EL CENTRO CULTURAL CONDE DUQUE DE MADRID ACOGE LA EXPOSICIÓN DESDE HOY HASTA EL 6 DE ENERO
El Centro Cultural Conde Duque de Madrid acoge, desde hoy y hasta el 6 de enero, la exposición 'Centelles, las vidas de un fotógrafo', que reúne más de 300 imágenes de la guerra, principalmente de Cataluña, del exilio del artista en Francia y de su dolorosa vuelta, cuando se vio obligado a convertirse forzadamente en fotógrafo industrial y publicitario.
La muestra documenta la historia de cómo aquellos negativos se salvaron de la destrucción y volvieron a emerger al cabo de treinta y seis años, y presenta, por primera vez, una aproximación global a la figura del fotógrafo y a su obra que incluye la etapa formativa durante los años treinta, el desarrollo del reportaje gráfico en los periódicos de su época, las peripecias del fotoperiodista de la guerra y el exilio, y su reconocimiento, casi póstumo, como una figura internacional y como referente esencial.
Además, la exposición incluye instalaciones de fotógrafos contemporáneos como Joan Fontcuberta y Gervasio Sánchez, así como recreaciones audiovisuales firmadas por Quelic Berga y Maite Ninou. David Trueba y Kim Manresa han colaborado con valoraciones personales sobre el legado de Centelles.
CAZADOR DE IMÁGENES
Centelles destacó por su gran capacidad para representar la muerte, la desolación o el dolor de las víctimas. El artista quería ser, como él mismo decía, un 'cazador de imágenes'. Para Miquel Berga, comisario de la muestra, "sus imágenes son un ejemplo de cómo la emoción se transmite con más eficacia cuando se presenta despojada de un anecdotismo innecesario".
"Nadie como él ha retratado los momentos de máxima tensión colectiva vividos en Barcelona el 19 de julio de 1936 o durante los acontecimientos de mayo de 1937", defiende Berga, quien además añade que "las imágenes de guerra captadas en el frente de Aragón tienen el mismo poder de proximidad y de evocación que las mejores de Capa".
El fotógrafo intuyó la tensión entre fotografía y realidad, y entendió que el verismo de una fotografía iba más allá de su soporte material, y que era responsabilidad del propio fotógrafo insuflar vida a la imagen positivada. Por ello se revelaba contra las convenciones y las limitaciones técnicas de las fotos que hacían sus seniors a principios de los años treinta.