La conocen como la reina de la irreverencia , calificativo que ella detesta. Aunque parezca que Antonia San Juan es así nada tiene que ver con la realidad. Esta canaria de cuarenta y seis años llegó a Madrid con un saco de ilusiones y poco a poco ha sabido conseguir todo lo que se propuso. La conocimos gracias a Todo sobre mi madre , y desde entonces la actriz se ha convertido en productora y directora de sus propios proyectos.
De un humor constante, Antonia se muestra tal y como es, como una mujer educada y simpática. De esa manera, y con un cambio de look radical, la canaria nos explica cómo afronta su llega a la escena madrileña con Las que faltaban , un sinfín de personajes femeninos, interpretados todos por ella misma, y que nos mostrarán sus vivencias y su bagaje por la vida.
- Tercera y última temporada de Las que faltaban . ¿Cómo lo estás viviendo?
- Muy bien, llevo tres años por toda España, y además hemos salido por Italia y por América latina.
- Habéis estado por toda España pero ahora estrenáis en Madrid...
- Sí, es todo un reto. En Madrid cuando he hecho temporada ha sido fuera de ella, en julio y agosto, por eso esto es un aliciente más para tener ganas de llegar aquí, además de estar a la vez gestionando mi propio teatro. Es todo un acontecimiento para mi.
- ¿Notas diferencia entre el público de una ciudad y de otra?
- No. El calor del público se nota en cualquier sitio. Puedo estar en el País Vasco y es un público muy respetuoso, actúo en la zona de Valencia y el público tiene otra manera... Cada ciudad tiene una cultura.
- ¿Qué es lo que más te molesta a la hora de subir al escenario?
- Que el público no sea respetuoso con mi trabajo. No se puede venir a ver una obra dejando el móvil encendido, comiendo, hablando,...
- Llevas toda la vida haciendo monólogos, ¿qué significa ese género para ti?
- Sí, llevo toda mi vida escribiendo textos para luego crear monólogos. Y me encanta hacer monólogos de los demás, pero que estén bien escritos y que tengan una buena dramaturgia. Tiene que tener una buena base para yo poder analizar la realidad.
- ¿Te gusta improvisar?
- No es que me guste improvisar sino que es algo necesario para que el espectáculo esté vivo en todo momento.
- Te apasionan los monólogos, y normalmente los realizas sola en el escenario. ¿Mejor sola que mal acompañada...?
- No (sonríe), es una línea de trabajo. Es un planteamiento, una manera que tengo de trabajar desde hace veinticinco años, y no me planteo estar sola sino que las circunstancias me han llevado a esta dinámica. Lo hace mucha gente y yo he buscado este camino, pero también he hecho teatro con otros actores. Lo bueno de hacerlo sola es tener libertad para hacer lo que yo quiero, sin chocar con las ideas de otra persona.
- ¿Cuál es tu mayor premio como actriz?
- El tener un público educado, que venga a escuchar y que no adelante acontecimientos. El público que me gusta es el que se deja sorprender, cuando eso pasa he conseguido mi mayor premio.
- Como buena actriz de teatro, ¿eres supersticiosa?
- No, no creo en la superstición. Eso es bueno para los que viven en una tribu. Aquí si uno trabaja, si estudia diariamente, no hace falta nada más. Atribuir a un objeto un poder de ese tipo me parece primitivo...
- ¿Cuál es tu truco para estar bien?
- Dormir bien, estar tranquila y comer como se tiene que comer... Lo mejor para estar bien es que la vida te vaya bien, que tengas una pareja al lado que es un compañero y amigo,...
- ¿Hay algo que te ponga nerviosa?
- Tengo mucho respeto al escenario, tengo el cosquilleo justo y necesario que se debe tener. Eso sí, tengo que tener mis tres cuartos de hora para arreglarme como quiero antes de salir.
- ¿En estos tres años de obra ha habido alguna anécdota?
- Montones, pero no recuerdo ahora mismo una en especial. Me ha pasado de todo... Desde encontrarme con un público muy entregado a encontrarme con un público pasota y que no para de hablar...
- Y cuando eso pasa, ¿qué haces?
- Paro la función y les hago ver que no estoy jugando, que estoy trabajando. Pero es curioso porque sólo pasa cuando la gente no paga para ver la obra... El público no siempre tiene la razón (ríe).
- ¿Qué te parece el calificativo que se te atribuye de la reina de la irreverencia ?
- No me parece justo porque yo soy muy reverente, la irreverencia está en otros sitios, como en la televisión. Yo vivo de mi trabajo y soy lo más correcta y educada que hay.
- ¿Cómo es Antonia San Juan?
- Una mujer normal. Trabajo, tengo una familia, tengo una casa,... Eso sí, primero está mi trabajo por encima de todo, incluso de mi familia y de mi casa. Disfruto con las pequeñas cosas, porque la vida es puro tránsito y por eso disfruto de todo lo que tengo, de mi casa, de mis perritas, de mi pareja,... Cuando voy a ver a mi madre la trato bien, la cuido,... Soy normal. Una mujer que disfruta mucho leyendo, tener mis momentos de soledad con un amigo tomando un buen vino, en un buen restaurante. Una mujer normal, con una vida normal y llena de tranquilidad.
- Haces reir a mucha gente, ¿qué te hace reir a ti?
- Todo, me río continuamente (sonríe). Me río muchísimo, soy muy risueña y muy payasa, siempre estoy diciendo tonterías.
- ¿Y llorar...?
- Lloro mucho también. Lloro cuando veo las injusticias. No me gusta ver cómo se manipula al público, lloro por impotencia... Sobre todo cuando veo maltratar animales porque ellos no tienen defensa. Es algo que es superior a mis fuerzas.
- ¿Tienes algún sueño por cumplir?
- Todos (ríe). Llevo cuarenta y seis años sintiendo que la vida empieza todos los días. Acabo de hacer mi primer largometraje y quiero hacer veinte más, treinta monólogos, quiero dirigir actores y hacer de mi teatro un sitio donde se hagan exposiciones. Me quiero unir a artistas como David Delfín, gente que me gusta mucho cómo trabajan, para que me ayuden en todos esos sueños.
- Has declarado que te gustaría estar muchos años en el escenario y morir de repente...
- Sí, siempre he dicho que me gustaría morir en un avión, dormida, una muerte repentina sin molestar a la familia (risas).
- Y, ¿cómo te gustaría que te recordasen?
- Como una mujer trabajadora. Que dijeran: Antonia San Juan vivió de su trabajo siempre y nunca vendió nada que no fuera trabajo . Que la gente sepa que alrededor mío siempre se murmuró pero ella sólo se dedicó a trabajar, ella nunca se defendió y lo único que utilizó para defenderse fue su trabajo. Pero para eso faltan cincuenta años (risas).