Mariola Ruiz lleva a la pequeña pantalla la vida de Ana Sirvent, un caso de superación de cáncer

Mariola Ruiz lleva a la pequeña pantalla la vida de Ana Sirvent, un caso de superación de cáncer

LA ACTRIZ INTERPRETÓ EN "HAY QUE VIVIR" EL CASO REAL QUE LE TOCÓ SUFRIR A ANA SIRVENT, HOY COLABORADORA DE ACCIÓN CONTRA EL CÁNCER

Ana está felizmente casada, tiene un hijo al que adora y un buen trabajo. La vida le va de maravilla. Hasta que descubre que tiene un cáncer de mama, entonces todo su mundo se desmorona. Así fue la vida de Ana Sirvent hace algo más de quince años. Una situación que podría haber acabado con su felicidad si no fuera por el carácter vitalista y alegre que logró sacar en medio de aquellas tristes vivencias. Fue en una terapia de grupo en la que cada uno de los asistentes exponía en voz alta su problema cuando Ana sacó fuerzas de flaqueza. Le pareció que los problemas de los demás eran más graves que el suyo y sintió vergüenza de haber estado, hasta entonces, sintiéndose desgraciada. Con razón o sin ella, lo cierto es que aquello devolvió la vida a Ana, y hoy en día colabora con la Asociación Contra el Cáncer ayudando a otras personas que padecen o han padecido cáncer a recobrar la ilusión por vivir.

La actriz Mariola Ruiz es Ana Sirvent en la ficción. Una experiencia que califica de fascinante ya que ha podido conocer a fondo la historia de esta heroína. Y todo ellos gracias a Televisión Española y Hay que vivir , una serie de cinco capítulos independientes que reconstruyen cinco historias de superación personal inspiradas en casos reales. Cada capítulo está acompañado de un documental sobre la historia en la que se han basado para la recreación del caso. En esos documentales son los verdaderos protagonistas quienes cuentan en primera persona el relato de su historia.

Ambas se han conocido y se han gustado, y lo que es más importante, ambas han aprendido muchísimas cosas la una de la otra. Antes de comenzar el rodaje del capítulo-película en el que están implicadas quedaron en una cafetería y durante horas charlaron largo y tendido sobre la vida. Así, tanto Ana como Mariola se han convertido en una fuente de inspiración y de optimismo para todas aquellas personas que, por desgracia, están pasando por una situación similar.

¿Cómo se han sentido -tanto Ana recordando su historia como Mariola dándole vida- durante la grabación del capítulo Mujeres invisibles ?

MARIOLA RUIZ: Me he sentido muy bien. La congoja que tenía a la hora de trabajar en este proyecto era llegar a expresar bien lo que pasó, y la verdad es que estoy contenta con el resultado. Me encanta hacer trabajos que, aparte de suponer un entretenimiento, puedan aportar algo a una causa. En todos los trabajos en los que he participado siempre ha habido una temática social de fondo: he hecho películas de malos tratos, de personas que viven en barrios deprimidos... Creo mucho en el poder de la televisión para entretener, para formar y para ayudar. En el caso del personaje de Ana fue fantástico, porque ella me encantó. Es una mujer muy vitalista, generosa, alegre y me reafirmó lo que yo creo, y es que si uno quiere puede.

ANA SIRVENT: A mí me daba reparo que hicieran esta película, me preocupaba mucho quién me iba a interpretar. De hecho me hubiera gustado organizarlo todo yo (risas). Pero mi tranquilidad llegó cuando me dijeron: Mira, aquella es Mariola, la que te va a representar . Me quedé muy a gusto, sentí que era una persona muy acertada.

¿Qué vio en Mariola que le hiciera estar tranquila?

ANA: Hay veces que según veo a la gente sé si voy a poder tener con ella una buena relación o no; de hecho hay gente que no me molesto ni en conocer porque no me apetece, pero sabía que con María iba a tener buena armonía. Es muy dulce, sabe escuchar... Y cuando la he visto en la película me he sentido fenomenal y muy identificada. Me ha parecido una actriz fabulosa. Ni siquiera yo hubiera podido contar mi propia vida como lo ha hecho ella. Y bueno, sí, me ha hecho revivir unos momentos duros de mi vida, pero ahora veo los toros desde la barrera. No es que me sienta orgullosa de todo lo que me ha ocurrido, pero sí airosa de haber salido de algo tan duro.

"HOY EN DÍA ESTAMOS PERDIDOS EN LA CARENCIA, ES DECIR, EN EL "¿QUÉ ME FALTA", Y DIGO YO; ¡COLEGA! ¡ESTÁS VIVA!"

Ana, parece usted una persona muy optimista y vitalista, ¿cree que este carácter se debe a la fortaleza que ha tenido que sacar para seguir adelante?

ANA: Yo siempre he sido una persona muy activa, y la verdad es que nunca he sido de las que se quedan apagadas. He sido una persona muy enérgica, siempre estaba enredando. Aquello fue el bajonazo, me mermó las fuerzas e incluso creo que envejecí. Cambié el chip, no era yo, me transformé. Pero yo quería recuperar mi Yo de antes. Evidentemente el mismo de antes no pudo ser, eso es imposible, pero sí pude ser un poco la misma. Lo he conseguido amoldándome a mi nueva situación. Soy la misma pero con otras experiencias. La vida es así. ¿Quién no tiene una desgracia o un problema?

MARIOLA: Lo importante no es las veces que uno se caiga, sino las que uno se levante.

¿Qué fue lo que le hizo levantarse de esa caída?

ANA: La forma de levantarme de este trance fue gracias a las desgracias de los demás. Yo tenía un problema muy gordo: me operaron de cáncer, me quitaron una mama, me estaba enfrentando a algo desconocido para mí, tenía miedo, no dormía... Pero cuando oía los problemas de los demás me daba reparo contar los míos. Vi que no tenía porqué quejarme. La vida me había dado otra oportunidad y tenía que aprovecharla. Sinsabores los tenemos todos.

Mariola, usted que ha vivido esta historia tan de cerca, ¿qué es lo que más le ha impresionado?

MARIOLA: Lo que más me ha gustado es su capacidad de reponerse. El papel de víctima siempre parece muy atractivo, sobre todo en las mujeres. Se nos educa para estar pasivas. Como en La Cenicienta , estamos esperando a que llegue nuestro amor para que nos cuide. Por eso me impresiona ese acto de toma de decisión que hace ella cuando dice: Yo con esto puedo , aunque ni siquiera sepa si va a poder con ello, pero hay una decisión de dejar de delegar en los demás. Hay mucha gente que cuando se pone delante de ese toro no lo consigue dominar y prefiere seguir huyendo. Yo creo que enfrentarte a todo eso es lo más bonito de ese personaje, y todo lo que deriva de ahí, de cómo esa enfermedad se convierte en el medio que a ella le posibilita para relacionarse de una manera más bonita, le ayuda a crecer, su experiencia le sirve para ayudar a otras personas con su misma situación. Yo la he visto a ella organizando eventos con personas de su familia y me ha emocionado, porque realmente se convierte en una persona que está viva. Asistir a eso es una maravilla en estos tiempos en los que estamos tan perdidos en la carencia, en decir ¿Qué me falta? . Y dices tú: ¡Colega! ¡Estás viva! .

¿Qué creen ustedes que ha quedado en el público después de ver esta película?

ANA: Yo creo que ha quedado que somos unas supervivientes y que hay que aprovecharlo. Recuerdo un naufragio donde todos se hunden, unos se ahogan y otros sobreviven. El que se agarra a la tabla y llega a la orilla como sea, porque en el momento que tienes un apoyo donde agarrarte, hay que buscar esa tabla, ese apoyo, una meta, algo por lo que luchar. Si tú te hundes y no tienes nada por lo que luchar y las fuerzas te flaquean. Yo las fuerzas las he tenido muy mermadas, no te pueden imaginar. Yo veía que me moría, hasta que pensé que no quería morir. Unos teneos mucha suerte y salimos, otros no, porque la realidad es esa, pero si puedes, inténtalo al menos. Yo quiero seguir viviendo. Lo seguiré intentando. No lo voy a dejar.

MARÍA: Hay una cosa muy bonita del trabajo que ella está haciendo en la Asociación Contra el Cáncer. Dicen que siempre sobrevive el más fuerte, pero el Yoga -actividad que yo practico- dice que los fuertes tienen que ayudar a que los débiles se hagan fuertes y sobrevivan. Esa alegría y esa emoción que se transmite con la película creo que es muy importante.

ANA: Cuando estábamos en las terapias de grupo y llegó el momento de hacer lo del desfile, que fuimos a un hotel a que nos enseñaran las prendas que íbamos a llevar, pues a mí me sorprendió que esas prendas las teníamos que pasar nosotras, no unas chicas que no tienen ese problema. Eso sería absurdo. A mí me costó muchísimo convencer a mis compañeras -porque una sola no lo puede hacer-, es que no sabíamos ni cómo hacerlo, pero van brotando las ideas. ¿Por qué lo hicimos? Porque de alguna manera tienes que manifestarte para sentirnos vivas. El desfile, todos los años cuando lo hacemos nos ayuda a reciclarnos. Una que a lo mejor ha cogido dos o tres quilos más ve que tiene que adelgazar, se pone un poco a régimen, te pruebas la ropa, luego te aplauden. Ya no estás solamente pensando en que tienes que hacerte la revisión, o que te duele aquí porque tienes la herida no sé cómo. Eso nos hace ponernos las pilas para seguir todo el año. Unas faltan, otras seguimos ahí, y de alguna manera es una inyección de vitalidad que nos damos. Me siento muy orgullosa, y esto para mí es un sueño. Cuando nos enseñaron aquellas prendas, aquellas prótesis, aquellos sujetadores adaptados nos encantó.