida privada.

¿Cómo es un día en la vida de Ángeles González-Sinde?

-Soy más de mañanas que de noches, me levanto a las ocho y llevo a las niñas al colegio, después despacho lo que tenga pendiente y me pongo a escribir. Para escribir necesito mucha tranquilidad así que tengo que reservar días en los que no intercedan los temas de la academia, ese es un trabajo hacia fuera, hacia los demás y me distrae mucho.

-Probaste la interpretación...

-Sí, hice un papel bastante largo siendo niña, al principio quería ser actriz pero enseguida me di cuenta de que no estaba hecha para eso y abandone la idea. Estudié filología clásica y trabajé como traductora. La verdad es que llegue al cine un poco tarde, quizá por el hecho de verlo en casa me parecía una cosa complicada y difícil de hacer. Escribir ha sido siempre mi manera de entender el mundo, me permite organizarme mejor, quizá tenga algo terapéutico.

-¿Has recibido consejos de tus antecesores?

-Sí, todos coinciden en que hay que tener mucha paciencia y no desgastarse, que administre mi energía para no cansarme enseguida o darme cuenta tarde de que he abandonado mi vida. También me han hablado de saber encajar las críticas, que suelen ser muchas. Todos los anteriores presidentes quedan a tu disposición, están siempre ahí para apoyarte y eso demuestra que la presidencia es una experiencia de la que luego la gente no reniega.

-¿Qué objetivos te has propuesto cumplir en estos tres años de mandato?

-Queremos conseguir que la academia de cine atraiga a la gente a venir. Que los ciudadanos comprendan en qué consiste una película y cuánta gente trabaja en ella, el cine no son sólo actores y directores famosos. La academia tiene que abrirse también hacia dentro, los académicos nos tenemos que mezclar más para hablar de cine, hay que compartir conocimientos para que nuestra disciplina evolucione.

-¿De dónde saldrá el dinero para llevarlos a cabo?

-La financiación es el quid de la cuestión , la academia tiene que empezar a ponerse en marcha para hablar con todas las empresas y las instituciones que normalmente colaboran con la cultura y proponerles proyectos atractivos. La nueva sede supone una gran oportunidad para conseguir estos objetivos.

-¿Juega a tu favor ser hija del fundador de la academia ?

-Sí, en esta vida lo difícil es ser original, acabas casándote con alguien de tu trabajo y trabajando en lo que trabajaba tu padre pero eso no te garantiza que vayas a tener trabajo y tampoco que consigas el éxito. Sólo te garantiza el primer contacto, después debes demostrar tu competencia porque en esta profesión nadie te garantiza nada.

-¿No te da miedo perder esos apoyos?

-No, las polémicas de la academia han partido siempre desde fuera, todos los presidentes han tenido siempre el apoyo de sus compañeros de profesión.

-Entonces no es como ser delegado de clase...

-Al contrario, he recibido un montón de notas de agradecimiento por haberte presentado al cargo, incluso de gente que no conozco.

-¿Estás dispuesta a permanecer en el cargo más de tres años si nadie se atreve a sustituirte?

-No, dentro de tres años volverá a haber varias candidaturas porque la gente va a estar más cerca de la academia y eso animará a participar.

-¿Qué es lo más difícil de tu trabajo?

-La disciplina diaria, es muy difícil tener rutinas establecidas, siempre surgen imprevistos. Cada vez te quieres ir más lejos a ver si así no te llaman al móvil ni te entra la tentación de salir fuera a comer con alguien. Encerrarte sólo a inventar es un gran esfuerzo intelectual y da mucha pereza. Cuando estás dirigiendo tienes un montón de gente a tu alrededor para ayudarte pero cuando escribes estás sólo.

-¿Hay algo que te caracterice?

-Los líos en los que me meto, tengo muchas más ideas de las que luego soy capaz de ejecutar. Me interesa mucho el mundo que me rodea, eso hace que no pare de elucubrar y luego me resulta difícil dar salida a todas esas ideas.

-Eres una de las pocas madrileñas de pura raza que existen pero sin embargo alguna vez has renegado de Madrid...

-Sí, así es. Mi bisabuela era lavandera en el manzanares, desciendo de muchas generaciones originarias de Lavapiés y me encanta Madrid pero huyo de la vida moderna en la gran ciudad. Madrid ya tiene un tamaño demasiado grande, cada vez vamos todos más acelerados, nos vemos menos y perdemos todo nuestro tiempo en desplazamientos. La gran ciudad ofrece más vida cultural pero no te deja tiempo para disfrutarla.

-¿Qué proyectos tienes?

-He escrito dos guiones con Daniela Fejerman: Siete minutos lo dirigiré yo y Las madres de mi hijo lo dirigirá ella. Estoy adaptando una novela de Elvira Lindo, Una palabra tuya , que espero dirigir. En febrero se estrenará mi última obra de teatro para niños, Prohibido besar , bajo la dirección de Fernando Soto.