Pepe Ruiz, el popular "Avelino" de "Escenas de Matrimonio": "Soy muy feliz haciendo que la gente olvide sus penas"

Pepe Ruiz, el popular "Avelino" de "Escenas de Matrimonio": "Soy muy feliz haciendo que la gente olvide sus penas"

Nunca imaginó Pepe Ruiz que podría estar viviendo la popularidad tan extrema interpretando a Avelino, el marido jubilado de Escenas de matrimonio , sobre todo cuando es un actor que lleva más de 40 años dedicado al oficio de la interpretación. Su papel ya era conocido cuando realizaba los sketch de los matrimonios en Noche de Fiesta , y es que esta parodia que refleja las peripecias matrimoniales de diferentes generaciones va para largo. Con su inconfundible voz rota y derrochando gran simpatía, el veterano actor nos descubre su mundo más allá de los escenarios.

¿Cuál es el secreto del éxito de Escenas de matrimonio ?

La serie tiene éxito porque es como la vida misma. La gente se ve reflejada en las escenas, por sus propias experiencias o por el comportamiento que observan de otras parejas. Además, los guiones son muy inteligentes y muy divertidos, no sofistican las cosas y cuentan historias con mucha naturalidad, por eso creo que funciona.

De todas formas, hay escenas muy exageradas.

Claro... por ejemplo, el afán que tiene mi mujer Pepa (Marisa Porcel) en que yo me muera es exagerado, aunque es muy probable que haya casos todavía peores que los nuestros. La serie es una parodia que tiene aspectos de la realidad, algunos exagerados, y gracias a ella la gente se puede dar cuenta de lo que no se debe hacer en el matrimonio. El Ministerio de Educación debería pagarnos porque además de divertir estamos realizando una labor socio-educativa al enseñar aquello que nunca debe ocurrir en la pareja. (risas)

Ha hecho sobre todo comedia, ¿se siente muy cómodo en este género?

Por supuesto. Es el género que yo domino desde siempre. Me lo paso muy bien interpretando comedia pero hay que tener en cuenta que hacer reír a la gente es algo muy complicado. Soy muy feliz haciendo que la gente olvide sus penas, aunque sólo sea durante un rato.

Después de más de 40 años como actor, ¿qué obras recuerda con más cariño?

Muchas. Recuerdo con especial cariño una obra que representé en Madrid Serafín el pinturero donde interpreté a un chuleta madrileño y cuando paseo por el barrio muchas veces me reconocen como el personaje de la obra. También obras de Alonso Millán, Miguel Mihura en su último estreno Sólo el amor y la luna traen fortuna , funciones de Fernando Vizcaíno Casas, que era muy amigo mío... hay muchas obras muy bonitas en las que he participado, pero de lo que estoy más contento es de que he trabajado mucho y el público me sigue teniendo en cuenta.

Ve que la gente le tiene mucho cariño.

Sí, pero también creo que es por los años. Yo soy un clásico, por los muchos años que llevo en este mundo de la interpretación.

Y tantos años trabajando como actor es todo un mérito, ¿por qué cree que ha perdurado tanto en esta profesión tan difícil?

Creo que porque soy honesto, en lo que hago pongo el alma y la vida. Siempre me he entregado en mi trabajo e intento dar vida a mi personaje lo mejor posible.

Ha trabajado sobre todo en teatro pero cuando hace televisión o cine, ¿se acostumbra a las cámaras?

Lo llevo muy bien, además, soy un pionero de la televisión, ya empecé a trabajar en este medio cuando TVE tenía su sede en el Paseo de la Habana. Lo que pasa es que mi carrera ha sido más teatral, me ha gustado más el contacto con el público, ya que esa química especial que se crea entre el espectador y el actor es muy gratificante. En cambio, la televisión es mucho más fría, estás delante de la cámara y, aunque sabes que te verán muchos espectadores, no notas ese calor que ofrece el público en directo.

También ha hecho doblaje, ¿ha doblado algún papel importante?

No, así conocido, no he doblado a nadie. Lo único curioso es que doblé la voz de Ángel Cristo en la única película que hizo, El cid cabreador ; tras terminar el doblaje al productor no le gustó el resultado y, aunque me pagaron, no salió mi voz en la película.

Ha compartido tablas con mucha gente, ¿con qué compañero se ha sentido más a gusto?

A pesar de que en la vida real no tenemos muchos puntos de contacto, con Marisa Porcel, mi compañera en Escenas de matrimonio . La conozco desde hace muchos años y la verdad es que es la compañera perfecta en el escenario, hay mucha química y nos entendemos muy bien.

¿Qué cualidades cree que debe tener un actor?

Sinceridad, honestidad, ser un buen profesional y trabajar mucho. Esta profesión se aprende trabajando constantemente, aunque también hay que tener madera de actor. Lo que está claro es que en el mundo de la interpretación no sirve el estrellato, hay que trabajar mucho y ser muy honesto con lo que haces.

¿Nació para ser actor?

No lo sé, pero posiblemente sí, porque si llevo cuarenta años interpretando es porque he debido nacer para ser actor. Cuando empecé a estudiar Derecho participé en unos grupos universitarios de teatro amateur y, a partir de ahí, me dediqué al teatro. Aunque empecé un poco tarde, hay gente que hace teatro a una edad muy temprana, cuando terminé la carrera yo sabía que el teatro era lo mío, y todavía me sigue gustando.

El poco tiempo libre que tiene, ¿a qué lo dedica?

A estar con mi mujer, que es estupenda, a leer, a escuchar música... A cuidar a mi madre que a sus 91 años está muy bien, pero me preocupo de sus cosas. Y a salir con mis amigos, no demasiado porque en esta profesión es muy difícil coincidir. Viajar me gusta con locura, pero lo hago muy poco... En definitiva, soy hombre de casa, de música, de leer y ver cine.

¿Cómo es detrás de los escenarios?

Soy un tipo normal, muy amigo de mis amigos y me gusta compartir mis cosas con los demás. Me gustan las cosas bien hechas, pero no soy demasiado exigente ni en gustos, ni en talantes ni en maneras, por ello tengo muchos amigos y me divierto mucho con ellos. Es verdad que tengo cierto éxito entre mis amigos de la carrera de Derecho, con los que me sigo viendo al menos cada trimestre, algunos de los cuales son notarios, registradores de la propiedad, diplomáticos, banqueros y entre ellos estoy yo Pepe el cómico .

¿Se considera una persona carismática?

No soy yo quien puede decir eso. Yo creo que no, prefiero definirme como un hombre normal, amante de su profesión y que le gusta comprobar que la gente lo pasa bien con mi trabajo. Lo del carisma a mi me parece demasiado, tal vez lo tiene en España, Fernán Gómez.

¿Le reconocen mucho los fans?

Sí, claro. Hay gente que me para por la calle y me llama Avelino, a mí no me importa, porque el personaje supera a la persona y si me quedo con Avelino no me molesta lo más mínimo.

¿La fama le ha cambiado?

Para nada, soy muy consciente que en esta profesión igual hoy estás en la elite que mañana puedes caer en el más profundo agujero porque no tienes trabajo. Como yo soy un profesional y no una estrella la fama no me ha cambiado nada. Tal vez la fama da lugar a alguna anécdota, por ejemplo, al llevar muchos años haciendo el formato de Escenas de matrimonio , cuando me cabreo por algo con mi mujer, ella me dice: cuidado que yo no soy la Pepa (risas).

¿Cómo se ha tomado su mujer este éxito con Escenas de matrimonio ?

Muy bien, mi mujer es ex locutora de Televisión Española y siempre que me ha surgido un proyecto relacionado con el mundo de la televisión, me ha animado mucho para emprenderlo. Y yo estoy contento de hacer televisión, porque aunque me guste la química del teatro, en el medio audiovisual llegas a muchísimo más público. El teatro da fama y la televisión popularidad.

A nivel cualitativo que prefiere, ¿la fama o la popularidad?

En el sentido cualitativo indudablemente es mejor la fama que la popularidad. Hay mucha gente muy popular que no vale nada, así que más vale tener fama y buena.

¿Está pensando en la retirada?

No pienso en la retirada, porque si eres actor, nunca te abandonas definitivamente. Lo que te puede retirar es la falta de facultades debido a alguna enfermedad, si llega ese momento no hay más remedio. Pero de manera voluntaria nunca me retiraría de esta profesión, eso sería una cobardía.