LA MODELO Y PRESENTADORA CONTINÚA SU CARRERA COMO ESCRITORA: ACABA DE PUBLICAR SU QUINTO LIBRO INFANTIL
Modelo, presentadora de televisión y finalmente escritora, Paloma Lago ha conseguido aunar en su último trabajo las tres facetas por las que ha atravesado su vida profesional. Comprometida con la nueva campaña de Puleva para prevenir la obesidad infantil, la gallega a escrito dos cuentos que serán distribuidos de manera gratuita por diez mil centros escolares de toda España. Mujer independiente y segura de si misma, acaba de cumplir cuarenta años y tiene muy claro que ser madre ha sido su logro más importante. Paloma vuelca todas sus energías en la educación de su hijo Javier, fruto de su matrimonio con Javier García Obregón, hermano de la actriz Ana Obregón. Disfruta observándole, compartiendo cada minuto de su vida y no puede evitar que se le iluminen los ojos al hablar de él.
-Sigues haciéndote un hueco en el mundo de la literatura infantil...
-Sí, ya he perdido la cuenta del tiempo que hace que empecé, estos cuentos son mi cuarto y quinto libro. Es la manera perfecta de llegar al corazón de los niños, estar presente en esos minutos mágicos de antes de irse a dormir, en las bibliotecas y sobre sus mesillas de noche.
-¿Has dejado definitivamente de lado tu carrera televisiva?
-No, soy presentadora de televisión y lo sigo siendo aunque no ejerza. Ahora estoy centrada en esta campaña de Puleva para prevenir la obesidad infantil pero antes o después volveré a televisión. Como modelo tengo la suerte de que mi trabajo es muy amplio y barajo muchas posibilidades, ahora se me identifica por el nombre y la marcas publicitarias buscan esa combinación entre imagen y popularidad. Ahora mismo mi vida profesional se divide en tres facetas y las tres se aúnan frecuentemente.
-¿Qué te hizo apostar por esta campaña de Puleva?
-Este proyecto me permitía ayudar con mi trabajo a los más pequeños para que tengan una vida saludable y un futuro bien orientado respecto a la alimentación y la actividad deportiva. Es un trabajo muy serio y queremos que continúe a lo largo del tiempo. A través de estos libro no sólo prevenimos la obesidad infantil sino también una futura bulimia o anorexia posterior porque se les educa para llevar una vida saludable en todos los sentidos. Los cuentos se van a distribuir de manera gratuita por diez mil centros escolares de toda España, hemos querido que esta vez el mensaje llegue a los niños a través de sus profesores para que sean los niños al llegar a casa quienes exijan a sus padres hábitos saludables.
-¿Te has llevado bien con Max, la mascota de la marca?
-Muy bien, ha sido un compañero fantástico con el que pasar las tardes y las noches frente al ordenador creando historias. Había que transmitir un mensaje claro, directo y lo más positivo posible para que los niños lo entendieran. Hacerlo a través de Max, la mascota de Puleva, era perfecto porque todos los niños le identificaban y a la hora de escribir la historia me inspiraba sólo con verlo.
"A MI HIJO Y A MÍ NOS CUESTA MUCHO SEPARARNOS, SOMOS UÑA Y CARNE"
¿Qué te resulta más difícil a la hora de escribir para los más pequeños?
-La edad a la que va dirigida la historia es el aspecto más delicado, hay que tenerlo muy en cuenta. Dos años pueden parecerte una tontería de entrada pero a la hora de contarles una historia son vitales. El primer libro es para niños de cuatro a ocho años, en él las ilustraciones son lo más importante y los mensajes son cortos y alegres. El segundo va dirigido a niños de ocho a doce años, estos requieren una historia mucho más desarrollada y el contenido cobra más importancia que las imágenes.
-¿Qué tipo de niña eras?
-He sido siempre una persona muy alegre y muy mimosa, siendo la pequeña de cinco hermanos me acostumbre a que todo el mundo estuviera pendiente de mi y eso es algo que me ha quedado para toda la vida. Me recuerdo haciendo excursiones, montando en bicicleta o en la playa dando brincos. Me gusta mucho el equipo, disfruto compartiéndolo todo con quien creo que es afín a mi, con quien me siento a gusto y me valora, tampoco con cualquiera. Si echo la vista atrás siempre me recuerdo rodeada de gente. En mi casa en cambio reina la tranquilidad, me gusta mucho el silencio y la paz al llegar a casa. Estos contrastes me ayudan a cargarme de energía.
-¿Has perdido algo de aquella niña?
-No, por más que a mi vida lleguen situaciones decepcionantes o me encuentre con personas y compañeros que me defrauden siempre guardo un buen mensaje, me gusta quedarme con aquello que puedo aprender de esos momentos. Después de un mal trago he vivido siempre otras situaciones que me han demostrado que aquello era necesario pasarlo. Soy una persona muy positiva, siempre miro hacia delante y por eso no he perdido la ingenuidad ni la alegría que tenía entonces. No hay nada en la vida que me pudiera minar o hundir más que aquello que todos tenemos presente y que ni siquiera nombro, nada más me puede quitar las ganas de seguir adelante creciendo como persona.
¿La maternidad ha influido en esta faceta de escritora infantil que ahora ocupa tu tiempo?
-Sí, de hecho mis historias crecen a la par que mi hijo. Cada proyectos que abordo dentro de la literatura infantil va encajando perfectamente en cada momento vital de Javier y mis propias historias inventadas me sirven de ejemplo para educarle. Ahora que tiene diez años está en una época en la que le da mucha importancia a la actividad física.
-Disfrutas mucho educándole...
-Sí, tuve a mi hijo siendo totalmente consciente de que para mi ser madre iba a ser la faceta más importante de mi vida y así lo está siendo. Nos cuesta mucho separarnos, somos uña y carne pero yo soy muy positiva y siempre le transmito mis vibraciones, tenemos una frase muy nuestra observa todo lo que ocurra y no te olvides de ningún detalle porque cuando nos volvamos a ver me los tienes que contar todos .
-¿Tienes miedo de lo que pasará cuando llegue a la adolescencia?
-La verdad es que no, siempre escucho a las demás madres cuando se quejan de determinadas etapas y me alarmo tanto con la llegada del drama que luego cuando llega no me parece tan traumático. Cuando educas a un niño estando muy pendiente de lo que siente es difícil que se te escape algo. Me gusta mucho observarle y aunque parezca que esta profesión a la que me dedico es una locura paso mucho tiempo con él. No digo que todo vaya a ser maravilloso pero estar pendiente de él te da la garantía de que si pasa algo vas a estar ahí para abordarlo a tiempo.
-¿Qué te gustaría que fuera de él en un futuro?
-Quiero que haga lo que el quiera. Intento educarle para que sea una persona completa y pueda elegir libremente, sin que una nota le condicione. Cuanto mejores resultados tenga ahora más libre será mañana. Cuando llegue el momento de elegir nos sentaremos juntos y lo hablaremos pero de momento se está esforzando mucho para conseguirlo.
-¿Quieres tener más hijos?
-Ese es un tema muy serio para mi y la verdad es que no me lo he planteado. Me he querido centrar sólo en ser una buena madre para Javier porque creo que ese es el papel más importante que tengo que cumplir en mi vida.
-¿A cambiado algo en tu vida por llegar a los cuarenta?
-No soy muy consciente del paso del tiempo, hoy en día las mujeres tenemos a nuestra alcance todo tipo de técnicas para sentirnos bien y yo recurro a todas ellas. Cada vez me cuido más pero lo hago de una manera más dinámica, no pierdo tiempo en ello. Lo que ha cambiado es que ahora sé perfectamente lo que tengo que hacer para sentirme bien. Con veinte años iba dando tumbos ahora soy muy práctica, recurro a mis tres trucos, les saco partido y lo disfruto al máximo.
-¿Te volverás a casar algún día?
-Hace no mucho tiempo decidí no hablar de mis sentimientos, esa parcela forma parte de mi intimidad y quiero protegerla. Eso es algo que he aprendido con el paso del tiempo.
-¿Llega a cansar que te digan lo guapa que estás?
-Cansar no pero sí llega a ser una gran responsabilidad, algunas veces me gustaría ser invisible para poder relajarme y olvidarme de las cremas, los accesorios y los modelitos pero no hay que exagerar, valoro y agradezco mucho todos los piropos que recibo. Todo el mundo me dice lo mismo, que soy mucho más guapa en persona, pero nunca me lo creo. No creo merecer todos los piropos que recibo.