"EN CASA ME GUSTA VIVIR LO QUE NO TENGO EN LAS EXPEDICIONES: EL CALOR DE LA FAMILIA", ASEGURA LA ALPINISTA
Edurne Pasabán va a ser la cabeza visible del programa Al filo de lo imposible de Televisión Española. Ha comenzado de inmediato con el objetivo de poder superarse a sí misma y conseguir llegar a la cumbre de los catorce ochomiles que existen en el mundo. La encontramos a punto de entrar en el avión que la llevará junto a su equipo a la primera de las expediciones que hará seguida de cerca por el objetivo de la cámara.
Con 33 años y una vida de aventura a las espaldas, lucha por conseguir los seis ochomiles que le faltan a pesar de que en el ascenso al K2 perdió dos dedos del pie por congelación, como también le sucedió a su compañero Juanito Oiarzabal en todos los dedos del pie. Después de esa experiencia, se planteó dejarlo, pero la montaña acaba por llamarla a pesar de los malos momentos. Al margen de su pasión por la montaña, colabora con la ONG Mountaineers for Himalayas , en la que ayuda a los niños de Nepal con diferentes acciones. Y es que los niños son su debilidad: además de continuar con su sueño profesional, confiesa que le gustaría parar algún día para ser madre, pero no es el momento. Aún tiene como objetivo ser la primera mujer que escala los picos más altos de la Tierra.
Está a punto de salir camino de su próxima expedición: el Annapurna. ¿Hay algo que le asusta?
Nuestra intención es, si todo sale bien, en la segunda semana de mayo estar haciendo cumbre en el Annapurna. También estamos pensando ir a Pakistán a otra montaña que es más tranquila que el Annapurna, que es bastante complicada y tiene problemas como las avalanchas. Es una montaña en la que tenemos que tener mucho cuidado. De momento hay más ilusión, pero tenemos bastante respeto a la montaña y estamos con ganas de llegar allí para ver como está el asunto.
¿Qué se le pasó por la cabeza cuando le propusieron estar al cargo de Al filo de lo imposible ?
Para mí ha sido una ayuda muy grande porque tenía ganas de empezar este proyecto para poder intentar terminar los catorce ochomiles y es un proyecto que ha entrado bien tanto en Televisión Española como en el programa Al filo de lo imposible . La verdad es que estoy más que agradecida a ellos por todo el apoyo y toda la ayuda que me están dando.
¿Es difícil hacerse un hueco en el mundo del alpinismo siendo mujer?
Más que difícil es que cuesta tiempo. Yo creo que como en todos los deportes. No hay más problemas por el hecho de ser mujer, sino que hay que ir demostrando poco a poco que eres capaz de hacer lo que haces. La verdad es que entre los hombres siempre me han cuidado bastante y no he tenido grandes problemas, por lo menos con mis miembros de expedición.
¿Ha vivido alguna situación realmente peligrosa?
La expedición del K2 en el año 2004 fue una expedición muy dura. A consecuencia de ello sufrimos congelaciones: a Juanito [Oiarzabal] le tuvieron que amputar todos los dedos del pie, a mí me amputaron dos dedos. Ahí sí vivimos situaciones muy extremas y muy duras. Pero bueno, las cosas van tomando su camino y te vas recuperando. La verdad es que siempre se tiene en cuenta aquello que pasó, pero se va olvidando y tienes de nuevo muchas ganas de volver.
Con esas experiencias tan duras, ¿se ha planteado dejarlo?
Sí que pasa por la cabeza a veces porque te preguntas si realmente vale la pena lo que hacemos y lo que se sufre. Pero creo que lo que me da la montaña, la libertad de hacer lo que a mí me gusta, compensa mucho más. Lo comento con la gente de mi alrededor y siempre me dicen: Pero sí me vas a llamar en quince días diciendo que te quieres ir a casa . Sí, es cierto, pero es que vuelvo y se me olvidan todos los malos momentos. Es verdad que cuando te pasa una cosa como en el K2 o pierdes a algunos amigos, te cuesta coger de nuevo las riendas.
¿Cuál es el mejor recuerdo que le han dejado sus expediciones?
Mi mejor recuerdo es toda la gente que he conocido y todos los amigos que he hecho en las expediciones. Te une mucho a las personas. Para mí es lo mejor de esto y es muy importante. Me encanta hacer montaña y me encanta hacer ochomiles pero si con el equipo no me encuentro bien, como ahora estamos aquí en el aeropuerto, riéndonos y hablando, no merecería la pena ir a sufrir. Ya sufriremos lo suficiente en la montaña. Así que lo poco que tenemos, lo tenemos que disfrutar.
¿Quién ha sido su ejemplo a seguir en la vida?
Creo que mi familia ha sido bastante ejemplo porque mi familia es muy luchadora y con proyectos muy emprendedores. Más bien empresariales, que quizá no tengan nada que ver con mi mundo de la montaña, pero sí que han sido unos referentes de los que he aprendido mucho para no hundirme en los malos momentos.
¿Qué hace Edurne Pasabán cuando no está escalando?
En la vida normal, lo que todo el mundo. Soy una persona muy tranquila y me gusta aprovechar los momentos que estoy en casa. Cuando estoy en casa me dedico a entrenar cuando tengo que hacerlo y, si no tengo que hacer muchas cosas más, estar tranquila. Me gusta vivir lo que no tengo en las expediciones: el calor de la familia.
¿Qué opina su familia de su talante aventurero e independiente?
Se han ido poco a poco acostumbrando. No se acostumbran del todo. Hoy me despedía mis padres y era como la primera vez. Mi madre, aunque quiere sentirse de manera diferente a las otras expediciones y sentirse más fuerte, tiene miedo. Despiden a su hija y que ojalá todo salga bien. Mis padres lo único que quieren, como todos, es ver a sus hijos felices y a mí me ven muy feliz haciendo esto y, bueno, lo soportan.
Un sueño por cumplir...
Deportivamente estoy haciendo lo que más me gusta y van saliendo las cosas. Intentar vivir de la montaña, que es un deporte que tampoco da mucho para vivir, es un sueño que ya se ha cumplido. Quizá hay sueños que para mí serían muy importantes porque el reloj biológico lo tengo encendido, pero no es el momento. Poder responder a ese reloj biológico y algún día poder ser madre, sería uno de mis sueños, seguro.
Un elemento o amuleto imprescindible en sus escaladas y expediciones.
Tengo un muñequito que es como un cocodrilo que me lo regalaron hace muchos, muchos años en una expedición, y siempre está. Ayer estaba nerviosa porque no lo encontraba. Estaba preguntando a todo el mundo dónde estaba mi cocodrilo. Mi madre me preguntaba sí todavía lo llevaba. Al final lo encontré. Lo tenía abandonado y siempre tengo que meterlo en la mochila.
¿Sin él no se encuentra totalmente segura?
Es psicológico totalmente y sin él me iría pensando: Ostras, a ver si no van a salir bien las cosas . Y no tiene nada que ver, pero el factor psicológico nos puede.
Díganos alguna otra pasión que le enloquezca además del alpinismo.
Me gusta hacer todo tipo de deportes y hago de todo. Pero no tengo nada así en concreto. Soy una persona bastante normal y me gusta leer, ver buenas pelis... pero tampoco soy apasionada de eso.
Además de una vida aventurera, también colabora con una ONG. ¿Qué es lo más satisfactorio de su trabajo allí?
Ver el resultado de lo que podemos hacer. Nosotros mañana llegamos y sé que los niños de la escuela que está en Katmandú y que ayudamos apadrinarles, nos están esperando como agua de mayo para visitarnos, para que nos enseñen lo que han hecho en el colegio... La tontería de estar a las siete de la tarde cenando con ellos allí y verles como se meten en la cama, te da la satisfacción de saber que les estás aportando algo. Es una pasada. Por eso merece la pena todo. Además vamos con cuatro tonterías: llevamos cuatro cuadernos, cuatro jerseys y están encantados.