Lola Herrera se ha convertido desde los últimos treinta años en una de las actrices más valoradas, respetadas y queridas por el público, la prensa y los productores teatrales. En su mirada sigue expresando armonía, belleza y libertad.
Es, sin duda alguna, la cátedra del teatro. Con Cinco horas con Mario recibió millones de aplausos, buenas críticas y los mejores elogios de la profesión cuando nadie creía en el proyecto excepto sus íntimos amigos y el productor José Samano. El propio Miguel Delibes le dio las gracias porque gracias a su interpretación él descubrió cosas que ni tan siquiera el había escrito.
Desde el 14 de septiembre todos podremos tener la oportunidad de seguir aprendiendo, soñando y amando el buen teatro gracias a la dama de las artes escénicas Lola Herrera.
¿Le parece fácil aprender a bailar en tan sólo seis semanas?
Me parece dificilísimo, pero me encanta.
El texto en el que usted ejerce de protagonista ha resultado ser un éxito en más de veinte países. ¿Es un nuevo reto para usted como actriz?
Sí, siempre es un reto. Creo que por más años que tenga, todo lo nuevo es un reto, y algo con lo que tengo que trabajar mucho. El reto está ahí siempre.
Háblenos de su personaje.
Es una mujer con una vida particular, con muchos silencios y muchos deseos contenidos, pero que ha aprendido mucho en silencio. En un momento determinado, da un giro importante y hace lo que deseaba y no ha hecho en muchos años.
¿Es más fácil enamorarse bailando o interpretando un texto dramático?
Yo recuerdo que cuando era joven me enamoraba bailando ya que la cercanía es importante. Además, en el trabajo lo importante es disfrutar.
Ha cumplido sus bodas de oro en los escenarios. ¿Qué le ha aportado el teatro que no ha podido aportarle el cine?
El teatro me ha aportado toda una vida, cuando te dedicas por entero con una profesión como esta, todo modifica tu vida. Asimismo, la pasión ha crecido enormemente durante estos últimos.
¿Qué le exige Lola al teatro?
No le exijo nada. Al teatro no, pero sí a los que lo hacen posible buenos textos, buenos espacios, buenos camerinos y buenas dotaciones. Pero al teatro nada.
Háblenos del proceso de los ensayos.
Lo estoy pasando genial. Es la primera vez que trabajo con Tanzim Twonsend y es increíble, está siendo muy divertido y además ya tenía ganas de trabajar con Juanjo. Será fantástico.
Es la primera vez que trabaja junto a Juanjo y Tanzim. ¿Qué tal ha resultado?
Bárbaro, ninguno de los tres habíamos coincidido y por lo que respecta a la directora, ella lo hace estupendamente, ya que la batuta es muy importante.
Ahora se encuentra en Teatro Marquina aprendiendo a bailar. ¿Qué más le queda a Lola por aprender en el escenario?
La vida es insuficiente para hacer una carrera, y creo que hecho lo que he podido hasta ahora. El teatro se hace en el camino y me queda por hacer todo.
¿Cree que el mundo de la cultura ha sido justo con Lola Herrera?
Yo creo que sí, no me quejo de nada. He tenido una vida llena y nunca me ha faltado el trabajo. De todas formas, nunca he querido ser una estrella.
Empezó cantando en los concursos radiofónicos de los años 50...
Aquellos concursos de posguerra eran como el Lluvia de estrellas de ahora pero en casposo. Empecé a cantar a los once años y continué hasta los catorce. Incluso mis padres me apuntaron a un concurso con el que gané muchos premios. Interpretaba los temas de la cantante mejicana Irma Vila cuya música tiene bastante dificultad. Así que al final me ví en un escenario rodeada de mariachis... (risas).
Y desde entonces, ¿no ha seguido con la música?
En cuanto empecé en Radio Valladolid poniendo voces para un programa infantil, me negué a cantar. Y desde entonces, no lo he vuelto a hacer.
Sus dos hijos le han salido artistas: actriz y fotógrafo...
Y Natalia, además de actriz, es cantante de jazz, que es el registro más difícil de cantar y de vender.
¿Cómo se animó Natalia a ser cantante de Jazz?
Cuando hacía el programa de Lo tuyo es puro teatro cantaba algunos temas con el pianista Vicente Borland. Un día la llamaron del Café Central para que fuera allí a cantar, y ella que estaba acostumbrada a ir a escuchar música, se sintió en principio algo abrumada. Más adelante se animó y hoy canta allí.
Lola, usted ha representado uno de los iconos de la televisión española. ¿Cómo calificaría esa etapa?
Desde que empezó la televisión en nuestro país hasta el año 82 no paré de trabajar con este medio. Llevé a cabo todo tipo de textos, de registros, incluso hice teatro clásico en La 2 . Lo que más me ha gustado siempre de la televisión ha sido su inmediatez y que te da una popularidad inmensurable.
Sin embargo, su pasión es el teatro.
Así es. Es una gran pasión que con los años ha crecido, cada vez me parece más interesante representar en vivo y en directo una función.
Parece que el tiempo no hace mella en usted, cuéntenos su receta...
Tardé mucho en empezar a cuidarme, pero desde hace diez años acudo a un centro de estética donde fabrican cremas expresamente para mi tipo de piel. También vigilo la alimentación, aunque no siempre, porque con las giras teatrales es muy difícil llevar un orden. Soy casi vegetariana, como muy poca carne, mucho pescado y sobre todo verduras y frutas.
Es una gran defensora de los derechos de la mujer, ¿por cuál cree que deberíamos luchar en estos momentos?
Lo más urgente ahora es que las madres no se vean obligadas a dejar sus trabajos para atender a sus hijos, sino que esté todo bien organizado para que la mujer que se ha incorporado al mundo laboral no tenga que dejarlo obligatoriamente porque no tenga otra salida.
¿Cómo consiguió usted compaginar el trabajo con los hijos?
Tuve la suerte de que la abuela me ayudó con mis hijos, de hecho, ellos la consideran como su otra madre. Aún así, yo lo llevé muy mal porque por mi profesión me tenía que desplazar muchas veces a otras ciudades, y cada vez que esto ocurría sufría unos desgarros terribles de no poder estar con mi hijos, de no disfrutar con ellos de su infancia. Ese es un vacío que tengo y que sé que es irreparable. Eso sí, cuando estábamos juntos, procuraba que se vivieran esos momentos con mucha intensidad, todo me lo gastaba en viajes con ellos para descubrir experiencias nuevas al mismo tiempo los tres. Yo sabía que eso era algo que ellos iban a recordar siempre.