HA ESTRENADO EN MADRID "MUJERES SUEÑAN CABALLOS", DE DANIEL VERONESE, Y PROMETE UN 2007 PLAGADO DE BUENOS PROYECTOS TEATRALES
Siete vidas la dio a conocer como Carlota pero ahora cuando la paran por la calle ya no es sólo aquella neurótica que se ganó al público acompañándole cada domingo desde la pequeña pantalla, ahora tiene nombre y apellidos: Blanca Portillo. Es difícil que Blanca pueda llegar a olvidar un año como éste, ha participado en todas las grandes producciones cinematográficas de España y en todas ellas ha dado pruebas sobradas de su talento interpretativo. Desde la tierna Agustina de Volver , pasando por Torquemada de Alatriste , hasta la repelente María Luisa de Parma de Los Fantasmas de Goya , esta actriz se merece un diez.
Ahora se adentra de lleno en el mundo del teatro. Comienza con Mujeres sueñan caballos , de Daniel Veronese, y promete un 2007 plagado de buenos proyectos teatrales.
¿Cómo es Ulrika, tu personaje en Mujeres soñaron caballos ?
En la obra aparecen tres hermanos con sus respectivas parejas. Yo soy la pareja del mediano (Ginés García Millán), que es el que lleva las riendas de la familia. Ulrika es una mujer con un enorme vacío interior y no sabe muy bien cómo llenarlo. Tiene un vínculo con su marido tal que seguramente no se separen jamás. No son felices, pero tampoco son infelices. Han llegado a mantener una especie de código secreto y privado donde hay una permanente lucha por el poder. Ella es una agitadora, es una persona con un cierto grado de crueldad. Su motor es que necesita que las cosas se muevan a su alrededor, pero no sabe en busca de qué. Se agarra a su marido porque lo necesita para seguir siendo como es, aunque no sabe muy bien para qué lo quiere. Es un personaje un poco oscuro.
¿Hasta qué punto existe alguna conexión entre Ulrika y Blanca Portillo?
Yo creo que todos somos todo. No creo que haya nadie que si honestamente se mira al espejo no reconozca que cuando sabe que puede hacer daño a alguien no lo haya hecho alguna vez. Cuando uno dice: Sé que ahí te va a doler, y ahí te doy . Creo que todos somos capaces de hacerlo en mayor o menor grado.
Mujeres sueñan caballos es una obra muy visceral y pasional. ¿Te consideras una persona visceral?
Yo siempre he pensado que soy una persona cerebral. Me mueve más la cabeza que otras cosas. Creo que con el paso del tiempo me voy dando cuenta de que hay una conexión directa entre una cosa y la otra. Si no hay algo que me renueva por dentro mi cabeza no se pone en funcionamiento. Y de hecho, las cosas que a veces me entran por la cabeza no me tocan precísamente el corazón. Hay algo en esta obra que tiene que ver con ese hilo que me une estómago y cabeza, que para mí es el ideal: Sacar la visceralidad con toda la conciencia del mundo.
Últimamente te sometes a continuos cambios de imagen, ¿por exigencias del guión o por gusto propio?
Ya no cambio mucho. Me corté el pelo y ya me ha crecido. Pero sí, a mí no me importa cambiar. De hecho, ahora me he oscurecido más el pelo porque creo que para interpretar a Ulrika viene bien. Y si hay que cambiar algo para hacer un personaje, yo encantada, siempre y cuando se pueda reparar, que no tenga que cortarme una pierna, pero por qué no me voy a cortar el pelo.
A mucha gente le llamó la atención tu papel en Alatriste . ¿Cómo te atreviste a dar vida a un personaje tan opuesto a ti?
Realmente quien se aventuró fue Agustín Díaz Yanes, que decide que a Emilio Bocanegra lo haga una mujer. Que sea un reto me encanta. Yo creo que un actor debe ser capaz de interpretar un personaje más allá de si es un hombre o una mujer, siempre con una lógica. Es muy difícil que Elsa Pataky haga de hombre, porque su aspecto es muy femenino. Pero dar vida a un personaje como ese que era tan andrógino, tan extraño, era toda una aventura. Yo lo enfoqué como un ser humano, no como un hombre. A parte que era un hombre que tampoco era muy masculino. Tenía mucho miedo, pero lo pasé muy bien haciéndolo.
¿Qué es eso de que empezaste a hacer teatro por amor?
Suena muy dramático, pero era muy jovencita. Tenía diecisiete años y estaba enamorada de mi profesor de teatro. Así que entré a formar parte de su grupo, el me abrió los ojos a muchas cosas, la literatura, el arte, el cine y con él descubrí que valía para esto. Mis hermanos y yo éramos muy juguetones, hacíamos teatro en casa pero nunca pensé dedicarme en serio a la interpretación.
¿Mantienes contacto con aquel profesor?
Sí, está encantado. Somos muy cómplices en eso. Me conoce muy bien, sabe cual ha sido mi camino y me sigue reconociendo después de más de veinte años.
¿Te siguen llamando Carlota cuando te ve la gente por la calle?
Ya me llaman por mi nombre cuando me paran, empiezan a despegar al personaje de la actriz y eso es algo maravilloso. Me están viendo en cosas muy diferentes y ya no pueden llamarme de una sóla manera.
¿Qué proyectos tienes entre manos?
Tengo un año teatral. Después de Mujeres soñaron caballos haré otra para abrir la temporada 2008. Va a ser una cosa maravillosa. Seguiré con la gira de After Play , que la tengo parada. En septiembre estrenaré Siete mesas de billar francés .