EL POLÉMICO ESCRITOR DE SETENTA AÑOS SE PLANTEA SER PADRE POR CUARTA VEZ
Con un a mí la política me aburre despedido de su boca, comenzamos a ahondar en este personaje contradictorio e interesante para algunos, provocador y polémico para otros. Presenta un informativo, pero no se considera un presentador y menos un comunicador. Él es escritor. Y, para añadir un elemento más a esto que puede resultar algo confuso, el telediario que presenta todas las noches en Telemadrid, a las doce, de lunes a viernes, lo define como un informativo opinativo . Fernando Sánchez Dragó tiene setenta años, ya cercanos a los setenta y uno, y tres hijos, todos de distinta madre que, a su vez, son de distinta nacionalidad, pero que tienen su genética en común. Y aún podrían llegar más ya que, como cuenta él mismo, la maquinaria del reloj biológico de su actual esposa de origen japonés, Naoko, se ha puesto en marcha a sus treinta tres años.
Ahora vuelve, a modo de publicación, a rememorar los monólogos más controvertidos que ha brindado al Diario de la noche en un libro que lleva el mismo nombre y por subtítulo: Los textos más polémicos del informativo nocturno más personal . Con Grupo Planeta como editor, Dragó ofrece a los lectores, en forma de recopilación, los textos íntegros de su prosa manifiesta de materia variada que lleva el sello característico de su habla audaz y cultivada en Filología Románica y Lenguas Modernas.
-¿Hay más vida detrás de ese Dragó mental de opinión, ese gran verdugo oral?
-Lo que ahora llamamos cerebro es lo que, antiguamente, llamábamos corazón. El cerebro es la base de la vida y de la emotividad. Llevar una vida cerebral significa, sencillamente, llevar una vida humana. No estoy metido en el mundo de la información en absoluto. Soy una persona extraordinariamente desinformada porque no me interesa. No oigo la radio, no veo la televisión y sólo leo un rato el periódico mientras desayuno. Lo que se ve de mí es un Dragó que informa, opina y publica libros, pero mi vida no es eso. La mayor parte de mi vida transcurre en el silencio, en mi pueblo soriano, ligando con chicas, yendo al cine y, sobre todo, viajando por las tierras de Asia y África. Tengo una vida muy intensa.
-¿Y qué prima en esa vida?
-Cuando me operaron del corazón hace tres años me planteé muchas cosas. Cuando se te presenta ese tipo de coyuntura no sabes lo qué va a pasar, pero una vez superado aquello me encontré fantásticamente bien como cuando tenía veinte años y a la vista está. Me di cuenta de que, realmente, puedo prescindir de todo, incluidos comer y hacer el amor, pero había tres cosas con las cuales no podía seguir viviendo si me faltaban: viajar, eso me preocupaba muchísimo, escribir, en eso soy como José Tomás que dijo que vivir sin torear no es vivir , que no es lo mismo que publicar, y leer. Afortunadamente puedo seguir haciendo las tres cosas.
-Se te ve una persona completa, segura y que aprovecha el presente. ¿Qué hay que cultivar en el día a día para conseguir esa plenitud?
-Ésa es una pregunta muy vasta. Toda mi vida ha sido la tentativa de lo que los griegos llamaban conócete a ti mismo . Creo que una vida que no se dedica a eso no sirve para nada porque no estás en tus zapatos ni sabes quién eres. Cuando te conoces a ti mismo averiguas lo que sabes hacer y cuál es tu función en el universo. En ese momento lo que sabes hacer coincide con lo que debes hacer, lo que te hace libre y ser feliz, a la vez que vives con la consciencia tranquila. La suma de todo eso es esa seguridad. En la vida hay karma. Karma del bueno y del malo. Le atribuyo extraordinaria importancia a todo lo que sucede en la infancia. Soy hijo póstumo por lo que no tuve problemas con mi padre. Por regla general, todos los hijos se enfrentan a la figura paterna y las hijas, a la materna. Desgraciadamente, a mi padre lo mataron antes que naciera lo que significa que dormí con mi madre hasta los ocho años cuando contrajo matrimonio por segunda vez. Nunca tuve que encararme a mi padre. Desde el primer momento, fui el rey de la casa, el objeto de la adoración, incluso pasional, de mi madre. Eso me dio una extraordinaria fortaleza psicológica. Nunca he tenido miedo a nada, ni siquiera a la muerte. En segundo lugar, eran tiempos de penuria, guerra y escasez. El resultado fue que mi madre me tuvo que amamantar durante dos años. Creo que eso me ha dado una salud formidable. Nunca estoy enfermo.
-Al mal tiempo buena cara como dicen...
-Durante toda mi vida he seguido esa filosofía. Cuando hablaba a mis amigos sobre el colegio de curas donde estaba se apabullaban, pero, aunque podía ser duro, todos los recuerdos de aquella época son magníficos. Lo mismo cuando me metieron en la cárcel a los diecinueve años. Venía de una buena familia del barrio de Salamanca y que me procesaran por el Código de Justicia Militar con la posibilidad de pena de muerte también horrorizaba. Sin embargo, la viví como una aventura. Pasado el tiempo, me exiliaron y me encontré, pasados los veinte años, con un pasaporte falso de un amigo, con siete mil pesetas en el bolsillo y un horizonte por delante. Me resultó fantástico. Ése fue, quizá, el momento más feliz de mi vida. Si te das cuenta de que las malas noticias no existen y de que un fracaso es siempre el primer peldaño al triunfo, eres siempre feliz.
-Aprovechando esa mirada tuya al lado bueno de las cosas, ¿qué ves de positivo en el mundo, tan criticado, de hoy?
-Soy un náufrago del mundo actual. En una de mis novelas, El camino del corazón , hay una cita de Kipling que dice: todo esto no digáis que no lo aviso, tan perdido está como La Atlántida . Todo el mundo que conocía ha desaparecido. Se ha ido el diablo. Estamos en la fase terminal de un ciclo de la civilización. Suelo decir que el fin del mundo ya ha llegado y que la gente aún no se ha dado cuenta porque creen que el final es como una escenificación donde el telón cae. No es así. Es un proceso del deterioro de las relaciones humanas, del lazo entre el hombre y la naturaleza y del ecosistema, y ahí estamos metidos hasta el fondo. En cambio, esto también lo vivo de forma positiva. Pero va todo fatal. Hablo con mis hijos y me doy cuenta de todas las cosas maravillosas que habían en el mundo en el que yo nací. Imagina las que habrían uno, dos o tres siglos antes. El mundo va constantemente hacia atrás.
-¿Cuántos años tienen tus hijos?
-Tengo un verdadero surtido de hijos. Me casé en la cárcel, por primera vez, cuando tenía veintiún años así que tengo un hijo que está a punto de cumplir cuarenta y ocho años. Luego, una hija que está cerca de los treinta y ocho, y otra que va hacia los veintisiete. Voy haciéndolos cada diez años. Es bastante posible que tenga otro hijo porque mi mujer actual, Naoko, tiene treinta y ocho años menos que yo y llega un momento en que a las mujeres se le activa el mandato biológico. Los hombres no lo tenemos. Para nosotros la paternidad es adquirida, fruto de una cultura. Por lo que comprendo que si mi mujer quiere tener un hijo, se lo daré. Cuando ocurra se producirá una situación verdaderamente curiosa: mi hijo menor será cincuenta años más joven que el mayor.
-Retomando el hilo de la conversación, entonces, ¿cuál fue el comienzo de nuestra decadencia?
-Creo que el punto máximo de la historia humana es el siglo VI antes de Cristo. Ése es el momento del Budha de la India, del pensamiento presocrático de Pitágoras, de los Órficos... Es el momento en el que la humanidad alcanza su plenitud. Casi todo lo que sabemos hoy se dijo ya entonces. A partir de ahí, el mundo está en continua decadencia. No avanza sino retrocede. Hemos llegado a lo que los hindúes llamaban el Kaliyuga que, si te das cuenta, es la descripción minuciosa de la época en que vivimos como podrían ser las páginas de un periódico de hoy.
-Siguiendo esta línea de pensamiento, también es posible que lleguemos a un punto de inflexión y retomemos el vuelo...
-La vida es inextinguible. Por supuesto que va a empezar otra vez un siglo de civilización y cultura. Ya ha habido otros Apocalipsis. Pero, de momento, lo vamos a pasar mal en los años venideros. Hemos pasado del mundo de verdad que es el del ser y hacer al mundo del estar y del tener por lo que, mientras no renunciemos a esto, las cosas irán fatal.
-Es interesante tener hijos con un abanico de edades tan amplio...
-Además, mis hijos son de tres madres diferentes y cada una de ellas de distinta nacionalidad por lo cual he vivido una experiencia extraordinaria a través de ellos y espero que ellos también de mí. Me ha costado mucho ser un buen padre por la falta de una figura paterna en mi vida, pero una vez pasada la fase de aprendizaje he sido un padre fantástico. Y no sólo eso. He sido, también, madre, abuelo, abuela, comadrona, costurera...
-Y, ¿viven todos en Madrid?
-Sí. Están todos en Madrid. En medio de tantas mujeres, pues llevo siete conyugales por no contar el resto, los viajes, las guerras, los exilios y las cárceles, el milagro de mi vida es que he conseguido construir una familia modélica en la cual todos mis hijos se consideran hermanos, todos nos queremos y nos vemos continuamente. El mejor momento del año para mí, por el mes de abril, es cuando los reúno a todos incluidos mis nietos y los llevo a hacer un viaje a la India, a Nepal, a Tanzania... Este año hemos recorrido juntos el Nilo. Es una vida extraordinaria que no tiene un pero. He tenido muy buena suerte porque, estadísticamente, con tres hijos alguno me debería haber salido drogadicto, facha o socialista.