LA GANADORA MÁS JOVEN DEL PREMIO PLANETA PRESENTA "MILEURISTAS"
Nunca fue una niña muy normal, una incomprendida que se sentía sola frente al mundo. Vivió una adolescencia muy dura y sufrió una de las enfermedades más comunes de su generación: la bulimia. Hoy Espido Freire puede presumir de haber superado esa etapa y de haber convertido su sueño en realidad: el de ser escritora. Con dieciséis años ya había creado su primera novela: Irlanda y con veinticinco era la ganadora más joven del Premio Planeta gracias a Melocotones helados . Y es que la bilbaína cree que morirá pronto debido a lo rápido que le ha venido todo y a la intensidad con la que ha agotado cada etapa de su vida.
Inconformista y comprometida con su tiempo, a Espido Freire le gusta aparcar de vez en cuando sus novelas de ficción para reivindicar algunos de los problemas de la sociedad. Esta vez se atreve con Mileuristas , un ensayo que repasa, entre otras cosas, la situación laboral de los jóvenes, y para el que está preparando ya la segunda parte, el retrato nostálgico de toda una generación.
- ¿Cómo surge la idea de escribir Mileuristas ?
- No sé cuándo es exactamente pero todo comenzó haciendo una revisión de los artículos de estos últimos años, me di cuenta de que hay varios temas que se repiten: uno de ellos es la diferencia de mentalidad entre la generación anterior y la actual. A lo largo de 2004 comienzo a plantearme en serio qué está pasando, por qué soy la única tertuliana joven, por qué no existen columnistas de mi edad... y pasa en todas las empresas. Hay un acaparamiento de puestos de responsabilidad y los jóvenes, que ya no lo somos tanto, no estamos accediendo a ellos, a una estabilidad económica.
- ¿Habrá una segunda parte?
- Sí, la idea ha sido escribir un libro dividido en dos partes, una de ellas trata la formación y la educación, y otra futura que tratará de nuestra relación con la realidad porque es la generación que ha vivido con el SIDA, con la bulimia y la anorexia, con la cirugía estética... Cuando hablamos de una generación no podemos centrarlo solamente en lo económico. El mileurismo no tiene sólo que ver con la economía sino con un modo de vida y con una mentalidad. El mileurista está en un mundo que no puede cambiar, porque se supone que eso ya está hecho, pero que no lo ha elegido.
- Y les ponen la etiqueta de conformistas.
- En realidad lo somos. Es cierto que no tan pasivos como nos creen pero en general lo somos, y es cierto que no se están buscando soluciones reales. De todas formas no es tan negativo, si estuviésemos tan tan mal esto sería un escándalo pero ahora se va sobreviviendo con algún soporte por parte de los padres o de la pareja y con el ánimo de que esto no va a durar para siempre.
- Hay profesiones especialmente afectadas.
- Tengo varios amigos periodistas que siguen haciendo trabajo de becarios. Ninguno de los grandes columnistas baja de los treinta y cinco años, entonces, ¿quién está creando opinión en nuestro país?, porque quizás no sea adecuado que escriba una columna un chico de veinte años... pero es que tenemos treinta. Esa sensación me llena de inquietudes, y no barro hacia mí porque yo tengo los recursos para solucionar mi vida pero ¿qué está pasando con el resto de la gente?
MILEURISTAS POR POCO TIEMPO
- ¿Es Mileuristas un libro para mileuristas o para que otras generaciones entiendan lo que está pasando?
- No es un libro realizado por un sociólogo, ni un economista... es sólo una aproximación que intenta primero concretar y después que puede existir una posibilidad de diálogo social. Me dicen que no aporto soluciones pero es que yo no las tengo, ojalá las tuviera. Hoy en España nadie quiere ser llamado intelectual y sin embargo tenemos un alto nivel de población joven universitaria. Existe una especia de dejadez.
- ¿Qué esperanza le queda a un mileurista?
- Hay muchas y una de ellas, que puede parecer muy tonta, es que la vida es muy larga y esto es una situación de transición, no va a durar siempre. Se arreglará por la desaparición de la gente anterior, por herencia... La generación anterior tiene incluso dos residencias.
- También empezaron de cero.
- Sí, pero eran otras circunstancias, no lo tuvieron ni más fácil ni más difícil, simplemente era distinto. Primero porque no había expectativas creadas, la idea era pagar un piso, casarte, tener hijos y estar fijo en la empresa. Nosotros no tenemos estabilidad laboral ni acceso a la vivienda pero aún así queremos tenerlo. La situación de fracaso es muy grande. Nadie nos hizo una promesa pero se nos educó para otra cosa.
- Mileuristas hace referencia no sólo a un sueldo sino a toda una generación.
- La segunda parte tiene un anexo que se titula ejercicios de nostalgia que sirve de evasión. Es nuestro paraíso perdido. Por ejemplo no hay más que ver la publicidad, la familia Telerín está de nuevo anunciando juguetes porque los niños que veían esos dibujos ahora tienen hijos así que nosotros dentro de unos años veremos a otros como David el gnomo.
UNA ESCRITORA OSADA
- ¿Cómo ves el panorama literario actual?
- Los novelistas sí podemos aspirar a un afán de lucro, por lo tanto, podemos analizar si somos o no objeto de inversión, y no lo somos. Los grandes sellos no están apostando por jóvenes aunque tampoco lo están haciendo con otros más mayores. Están en un momento en el que existen unas consignas muy claras que tienen que ver con los bombazos internacionales. Como modo de paliar ese efecto se están creando editoriales alternativas, más pequeñas, que permiten la difusión. Sin embrago, hay una contradicción, no está bien asociar todo lo comercial y todo lo bien distribuido a lo malo. Si una gran empresa apuesta por tu obra significa que es mala, mientras que las pequeñas editoriales están realizando trabajos para las pequeñas elites culturales. Ninguna de estás cosas son ciertas.
- Tus libros no tienen nada que ver con los temas que se ponen de moda en la literatura contemporánea...
- Ni tienen nada que ver con las modas ni tan siquiera tienen que ver uno con otro. Hay críticos que me preguntan si mis lectores pueden seguirme porque en general está todo muy disperso. Ahora están de moda las novelas, casi todo el mundo quiere escribir y comprar este género. Por ejemplo, el ensayo y los cuentos quedan a parte.
- Tú te has atrevido con casi todo: cuentos, ensayos, novelas... ¿qué te falta?
- Me falta el teatro y no sé si lo voy a hacer nunca.
- ¿Con qué no te atreverías?
- No lo sé porque soy muy osada, soy de Bilbao. Prefiero no decirlo porque llevo nueve años de carrera profesional pero sólo tengo treinta y dos, así que tengo muchas posibilidades de seguir avanzando. Ahora estoy estudiando un doctorado a cerca de literaturas europeas y géneros literarios. Estoy segura de que cuando termine el doctorado y comience con la tesis se va a ampliar mi manera de ver la propia literatura. Aún estoy en periodo de formación, los escritores lo estamos durante casi toda la vida.
- ¿Cómo has evolucionado durante estos nueve años de carrera?
- Antes tenía una postura muy clasicista respecto a la literatura, no consideraba que se pudiera contemplar la relación con otros géneros. Ahora en cambio esa idea es totalmente distinta, soy menos clásica y tengo mucho interés por la idea de la vanguardia literaria. Soy menos ingenua y creo que empiezo a distinguir lo que es mi trabajo de lo que es la difusión. En cambio, creo que no me he librado de varias etiquetas como es la del premio Planeta o la de la empollona de la clase. Deberíamos llegar ya a un grado de complejidad en el que lo evidente no fuera únicamente lo que cuenta. Sin embrago, me ha ido bien, he tenido suerte, puedo hacer un balance positivo.
SIN APEGO A SUS NOVELAS
- ¿A qué personaje de tus novelas le tienes más cariño?
- No soy muy apegada a mis libros, de hecho los tengo mezclados con los de otros autores, no están en una urna. Sí que los reviso de vez en cuando y pienso en hacer reediciones de cosas que me gustaría corregir. Quizás Irlanda , al ser el primer libro, me ha dado muchas satisfacciones. Son libros, no parte de mí. Hay gente que dice que una historia eres tú, y para mí es todo lo contrario, una historia es una historia, y un libro es un proyecto que has desarrollado con mucho amor pero durante un tiempo.
- ¿Los elaboras a partir de algún hecho real que te llama la atención o surgen íntegramente de ti?
- No, generalmente son reflexiones abstractas, lo mismo que los ensayos. Hay un momento en el que me doy cuenta de que no paro de pensar en tres o cuatro temas. Los artículos permiten una buena salida, pero cuando no basta me planteo un libro. Soy una ecologista convencida, me encantan las plantas y los animales y me he involucrado de manera persona. Quizás porque lo estoy llevando día a día, no me ha llegado la necesidad de escribir un ensayo acerca de estos temas. Con el libro de la bulimia o con Mileuristas la sensación era de una impotencia brutal, de que lo único que yo podía hacer era escribirlo.
- ¿Has sentido alguna vez el miedo a la hoja en blanco?
- No, no sé lo que es eso. Nunca me he encontrado con una hoja en blanco o una pantalla vacía y no he sabido qué escribir, tan siquiera en una postal de felicitación, al contrario, tengo mucha facilidad y me divierte muchísimo. No tengo una sensación de sufrimiento. A veces los artículos se escriben a contrarreloj, cuando tienes que cumplir un plazo, pero aún así me lo paso muy bien.
- ¿Has encontrado muchas piedras en el camino?
- Por suerte no. Tuve una adolescencia muy dolorosa porque estuve enferma con bulimia. Coincidió con mi carrera musical que fue una época muy dura, donde lo pasé francamente mal. Me sentía a parte porque yo no era una niña muy común. Hoy en día sigue sin aceptarse bien eso, no había psicólogos de apoyo, estaba sola frente al mundo. Y una cosa era cómo te defendías y otra cómo te sentías. Una vez que fui solucionando poco a poco esos problemas el resto iba más o menos rodado. También se me murió mucha gente de mi familia muy pronto así que la experiencia de la muerte también estaba muy cercana a mí. Gané también un premio muy importante cuando era muy joven. Las piedras han sido la crítica personal.
- ¿Cómo saliste de esas críticas?
- Asumiendo tópicos. Por ejemplo porque mi aspecto en las fotografías fuese uno, yo debía de ser angelical, tímida y ñoña, cosa que no he sido nunca. Esa ha sido la única piedra, que además creo que es algo sano porque te permite aceptar además que no vas a gustar a todo el mundo y ni falta que hace.
QUERÍA SER ASTRONAUTA
- Antes de tu afición por la escritura te dedicaste a la música, ¿qué es lo que querías ser realmente cuando eras pequeña?
- Primero quise ser astronauta y por eso todos los dibujos que hacía eran de la pequeña Espidito en el espacio. Me aprendía los pesos y las distancias de los planetas y me fascinaba la idea de salir de este mundo. Luego quise ser poeta, las dos cosas tenían mucho futuro (risas). Y más mayor me planteé la carrera diplomática porque eso me permitía viajar, aprender idiomas y ser útil, por eso comencé derecho. Mientras tanto, existía la vocación literaria y al cabo de un año abandoné la carrera y ya me metí en filología.
- ¿Tenías ya antes de la carrera la vocación literaria?
- Sí, lo que ocurría es que por mis circunstancias familiares yo no me podía dedicar a escribir únicamente. Mis padres me decían lo de siempre, que buscase un trabajo seguro. Cuando cumplí diecinueve años abandoné la música y el derecho, que era lo que parecía que me iba a mí a facilitar la vida y aposté por una opción personal aunque ya con dieciséis años había empezado a escribir Irlanda y mi apodo en el colegio era la diccionario porque leía todo lo que caía en mis manos.
- Si no hubiese salido bien lo de la literatura, ¿a qué te hubieses dedicado?
- Yo estaba convencida de que saldría bien pero que tardaría muchos años. Mi intención era dedicarme a la traducción, que es un trabajo que ya he ejercido. Cuando acabé la carrera empecé un Master en Edición y Publicación de Textos, para poder trabajar en el mundo editorial o al menos familiarizarme con el tema.
- Al final salió muchísimo antes de lo que esperabas.
- Sí, pero me pasa en mi vida en general. Me imagino que me moriré pronto porque todas las etapas las he apurado muy deprisa. Me descubrieron para el canto con once años. Mi primera novela tendría que esperar muchos años para publicarse y al final publiqué a los veintitrés, un premio importante a los veinticinco.
- ¿Tienes una asignatura pendiente?
- Me queda el carnet de conducir y me lo estoy planteando desde el punto de vista ecologista, alquilar un coche entre varias personas, es decir, un coche como multipropiedad. Me interesa la idea de consumo pero como algo novedoso y personalizado, que te permita dentro de lo que cabe tener la conciencia más o menos tranquila. Tengo también pendiente la tesis.
- ¿Qué es lo que más valoras en una persona?
- Depende mucho de la persona y de la relación que tenga con ella, no disculpamos lo mismo a los conocidos que a los desconocidos. A quienes nos gustan que a los que no. Quizás la coherencia, eso incluye muchas cosas: responsabilidad, sinceridad, madurez...
- ¿Qué es lo que más detestas de la sociedad?
La hipocresía y la grosería, muchas veces están unidos.