Especial Viajes: Florencia, La ciudad de los Médici ante el reto del tranvía

Plaza de Miguel Angel.
Plaza de Miguel Angel. - EP

Cuna del arte, la civilización y la cultura, Florencia está considerada como la reina de las ciudades italianas. Entre sus nobles piedras, la capital toscana guarda el cinco por ciento del patrimonio cultural de la humanidad: el Duomo, la plaza de la Signoria, la Galería de los Uffizi, la Accademia, el famoso Puente Vecchio o la Basílica de Santa Cruz hablan de la historia y el pasado de esta gran urbe, que alcanzaría su máximo esplendor en el Renacimiento. Ni las terribles inundaciones que ha sufrido, la última de ellas en 1966, ni los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial han impedido que su magnífico legado artístico llegue a nuestras manos, el mismo que sedujera y admirara a nuestros antepasados. Este año ha traído, sin embargo, una nueva preocupación: la más que posible aparición de los tranvías en el casco viejo de la ciudad junto a los monumentos legendarios de la ciudad de los Médici . Una polémica que puede tener vía libre definitiva en 2013 o incluso mucho antes.

¿Tranvía, sí o no? Este es el debate que enciende a los habitantes de la Florencia del 2008. Los que viven en el casco viejo se niegan a aceptar un nuevo sistema de transporte público que según ellos arruinará su legendario belleza , pero el extrarradio está claramente a favor. De momento los florentinos han participado este año en un referéndum, eso sí con muy baja participación (39,3%), y aunque el no al proyecto resultó vencedor con un 53,8% de los votos, el Ayuntamiento que rige los destinos de la ciudad de los Médici, de centro izquierda, está decidido a ponerlo en marcha. Los políticos han aducido que el referéndum era meramente consultivo y están convencidos de que una de las tres líneas previstas estará en funcionamiento en 2009, tras el reciente inicio de las obras previas, y las otras dos acariciarán dentro de cinco años al mismísimo Duomo y su Campanile pese a la oposición de un comité anti-tranvía que apoya el prestigioso director de cine Franco Zeffirelli.

Los turistas, sin embargo, permanecen ajenos a esta polémica entre los expertos que quieren modernizar la ciudad y reducir el tráfico de coches y los ciudadanos que muestran en público sus serias dudas. Los visitantes (italianos, norteamericanos y españoles encabezan el ranking) siguen llenando los monumentos de una capital toscana donde, además de visitar las legendarias bellezas, la sorpresa siempre es posible. Como, por ejemplo, con detalles minúsculos de la vieja Florencia como la puerta del vino un ventanuco que servía de cantina para que los pobres pudieran recoger el vino que dejaban los ricos en sus magníficos palacios- la puerta de la súplica un minúsculo reducto para las peticiones del pueblo- o el más conocido ascenso al Duomo, para los más atrevidos, de los 467 escalones que conducen, primero, a la primorosa cúpula pintada por Brunelleschi, y después, si el corazón aguanta, hasta la terraza exterior, donde la vista es fantástica, solo comparable a la que se puede divisar desde la plaza de Miguel Ángel y la preciosa Iglesia de San Miniato.

Un apunte histórico. Considerada la Cuna del Renacimiento, Florencia nació como ciudad romana de la mano de Julio César en el año 59 a.C., estableciéndose sobre los restos de un antiguo asentamiento etrusco. En el mismo corazón de la Toscaza, a orillas del río Arno y rodeada de recoletos pueblos medievales y colinas de viñedos y olivos, vivió sus años más oscuros en la Alta Edad Media, pero a partir de esa época la ciudad inició el lento camino del desarrollo gracias a la banca y al comercio de tejidos y paños. A partir de 1434, la historia de Florencia queda vinculada a los Médici, una familia de banqueros que controlarían no sólo Florencia, sino toda la Toscana a lo largo de tres siglos.

Bajo su mecenazgo, la ciudad se convirtió en germen y esencia del arte renacentista, acelerando el camino del humanismo y abanderando el movimiento de renovación europeo de los siglos XV y XVI. Así en esta espléndida y grandiosa Florencia se inscriben todos los nombres sagrados del arte y la cultura europeos, desde Giotto o Dante, hasta los grandes maestros del Quattrocento renacentista: Alberti, Donatello, Cellini, Fra Angelico, Botticelli, Paolo Ucello, Fra Filippo Lippi, Ghirlandaio o Petrarca. Y en el Cinquecento , coincidirían tres de los más grandes genios del arte universal: Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Rafael.

La Plaza del Duomo

Uno de los principales enclaves turísticos de Florencia, desde donde se puede iniciar un interesante recorrido por la ciudad, es la plaza del Duomo. Considerada como centro religioso por excelencia, a ella se asoman algunos de los edificios más emblemáticos de la urbe. Entre ellos, el Baptisterio de San Juan, con sus famosas puertas de bronce que representan escenas de la vida de Cristo y de San Juan Bautista, y, la más importante realizada por Ghiberti, con Escenas del Antiguo Testamento. Ghiberti fue, sin duda, un hombre paciente pues empleó casi cincuenta años en culminar dos puertas ganadas a concurso (norte y este) de este Baptisterio que asombra siempre viendo su maravillosa cúpula de mosaicos de oro.

En esta misma plaza se encuentra la catedral, o Basílica de Santa María de las Flores, la cuarta catedral mayor del mundo tras San Pedro en Roma, San Pablo en Londres y la catedral de Milán; este edificio, de planta de cruz latina y fachada grandiosa aunque más moderna, está coronado por la impresionante cúpula a doble bóveda proyectada por Brunelleschi para superar a los más grandes edificios de Grecia y Roma. A la derecha del Duomo, aislado, se yergue el campanario de Giotto, cuyos pisos se adornan con tracerías caladas y coronamientos; de 87 metros de altura. También se puede ascender a lo más alto de esta torre con otros cuatrocientos escalones para no ser menos que el Duomo-, pero si hay que dosificar esfuerzos es más recomendable la subida a la catedral.

La plaza de la Signoria y el Palacio Vecchio

Si la plaza del Duomo es conocida por sus edificios religiosos, la amplia y solemne plaza de la Signoria es sin duda el centro vital de Florencia. Antigua sede de asambleas y ceremonias públicas, con el tiempo este espacio se convirtió en taller y galería de arte al aire libre. Dominada por el Palacio Vecchio y por los arcos de la Galería de la Señoría, a sus inmediaciones se asoman el Tribunal de Mercatanzia, del siglo XIV y el Palacio Uguccioni. Todas las estatuas de la plaza forman un teatro que monta guardía en un grandioso y bello escenario público.

Merece la pena visitar el palacio Vecchio, edificio de estilo gótico, rematado por la famosa torre DArnolfo, que sirve de sede al Ayuntamiento de la ciudad. Proyectado en 1299 por Arnolfo di Cambio como Palacio de los Priores, en el siglo XV se convirtió en el Palacio de la Señoría y fue residencia de la familia Médici desde 1640 hasta 1565. Resulta agradable pasear por su patio porticado y recorrer sus magníficos salones, como el Salón del Cinquecento, con la Victoria de Miguel Ángel, el Studio de Francesco I o la Sala de la Cancillería, en la que trabajó Maquiavelo.

Otro de los espacios más bellos de Florencia es la Plaza de los Oficios, que se prolonga desde la Plaza de la Signoria y se encuentra rodeada por el genial Palacio de los Oficios, proyectado por Vasari como sede de los despachos de la administración del Ducado. En la actualidad, acoge la célebre Galería de los Uffizi, con obras de Rafael, Miguel Ángel (su pintura Tondo Doni , instalada en un marco redondo, cambió a juicio de muchos expertos la historia del arte), Leonardo da Vinci ( Anunciación , El bautismo de Cristo ), Botticelli ( El nacimiento de Venus , La primavera ), Caravaggio ( Medusa ), Tiziano y Giotto, entre otros artistas. Este museo es el más antiguo de la Europa moderna y da cabida a una de las mejores colecciones de pintura italiana y europea del siglo XII al siglo XVIII.

Junto a esta gran pinacoteca, el Museo dellOpera del Duomo o el Museo Bargello, de escultura renacentista con sus otros dos famosos David , de Donatello y de Verrochio, y una sala dedicada a Miguel Angel muy interesante, todo ello enmarcado en un bellísimo palacio del siglo XIII; la Galería de la Accademia, con varias esculturas de Miguel Ángel, presididas por el famoso David que vale la pena admirar de cerca aunque haya otras dos copias exteriores en la ciudad, y sobre todo antes de que sea trasladado a las afueras de Florencia, y el Palacio Pitti, encabezan la larga oferta museística de la ciudad antigua.

El puente Vecchio sobre las aguas del Arno

Las aguas del río Arno discurren muy cerca de la plaza de la Signoria, y sobre ellas, los puentes florentinos de Santa Trinita y el Puente Vecchio; este último, de origen etrusco, es el más antiguo de la ciudad (Hitler estuvo a punto de bombardearlo como otros en la ciudad, pero la iniciativa de un diplomático alemán convenció al Führer y finalmente no fue derribado). Su aspecto actual proviene del siglo XIV, cuando las tiendas que se encuentran en sus inmediaciones pertenecían al gremio de los carniceros. Por expreso deseo de Cosme de Médici, se asignaron a orfebres y plateros, los mismos que hoy las ocupan, junto a un buen números de pintores y retratistas. Un piso superior recorre el puente Vecchio; se trata del pasillo de Vasari, construido para comunicar los Oficios con el Palacio Pitti. Los Médici utilizaban este corredor, de más de un kilómetro de longitud, que incluso atraviesa una iglesia, Santa Felicitá, para no ser vistos por el pueblo. Y en el centro del puente, una curiosidad: junto al popular busto dedicado a Cellini hay que fijarse en la pequeña verja que lo rodea, donde los enamorados dejan sus candados cerrados en señal de amor eterno .

El Palacio de Pitti es sin duda uno de los edificios más hermosos y paradigmáticos de Florencia. Fue mandado construir por la familia de banqueros y mercaderes a mediados del siglo XV y se amplió en 1558 adquiriendo sus actuales proporciones tras añadírsele las dos alas llamadas rondó en 1764 y 1839. De formas sencillas y grandiosas, está construido con piedra rústica de sillería, destacando su fachada, de 205 metros de largo. El palacio fue residencia Gran Ducal y formó parte de la Corte del nuevo Reino de Italia. En la actualidad, el edificio, junto con otros ubicados en el jardín anexo del Bóboli, alberga uno de los museos más interesantes de la ciudad. En sus espléndidas salas pintadas al fresco, sobre todo por Pietro da Cortona y Ciro Ferri, se conservan obras de los siglos XVI y XVII principalmente. Destacan piezas como Las tres edades del hombre , de Giorgione, La Virgen de la Silla , de Rafael, y el Retrato de Julio II , de Tiziano, entre otras obras maestras de Botticelli, Lippi, Tintoretto, Veronese, Rubens y Van Dyck.

Uno de los espacios que resultan más llamativos para los turistas es el de los aposentos reales, un conjunto de salas ricamente decoradas que sirvieron de residencia a la familia Médici, la familia Lorena y la familia Saboya.

Un paseo por los Jardines del Bóboli

Si la pretensión es conocer un jardín de estilo italiano cien por cien lo mejor es darse un paseo por el anexo Jardín del Bóboli, proyectado a mediados del siglo XVI. Con una superficie de 45.000 metros cuadrados, en este bello espacio podemos encontrar rincones que aún conservan todo su encanto, como la Cueva de Buontalenti, el Vivero de Neptuno, el Jardín del Caballero, el Anfiteatro, la Fuente de la Alcachofa o la Plaza del Islote, donde se encuentra emplazada la Fuente del Océano, de Giambologna. Si subimos por sus cuestas y paseamos por sus bosquecillos, divisaremos una de las vistas más bellas y sugerentes de Florencia.

Rincones pintorescos de Florencia

En el otro extremo del Puente Vecchio se encuentra la plaza de la República, antiguo mercado medieval de la ciudad, convertido hoy en lugar de frecuentados cafés florentinos. En sus aledaños encontramos el Palacio Davanzati, una casa-torre del siglo XI que ha sido recientemente restaurada, la Lonja del Mercado Nuevo, que acoge un curioso mercado de artesanía y piel presidido por la estatua de un jabalí que todo el mundo toca para asegurarse otro viaje a Florencia, y Orsanmichele, una original iglesia levantada en un almacén de trigo que destaca por su hermoso tabernáculo de mármol en estilo gótico.

Si nos adentramos en el barrio de poniente, encontraremos la vía Tornabuoni, una de las calles más elegantes de la ciudad, recorrida por hermosos palacios de los siglos XV al XIX. A nuestro paso por este barrio florentino, contemplaremos el Palacio Strozzi, el Palacio Rucellai y la Plaza de la Santa Trinidad, donde se encuentra emplazada la iglesia del mismo nombre, uno de los templos más antiguos de Florencia. Asimismo, la Plaza de Santa María Novella, uno de los lugares con más encanto de Florencia, da cobijo a la iglesia homónima, obra maestra del gótico. Para muchos florentinos es la iglesia más bella de la ciudad con su espléndida nave gótica donde sorprende un crucifijo de madera de Giotto. A solo unos metros, en el 16 de la vía de la Scala, hay que hacer una parada en la farmacia de Santa María Novella, antigua capilla de los dominicos, donde se pueden adquirir aguas de colonia, jabones y agua de rosas preparados con métodos tradicionales.

Pero Florencia es mucho más; al norte de la catedral se puede admirar el Cenáculo de Santa Apolonia, la iglesia de San Marcos, la porticada plaza Santissima Annunziata, el Hospital de los Inocentes, la Basílica de la Santísima Anunciación o el museo Arqueológico; en el barrio de Santa Cruz, es imprescindible la visita al Palacio Pazzi, la Basílica de Santa Cruz el panteón de hombres ilustres de la historia de Florencia- el Palacio de San Firenze; al sur, el Barrio de Oltrarno, con su magnífica y asequible oferta de restauración, el Barrio de los Artesanos o el de Santo Espíritu, con su bella iglesia del mismo nombre repleta de capillas y retablos del siglo XV originales, pueden completar una visita excepcional a la poderosa ciudad de los Médici.