Iker Jiménez desvela los secretos del desastre de Chernobil en "La noche del fin del mundo"

Iker Jiménez y Carmen Porter
Iker Jiménez y Carmen Porter - EP

EL DOCUMENTAL ES EL RESULTADO DE UNA INVESTIGACIÓN DE CUATRO MESES SOBRE "LA HISTORIA MÁS IMPRESIONANTE" QUE HA CONOCIDO NUNCA

Cuatro e Iker Jiménez se adentran en uno de los sucesos más inquietantes de la historia moderna: el desastre de Chernobil. El director y presentador de Cuarto Milenio dirige "La noche del fin del mundo", un reportaje que aborda este suceso de manera inédita.

Producido por Plural Entertainment para Cuatro, este reportaje propone en 120 minutos una visión nunca antes vista de una de las mayores catástrofes de la historia de la humanidad. El 26 de abril de 1986, la ciudad ucraniana de Chernobil acogió el accidente nuclear más grave de la historia.

Aquel día, durante una prueba en la que se simulaba un corte de suministro eléctrico, un aumento súbito de potencia en uno de los reactores produjo el sobrecalentamiento del núcleo del recator nuclear, lo que provocó la explosión del hidrógeno acumulado en el interior.

La cantidad de material radioactivo liberado, unas 500 veces mayor que la fuerza liberada por la bomba atómica de Hirosima, causó la muerte a 31 personas, forzó al Gobierno de la antigua Unión Soviética aevacuar a unas 135.000 personas y provocó una alarma internacional al detectarse radioactividad en diversos países de Europa.

Desde que era un niño, Iker Jiménez se interesó por todo lo relacionado con lo paranormal y los fenómenos extraños, hecho que le llevó a presentar Cuarto Milenio , uno de los programas más estables de la televisión. Iker cambia ahora de temática y se adentra en una investigación periodística sobre el accidente de la central nuclear de Chernobil. Un reportaje en el que el conocido presentador trata de desvelar todos los secretos sobre la tragedia, y que no dejará indiferente a nadie.

-¿Crees que con trabajos como el tuyo se va a poder conocer exactamente qué pasó en Chernobil?

-No, porque el problema que hay con la radioactividad es que no se sabe qué enfermedades produce y cuales no. Es tanto el secreto, tanto el tiempo que ha pasado, que no sabremos nunca ni los muertos que hubo ni cuántas generaciones han quedado afectadas por eso.

-¿Por que has elegido investigar sobre la tragedia ocurrida en Chernobil?

-Me parecía una tragedia absoluta. Yo tenía trece años cuando ocurrió. A mi padre hace muchos años, le dieron un perdigonazo cazando, y tiene una marca. Recuerdo que cuando ocurrió esto, a mí padre le salió una especie de bulto en el brazo, y el médico le dijo que estaban teniendo casos de ese tipo. Pasarían cuatro días hasta que en España supieramos que en Chernobil había estallado una central nuclear. Yo me dí cuenta que había algo que hacer porque todo el mundo sabe lo que significa, pero todos se imaginan una pequeña grieta con un poquito de humo. No fue así, lo que ocurrió fue que saltó un gran sol en medio de la noche e invadió el mundo completamente. Yo tengo el terrible problema de que me obsesiono con las cosas, sólo pensaba en esa historia, y empezamos a descubrir una realidad increíble. 700.000 personas que condenaron su vida, historias de héroes y villanos absolutamente increíble...Siempre nos parecen historias terribles y lejanas, pero esto pasó en 1986, al mismo tiempo que Maradona marcaba ese gol maravilloso que todos hemos visto.

-¿Cómo te ha afectado personalmente conocer la realidad de esta historia?

-Me ha afectado mucho, porque yo soy de los que me implico y no puedo pensar en otra cosa. Me ha pasado muchas veces que sueño y me despierto con pesadillas terribles. De las peores pesadillas que he tenido han sido con Chernobil, he llegado incluso a ponerme medio malo por esa sensación terrible, al estar tanto tiempo leyendo y documentándome.

-¿Habías tenido pesadillas así con algún otro tema?

Sí, por ejemplo cuando escribí Camposanto , una novela basada en hechos reales, que trata sobre El Bosco, el pintor que tenemos en el Prado y en El Escorial. Cuenta sus visiones del infierno y por qué Felipe II acaba muriendo delante de esos cuadros.

-¿Has tenido muchos problemas a la hora de acceder a los archivos ocultos sobre Chernobil?

-Es una buena pregunta. Yo creo que es de las pocas veces, y eso que hemos tratado temas raros en el programa, que hemos tenido problemas, incluso más que nunca. Pero no solamente en la Unión Soviética, sino en todas partes. Me da la sensación de que mucha gente no ha querido hablar, cosa que yo respeto. Nos aconsejaban que era mejor no tratar el tema, y eso nos ha pasado muy pocas veces.

-¿Temes alguna represalia una vez se emita el documental?

-No, porque ya he cumpido esta misión. ¿Que me van a criticar? Seguro. Mucha gente dirá que esto es una película que nos hemos inventado. Si están más cómodos pensando eso, mejor para ellos. La Humanidad siempre ha sido así, no puedes pretender que todo el mundo piense como tú, pero lo que si puedes hacer es que mucha gente que no se había planteado este tema, empiece a investigar, que indague. Eso es una experiencia maravillosa. No he tenido miedo a casi nada en mi vida.

-¿No hay algo a lo que temas especialmente?

-En muchos de los sitios donde he investigado he tenido miedo, porque el miedo es humano, pero me puede siempre la curiosidad. Pero nunca he tenido miedo a seguir buscando. Hay que temer al demonio humano, que es la parte oscura que todos llevamos.

-Hablas de cierta relación entre el Apocalípsis de San Juan y Chernobil, ¿a qué te refieres?

San Juan tiene una visión, se le aparece un ángel, y una de las escenas son los ángeles exterminadores y acaban con el mundo, ese mundo que posteriormente va a reconstruir Jesús. Cuenta que una estrella de fuego aparecerá en mitad de la noche, se elevará, caerá a tierra y envenenará la tierra y las aguas. Las envenenará y la gente morirá. La gente en Chernobil vio un sol. Se puede decir que es algo curioso, pero es que hay otro detalle: San Juan da un nombre a esa estrella: Ajenjo. Ajenjo en ucraniano significa Chernobil. Creo que es algo suficientemente potente para relacionarlo.