Jacqueline Pascarl cuenta su desgarradora historia tras recuperar a sus dos hijos después de 14 años de secuestro

Jacqueline Pascarl.
Jacqueline Pascarl. - EP

SU EX MARIDO, EL PRÍNCIPE BAHRIN DE MALASIA, RETUVO A SUS HIJOS Y LES ESCONDIÓ PARA QUE NO TUVIERAN CONTACTO CON SU MADRE

Hace un año que acabó la angustia de Jacqueline Pascarl. Después de catorce años luchando por recuperar a sus hijos, finalmente lo consiguió. Esta escritora y presentadora de televisión australiana tampoco vivió una dulce infancia. Su padre, de nacionalidad china, la abandonó a los cinco días de nacer por el simple hecho de ser mujer, y su madre cayó en una profunda depresión. Entró en el ballet nacional y con diecisiete años, durante un espectáculo, conoció al príncipe Bahrin de Malasia, con quien se casó a tan temprana edad y tuvo dos niños. Pero al poco tiempo de haberse casado, el encantador príncipe que había conocido empezó a cambiar y, coincidiendo con la enfermedad de la abuela de la australiana, Jacqueline decidió volver a Australia con sus hijos. Siete años después, en una visita del príncipe a sus hijos, éste se los llevó a Malasia sin dar ninguna explicación. Sin poder hablar con sus hijos, ni ver alguna foto de ellos, Jacqueline sacó la fuerza y lucha de una madre y no bajó la guardia hasta que logró volver a reunirse con sus hijos, hace ya un año. Ahora acaba de escribir Desde que fui princesa , un libro en el que cuenta la trágica experiencia de haber estado catorce años separada de sus hijos.

Jacqueline, ¿qué significa este libro para usted?

Una liberación completa.

Estuvo catorce años luchando por recuperar a sus dos hijos, ¿qué es lo que le hizo mantenerse fuerte en esos duros momentos?

Soy una mujer, soy cabezota, tengo mi propia forma de ver las cosas y sé lo que quiero. Pero también la esperanza de que volvería a verlos, que conocerían mi verdad. Por otro lado, durante ese tiempo tuve que reinventarme y rehacer una vida nueva.

¿En ningún momento perdió esa esperanza?

A veces la esperanza se reducía bastante y el suicidio fue una opción muy tentadora a veces, pero hice por recuperarme. El suicidio que me estuvo tentando de vez en cuando se debía no a mi desesperación, a mi tristeza o a mi depresión, sino al pensamiento algo torcido de que si yo salía de esta ecuación desaparecería conmigo el incentivo que tenía el príncipe de torturar a mis hijos.

El que secuestró a sus hijos fue su ex marido, el príncipe de Malasia, ¿imaginó en algún momento que fuera capaz de hacer algo como lo que hizo?

Sí, porque aunque yo siempre le dejé ver a los niños, y le ofrecí total libertad a la hora de ver a sus hijos, él, en un juicio, dijo que haría una yihad islámica para conseguir el regreso de su hijo, no de su hija, a Malasia.

¿Cómo conoció al príncipe de Malasia? ¿Les presentó alguien?

Yo era bailarina en el ballet nacional, estábamos dando un espectáculo en el Museo de Arte Nacional y él acudió con unos amigos.

Se casaron y todo empezó a cambiar...

Sí, yo tenía diecisiete años cuando nos casamos, y creo, de hecho, que me escogió porque al ser tan jovencita pensaba que sería maleable.

Su abuela enferma y usted decide volverse a Australia, ¿le dejó irse con sus hijos sin ninguna oposición?

Sí, mi abuela estaba muy enferma y sus padres, la familia real, le ordenaron que me dejara ir porque dos meses antes se había casado con una segunda mujer. Así que en el aeropuerto él me dijo: vete y no vuelvas, ya tengo otra mujer, no te quiero volver a ver . Pasé de vivir en un palacio a hacerlo en una pensión, empecé a trabajar de camarera pero el dinero no me importaba porque tenía a mis hijos, que eran lo más importante. Tenía veintidós años, dos niños, y una autoestima muy baja, no creía que pudiera ser capaz de salir adelante, pero empecé a cambiar esta convicción. Le propuse que viniera a vivir a Australia porque él se había educado allí, de hecho fue a la misma escuela que el príncipe Carlos, es arquitecto. Yo quería que mis hijos tuvieran un padre, tenía muchos conflictos sobre esto.

¿Cuál fue la reacción de él?

Él nunca pidió la patria potestad en los tribunales australianos. Lo que pedía era mi deportación y la de mis hijos porque pertenecíamos a la familia real malasia. Pero mis hijos son australianos como yo, tienen la doble nacionalidad, y al final los jueces fallaron que a un australiano no se le puede deportar a ningún país si no ha cometido ningún crimen. Él había perdido la honra delante de todo el mundo, era una gran vergüenza para él que su mujer se fuera con sus hijos. Así que decidió que para, de alguna manera, lavarse la cara, lo convirtió en un asunto religioso, islámico, y no en un asunto familiar.

¿Qué ocurrió aquel día cuando se llevó a sus hijos?

Soy periodista de televisión y en aquel momento yo daba las noticias en una canal australiano de televisión. Aquel día no tenía que trabajar porque tenía el día libre, lo que pasa es que murió un amigo mío de SIDA y fui a hacer su obituario. Él iba a venir a por los niños y se suponía que iba a estar una noche con ellos. Ellos no querían irse con él pero yo les forcé (algo de lo que no me recuperaré nunca), les obligué. Él les visitaba una vez cada catorce meses y para ellos era un extraño, decían que no querían ir con él porque se aburrían y preferían irse a la granja que teníamos con sus amigos.

¿Cuándo se dio cuenta de que se los había llevado?

La primera noche no me llamó y él tenía la obligación legalmente de dejar que los niños me llamaran cuando se los llevaba. Yo tenía un programa de radio el domingo, llamé a las autoridades y les dije que algo pasaba, pero ellos no pueden hacer nada hasta que no pasan doce horas. Después no hacía más que llamar al hotel pero no me lo cogía, aunque en el hotel me decían que él no había dejado la habitación.

¿Cómo fueron las horas siguientes?

Lo más trascendental es que pasé en unas horas de dar las noticias a estar en las noticias. A pesar de que yo era una persona conocida nunca había querido que se conocieran mis hijos o que ellos fueran noticia. Nunca quise que se supiera que eran príncipe y princesa, era algo confidencial. Pero en ese momento, las autoridades me dijeron que lo que tenía que hacer era difundir las imágenes de mis hijos porque tendrían que seguir en Australia. Todos mis amigos de los diferentes medios fueron dando la noticia, y yo llamé a mi jefe y director del canal de televisión, le desperté por la noche diciéndole que mi ex marido, príncipe de Malasia, había secuestrado a mis hijos. Él no se lo creyó, me dijo que si había estado bebiendo, me dijo tómate un valium y vete a la cama que has trabajado demasiado y me colgó el teléfono (ríe). De hecho, mi canal se perdió la exclusiva (ríe).

¿Pensó, en algún momento, que ese drama fuera a durar tantos años?

Al principio, no, piensas que los vas a recuperar en unas horas. Luego, piensas que, a lo mejor, durará un par de meses. Tus expectativas van cayendo. Primero quieres recibir una llamada, luego una carta, después una foto, pero cuando poco a poco ves que ninguna de esas cosas las puedes conseguir, por lo menos quieres que alguien que los haya visto te cuente cómo son de altos, y te los puedas imaginar creciendo porque ya no tienen siete y nueve años.

Pero, a pesar del drama que estaba viviendo, decidió ayudar a otros padres que estaban en situaciones similares, ¿de dónde nace esa voluntad y fortaleza?

Como soy periodista empecé a hacer investigaciones sobre niños raptados, lo que te permitía conocer lo que estaba pasando. Es como cuando los niños tienen miedo porque piensan que hay algo en el armario y lo que tienes que hacer es abrirlo para que vean que no hay nada. No servía de nada quedarse sentada como una víctima, y con todo lo que había aprendido y todo el conocimiento que empezaba a tener sobre el tema podía ser útil para otros padres que vivían una situación parecida. Así empecé a dar conferencias en todo el mundo, hice un documental Empty Arms Broken Hearts y a hacer trabajo humanitario. Estuve en Bosnia, en Kosovo y en Timor Oriental.

En 2002 tuvo el primer encuentro con su hija vía email, ¿qué sintió?

Felicidad, no me lo podía creer.

Jacqueline, ahora hace un año que tienes a tus hijos en casa, a parte rehiciste tu vida con otro hombre hace unos años, con el que tienes otros dos niños, ¿has logrado la felicidad plena, después de haber vivido catorce años de angustia?

Sí, ahora tengo a mi familia unida, mis cuatro hijos se quieren muchísimo y estoy disfrutando teniéndolos a todos a mi lado, aunque también tengo que decir que estoy agotada, porque además de los pequeños, que tienen cinco y siete años, también tengo que enseñar a los mayores en las tareas de la casa, porque piensan que las cosas se limpian solas o que hay un hada que lo recoge todo, es lo que les ha quedado del legado de ser príncipes.

¿Han leído sus hijos el libro?

Sí, y también el primero que escribí hace unos años, que era como la primera parte de éste. Ellos están muy orgullosos de lo que he hecho.

¿Llegó a pensar en algún momento que se pudieran haber olvidado de usted?

No, porque al haber conocido a muchos niños que habían sido raptados, me demostraron que nunca olvidan de dónde vienen y que son conscientes de lo que les había pasado.