EL EQUIPO DE VIAJEROS RECORRERÁ MÁS DE 50.000 KILÓMETROS POR 25 PAÍSES AFRICANOS
La ausencia de estrés y de enfermedades mentales caracteriza sus pueblos tribales. Viven los ritmos naturales que hacen vibrar el día y la noche, las estaciones y la naturaleza. En palabras del Doctor Francisco Giner Abati, Catedrático de Antropología de la Universidad de Salamanca, los subsaharianos gozan de una calidad de vida envidiable donde la armonía con su entorno se materializa en la sensación de que ellos son de la naturaleza y la naturaleza es de ellos . Ésta son tantas de las reflexiones de un hombre que, en 1989, iniciaba un proyecto mayor ambicioso pero no, por ello, utópico: un viaje por los distintos continentes con la idea de descubrir en la práctica, aspirando a más que la mera base filosófica de la cual se empapó en sus comienzos, qué es el hombre, cuál es su denominador común.
Expedición Española África 2007 , impulsada por Casa África y con el Doctor Abati como jefe de expedición, retoma los pasos andados en 2006 ampliando la lista de países a visitar del continente africano, de veinte a veinticinco o treinta, y haciendo una segunda parada en algunos de ellos como Namibia donde sembraron promesas como la construcción de pozos, conducciones y la organización de cooperativas y ahora van, financiados por la empresa Michelín y aseguradas por otras como Telefónica y Sony, a cumplir. El equipo de viajeros, formados, entre otros, por un biólogo, una psicóloga, un fotógrafo, una antropóloga y el Doctor Giner Abati, comenzó el recorrido el día 24 de julio en los dos mismos vehículos Nissan Patrol que los acompañaron ante las adversidades en la expedición anterior.
Recorrerán cincuenta mil kilómetros, diez mil más que el año pasado, con fecha de vuelta estimada para el 23 de enero de 2008, concentrando su investigación en el sur de Sudán, país al cual les fue imposible acceder debido a las lluvias, Etiopía, la República Democrática del Congo, Benín, Níger, Mali y quizá Namibia, dependiendo del itinerario que opten seguir una vez se encuentren en situación. Si no pudieran cruzar República Centro Africana o Chad, pasarían al plan B que atravesaría la zona del sur, una zona tropical que añadiría riesgo y tiempo a su aventura.
El objetivo de este viaje, en pos de la observación participante , es producir documentales cinematográficas de las más remotas y menos avanzadas sociedades del África subsahariana para darlas a conocer y encajarlas en el puzzle de cuál es el denominador común del hombre que el Doctor Francisco Giner Abati, también médico especializado en enfermedades tropicales, intenta resolver. Y, es aquí, donde entra en juego la institución RTVE, otra de las patas de la iniciativa. Televisión Española será la plataforma a través de la que emitan los archivos audiovisuales que vayan recopilando a lo largo de su viaje.
-¿Cuál es la finalidad de esta expedición?
-Se trata de ver, al final, qué somos nosotros mismos, qué es el hombre, qué es lo que tenemos en común que nos identifica y llegar a ese hombre universal. Buscamos dar explicaciones tanto de las diferencias como de las semejanzas que hay entre nosotros. Vamos a explorar ese mundo, no para enseñarles a ellos, aunque sí les enseñamos conceptos básicos sobre la higiene y la medicina, sino para ver qué podemos aprender de ellos porque nos superan en humanidad, en estímulos emocionales y sociales, y en calidad de vida. Cosas que en nuestra sociedad, debido, en parte, al ritmo que nos impone, están mermando.
-¿El progreso del que empiezan a gozar algunas sociedades en África no les roba sus valores?
-Es un hecho que cuando las tribus se incorporan al mercado, al tren de la globalización con su alcance industrial y tecnológico, se deterioran. Ellos mismos me lo han dicho. Por ejemplo, a los nubios del sur de Egipto, que están en el sur del continente, les llega mucho turismo. Me decían que su cultura está perdiendo sus valores y riqueza tradicional a medida que ganan del progreso. Algunos rechazan esa tecnología pero otros la aceptan porque significa tener agua caliente, ducha y móvil, y todo eso les gusta aunque también lo ven con pena. En cambio, al norte de Sudán el turismo no llega por lo que aún viven al ritmo de sus tradiciones. Angola, lo mismo, pero como causa de la guerra.
"SOMOS ANIMALES NOSTÁLGICOS, CUANDO ESTÁS EN LAS TRIBUS TE ACUERDAS DE TU FAMILIA Y AMIGOS Y CUANDO VUELVES TE ACUERDAS DE LO QUE DEJASTE EN ÁFRICA"
-¿Son compatibles esos valores comunitarios con nuestra forma de vida occidental basada en el beneficio y desarrollo tecnológico?
-Nosotros debemos hacerlo posible. Las comodidades que proporciona la tecnología son asequibles y bienvenidas porque nos dan salud y calidad de vida en cuanto a lo material, pero no deben ser a costa de quitarnos tiempo para la comunicación de la que esas tribus disfrutan. Ellos no tienen que ver la televisión, leer las noticias ni ver el correo electrónico pero, a cambio, gozan de mucho tiempo libre para, por la noche, hacer una hoguera y cenar tranquilamente mientras aprecian la naturaleza. Nosotros tendríamos que reflexionar en cuanto a esto. Quizá hemos sido demasiado ansiosos y ambiciosos. Por querer abarcar más tecnología y un beneficio mayor, perdemos calidad de vida. Incluso el hecho de vivir en grandes ciudades nos roba de un tiempo que es irrecuperable. La pregunta que surge de la observación de estas sociedades es ¿hasta que punto podemos recuperar la vida de la pequeña comunidad? No hay que luchar por aumentar la capacidad de las ciudades sino crear comunidades en las que podamos desarrollar nuestro trabajo, estando más tiempo con nuestras familias y amigos, lo que sería estar en una tribu. Quizá suene utópico pero no hay que adelantarse a negar su posibilidad.
-Comenzaste con el Proyecto Mayor, madre de esta expedición y la anterior, en 1989, ¿qué inquietud sentiste o qué te lanzó a embarcarte en algo tan grande?
-Es una pregunta tan larga como mi propia biografía. Ya estoy algo mayor (se ríe). A mí me interesó, fundamentalmente, el ser humano universal. Si te centras en sólo una comunidad, que puede ser tan importante como la tuya, estás perdiendo dimensiones de lo que es la humanidad. Por tanto, inicié un proyecto de documentación cultural comparativa en la que hice una primera selección de unas sesenta pequeñas sociedades de los distintos continentes. África es la que más nos ha llevado tiempo pero también hemos investigado el sudeste asiático, el Pacífico y nos queda todavía América y Europa para vernos a nosotros mismos con la experiencia del hombre de los demás continentes.
-¿Qué trayectoria tomaste que te llevó a ese punto?
-Yo empecé optando por la Filosofía que me enseñó que lo más importante es el hombre. Esto me llevó a estudiar Antropología y cuando acabé me di cuenta de que para estudiar una sociedad no puedes ir de mirón sino que tienes que participar para descubrir lo que sienten, lo que se llama observación participante . Para llevarlo a cabo intenté ver qué rol en común podía asumir en todas estas sociedades. La medicina fue la respuesta. Así, estudié medicina con especialización en medicina tropical para poder integrarme en ellas y conocer su cultura con la confianza que da la relación médico-paciente. Estudié también técnicas audiovisuales de cine en Alemania para usarla como la herramienta audiovisual, el ojo que me permitiera documentar y captar su esencia. En vez de contar cómo son esas sociedades, a través de las cámaras se presentan ellas mismas como un documento de la historia de la humanidad y de la cultura de las sociedades que, además, están desapareciendo.
-Después de estas vivencias tan intensas, ¿qué sientes una vez de vuelta, inquietud por volver a marchar o confort por verte arropado por los tuyos?
-Es contradictorio. Somos animales nostálgicos. Cuando estás en las tribus te acuerdas de tu familia y amigos y, cuando estás de vuelta, recuerdas los nuevos amigos que dejaste en África y te preguntas cómo estará aquel pigmeo en la selva o si a aquel enfermo se le habrá cicatrizado la herida. Por eso el encuentro es tan bonito y el recuerdo es volver a pasar por el corazón por ello es reconfortante. Como universitario, paso seis meses explicando a mis alumnos todo lo que he aprendido en esa expedición y, después de ella, me vuelvo otro semestre porque, además, la universidad me pide seis meses de docencia y seis de investigación. Para mí es ideal. Para comunicar a los estudiantes lo que he vivido, escribo los guiones de los documentales y los edito. Me falta un poco de tiempo para sentarme a escribir libros de todo esto pero intentaré buscarlo.
-¿Te ha enseñado a vivir mejor y qué ha cambiado en ti esta experiencia?
-Me ha ayudado e intento mejorarme en humanidad. Al final lo que nos interesa es la felicidad. Ahora, quizá no nos atrevemos por prejuicios científicos a hablar de felicidad. Parece que es algo filosófico y utópico. Hablamos de calidad de vida pero, en realidad, esas canciones de nuestro folklore que dicen amor, salud, pesetas y tiempo para gozarlo es sabiduría popular. Nosotros tenemos dinero pero no tenemos tiempo para disfrutarlo. Cuando llegué por primera vez a las tribus me regañaban diciendo que era un maleducado porque me cruzaba con ellos y, en vez de preguntarles si habían descansado bien y preocuparme por ellos, les saludaba con prisas. Después ya me dejaban ir a hacer mis tareas. Al volver a España me miraban como si estuviera loco porque cuando iba por la facultad y me encontraba con un compañero me paraba a saludarlo tranquilamente y a ahondar en cómo estaba y se sentía. Es muy necesario recuperar esa calma, esa calidad de vida y no dejar que ni la sociedad ni el trabajo nos bambolee de un lado a otro. Lo más importante es tu amigo, tu hijo, tu madre, tu pareja... No podemos anteponer nuestras inquietudes profesionales a nuestros valores.