COMPARTE SU VIDA SENTIMENTAL CON SU MUJER, NAOKO, JAPONESA Y TREINTA Y OCHO AÑOS MENOR QUE ÉL
La polémica y las críticas suelen ir siempre de la mano con Sánchez Dragó, y esta vez no creo que vaya a ser menos, y es que el escritor y comunicador ha publicado un duro libro en el que tacha a España de hortera, maleducada, y devastada por la envidia, entre otras cosas. Dice además que está dolido con España, y que el país en el que él nació poseía una identidad y un carácter del que hoy carece por completo. Afirma que sólo hay dos cosas por las que puede decir que sigue siendo español. Y son: la lengua y los toros.
En este contexto, el escritor admite que se considera indio, egipcio y japonés, que en estos países es donde mejor se vive, a diferencia de lo que, según él, piensan muchos triunfalistas españoles que ven su país como el mejor.
A pesar de lo que muchos pensábamos, Sánchez Dragó dice que no le interesa nada la política. Sigue siendo el mismo hippy antifranquista de entonces, y de ahí que el próximo catorce de marzo deje Diario de la noche , en Telemadrid. De ahí se irá a África con sus hijos y sus nietos, y después, hacia el mes de abril, se irá con su mujer, Naoko, a hacer la ruta del Islam, esto es, Turquía, Irán, Pakistán, quizás Afganistán, hasta llegar a la India. Aún así, este carácter apolítico no resta su simpatía hacia Esperanza Aguirre, de la que asegura ser amigo y vecino.
¿Qué espera con este libro?
Espero muchas cosas, remover las aguas. He escrito un libro muy duro, que me ha costado trabajo escribir y que lo he escrito incluso a disgusto. Lo he escrito contra España y es un libro en el que, como dice el título, se habla muy mal de la España actual. Y además, es un libro que cierra un ciclo en mi obra literaria. Yo dedico cuatro volúmenes a la España mágica, pero ahora he pasado a la España actual, que es la España hortera, en la que el pueblo, poco a poco, se va convirtiendo en plebe.
¿Por qué le ha dado ese título?
Viene de un verso que aprendí yo en el colegio cuando era pequeño de un poeta del siglo XIX que dice: Oyendo hablar a un hombre, fácil es adivinar dónde vio la luz del sol; si os alaba Inglaterra, será inglés; si os habla mal de Prusia, será francés; y si habla mal de España, es español , con lo cual, yo demuestro que, a pesar de hablar tan mal de España, seguramente soy español. Cuando me pongo a lanzar sapos sobre el país, mis hijos y mis amigos me dicen ¡pero si tú eres más español que nadie!
¿Está dolido con España?
Sí, estoy dolido, estoy cansado de este país aristofóbico, donde siempre se detesta lo mejor. En cuanto alguien despunta van a cortarle la cabeza en este país de la envidia, del cainismo, de la mala educación, del griterío, del desorden, de la chapuza, de los horarios estúpidos.
¿Por qué antes no era así? ¿Tan grande ha sido ese cambio?
Ha cambiado por completo. La España en la que yo nací era un país con carácter, con personalidad, con originalidad, es decir, era una patria, y no sólo una nación. Pero luego, al uniformizarnos con el resto del mundo hemos ido perdiendo todos esos rasgos que nos conferían identidad.
¿Cuál es la diferencia entre patria y nación?
Nación es un concepto administrativo, donde hay un ejército, un gobierno, unas leyes, etc., de manera que, desde ese punto de vista, cualquier persona que haya nacido en una nación que se llama España, Francia o Italia, es español, francés o italiano. Pero la patria es mucho más complicado, es un sentimiento, y para que se produzca ese sentimiento, y uno se sienta en una patria, ésta tiene que diferenciarse del resto del mundo.
¿Se considera español?
Sólo hay dos cosas por las cuales yo puedo seguir diciendo que soy español: la lengua, que es nuestra identidad más profunda; y luego, los toros, que son un fenómeno extraordinario que únicamente existe en España. Es lo único que sobrevive en el globo terráqueo del mundo antiguo. Estas dos cosas confieren a este país una identidad extraordinaria.
¿Se podría decir entonces que su patriotismo ha ido cayendo a lo largo de los años?
Sí, aunque ya cuando empecé a escribir mi libro Gárgoris y Habidis. Una Historia Mágica de España , en el '72, mi patriotismo empezaba a exiliarme del país. Ese proceso ha ido in crescendo, y ahora, verdaderamente, me siento muy lejos de este país y a punto de irme otra vez al exilio.
Usted, que físicamente ha viajado por muchos países, no sé si existe alguno que le haya marcado de manera especial o en el cree que se siente muy a gusto.
Yo me siento egipcio, indio y japonés. Son los tres países que más me gustan del mundo y realmente donde me gusta vivir. En España no me gusta vivir nada. Los españoles siempre van diciendo que España es el país en el que mejor se vive del mundo; es el peor, y por una razón muy sencilla, porque no funciona nada, porque es el país después de Italia con mayor número de sinvergüenzas por metro cuadrado del mundo, y eso agota, estar siempre con la mosca detrás de la oreja de que todo el mundo te está engañando, el fontanero, tu mujer, tu subordinado; y luego también que es un país muy maleducado, y la buena educación, para mí, es importantísima. De hecho, el libro comienza describiendo lo accidentado que resulta volver del aeropuerto de Barajas a mi casa, en pleno centro de Madrid, en el barrio de Malasaña, pared con pared con Esperanza Aguirre.
Ahora que nombra a Esperanza Aguirre, usted siempre se ha definido como esperancista , ¿qué opina de las últimas disputas entre Aguirre y Gallardón?
Yo en mi libro hablo también muy mal de los políticos en general. En contra de lo que todo el mundo cree, a mí no me interesa nada la política, creo que la política sobra. Si no hubiera políticos, el mundo funcionaría mucho mejor. Pero dicho esto, entre los políticos españoles, el que me parece que tiene más solidez y más futuro es Esperanza Aguirre. Y, por otra parte, yo soy amigo de mis amigos, a ningún amigo le pido el carnet ideológico, yo disiento de todo y a Esperanza la conozco desde hace treinta años, entre otros motivos, por motivos de vecindad, y es amiga mía.
¿Le queda algo de esa juventud de hippy izquierdista?
Yo, realmente, nunca fui de izquierdas, yo fui antifranquista, que es muy distinto. Cuando llegué a la universidad no había más vehículo para ser antifranquista que el Partido Comunista, entonces me metí ahí, pero nunca fui comunista. Yo he sido toda mi vida liberal. Los hippies estábamos despolitizados, no teníamos ideología alguna. Sigo siendo el mismo hippy, hasta tal punto que el día catorce de marzo dejo de hacer Diario de la noche e inmediatamente agarro un avión y me voy a África con mis hijos, que es un viaje que hago con ellos y con mis nietos todos los años, y luego, en cuanto vuelva en abril quiero hacerme con un Hummer, un jeep gigantesco, e irme con mi japonesita, mi mujer, y hacer toda la ruta del Islam, es decir, Turquía, Irán, Pakistán, quizá Afganistán, y llegar a la India, donde escribir una serie de libros.
Háblenos de sus hijos.
Tengo un verdadero surtido de hijos. Me casé en la cárcel, por primera vez, cuando tenía veintiún años así que tengo un hijo que está a punto de cumplir cuarenta y ocho años. Luego, una hija que está cerca de los treinta y ocho, y otra que va hacia los veintisiete. Voy haciéndolos cada diez años. Es bastante posible que tenga otro hijo porque mi mujer actual, Naoko, tiene treinta y ocho años menos que yo y llega un momento en que a las mujeres se le activa el mandato biológico. Por lo que comprendo que si mi mujer quiere tener un hijo, se lo daré. Cuando ocurra se producirá una situación verdaderamente curiosa: mi hijo menor será cincuenta años más joven que el mayor.
Es interesante tener hijos con un abanico de edades tan amplio...
Además, mis hijos son de tres madres diferentes y cada una de ellas de distinta nacionalidad por lo cual he vivido una experiencia extraordinaria a través de ellos y espero que ellos también de mí. Me ha costado mucho ser un buen padre por la falta de una figura paterna en mi vida, pero una vez pasada la fase de aprendizaje he sido un padre fantástico. Y no sólo eso. He sido, también, madre, abuelo, abuela, comadrona, costurera...
¿Qué le dice su mujer sobre el libro?
Mi mujer es japonesa, pero tanto ella como la gente de mi entorno, me han dicho que están de acuerdo con todo lo que he escrito.
¿Cree que hay gente que pueda opinar como usted pero que no es capaz de escribirlo?
Seguro. Hasta ahora, todos los que lo han leído, sean de derechas o de izquierdas, me han dado la razón
¿El dejar la televisión se debe a que está cansado?
En primer lugar, a mí nunca me ha gustado la televisión, es una especie de condena. A mí me gusta hacer programas de libros, que es lo que vengo haciendo desde hace treinta años, y eso lo voy a seguir haciendo si me dejan. El Diario de la noche es una aventura que ya he corrido, ha sido una experiencia interesantísima, pero ya está, ya me aburre. Además, ahí me veo obligado a hablar de política y, como ya he dicho, no me gusta nada, y también a entrevistar a políticos que, por lo general, son traslúcidos, no dicen nada, contestan siempre con los eslóganes que sus jefes de campaña les ha metido en la cabeza.
¿Cuál ha sido la entrevista de la que se siente más orgulloso?
Yo he hecho miles de entrevistas, y aquellas que más me han marcado en general, son aquellas en las cuales yo he dado a conocer a un escritor. Eso me ha pasado sobre todo con Jodorowsky. Cuando he conseguido convencer a alguien para que leyera los libros de un determinado escritor, o, incluso, cuando le he descubierto, es cuando yo me siento mejor pagado por las entrevistas.
¿Y qué le gusta leer a Sánchez Dragó?
Novelas no, me aburren muchísimo. A mí me gusta leer poesía, filosofía y me gustan mucho los epistolarios, los diarios, los libros escritos en primera persona. Pero, por desgracia, me veo obligado a leer muchas novelas para invitar a los novelistas a venir a Las noches blancas .