LA ACTRIZ SE CENTRA EN SU LABOR COMO PRESIENTA DE LA FUNDACIÓN AISGE, EN NOVIEMBRE VIAJARÁ A LATINOAMÉRICA
Pilar Bardem siempre ha sido una mujer luchadora, se divorció de Carlos Encina cuando nadie se divorciaba y sola sacó adelante a tres hijos: Carlos, Mónica y Javier. Los Bardem son un gran clan de artistas pero también todo un ejemplo de respeto y convivencia, dos valores que la matriarca ha intentado siempre fomentar con su educación. Tras pasar dos veces por todo lo que significa un cáncer, primero de colon y luego de pulmón, Pilar decidió compartir sus ganas de vivir con el gran público, se sinceró ante la atenta mirada de su hijo Carlos y de aquel encuentro nacieron sus memorias. La Bardem ya va por su segunda edición, más de veinte mil copias vendidas y la gente por la calle le confiesa que se ha convertido en su mejor compañera de mesilla de noche.
-Más de veinte mil ejemplares vendidos de tus memorias, ¿qué te comenta la gente por la calle?
-Ha sido muy curioso, mucha gente me ha parado por la calle y otros me han escrito, en especial mujeres que han pasado por situaciones similares a la mía, afectadas por el cáncer y demás. Lo que más me ha sorprendido es la cantidad de gente joven que me para por la calle para decirme que mis memorias están siempre en su mesilla como libro de autoayuda. Me gusta ayudar y si a una mujer mejor, tenemos que estar muy unidas.
-¿Qué le das a la juventud de este país?
-Cercanía y comprensión. Lo más importante del mundo son los niños y tras ellos los jóvenes, son ellos los que tienen que tener claro que quieren del futuro porque en sus manos está cambiarlo.
- ¿Por qué decidiste escribirlas con tu hijo Carlos?
-Carlos llevaba el timón para que yo no me fuera por las ramas. Fue muy importante su ayuda, sin él no podría haberlo escrito. Escribir unas memorias exige recordar unas situaciones muy divertidas pero también otras que te traen a la memoria recuerdos muy amargos. Desnudarme anímicamente de esa manera sólo podía hacerlo con un hijo.
-¿Qué te llevó a sincerarte a través de un libro?
-Me lo pidieron con sesenta años pero no quise hacerlo. Después de superar los dos cánceres, uno de colon y otro de pulmón, me pareció que era el momento de transmitir un poco de esperanza. Hay mucho miedo, una especie de pudor extraño a la enfermedad del cáncer, los enfermos de cáncer nos sentimos culpables y tememos hablar de la enfermedad que padecemos.
-¿Representa el cáncer ese miedo a lo desconocido?
-Es una enfermedad curable cuando se coge a tiempo, hay que tener fortaleza y la fortaleza se consigue sin plantearse el por qué, sin lamentarse, luchando siempre. Yo creo en las causalidades, cuando me estaban operando del segundo cáncer mi hija Mónica dio a luz a mi primer nieto, una vida unida a otra vida, mis hijos fueron de un hospital a otro y cuando me recuperé de la anestesia tenía allí todas las diapositivas del parto de mi hija.
-¿Se quiere más a un nieto que a un hijo?
-No, a mi nieto le adoro pero no le quiero más que a mis hijos. Soy una madre obsesiva y compulsiva, el amor por un hijo no es comparable con nada, es el amor en estado puro. Lo que me ha dado es ese placer que no tuve con mis hijos, me quedo contemplando como dibuja o juega, mientras que cuando mis hijos lo hacían yo no podía verlo porque estaba trabajando.
-¿Qué te queda por aprender?
-Todo, tanto de la profesión como de la vida. Cada día me levanto con los ojos y el espíritu abiertos, partiendo de la base de que hay que escuchar a todo el mundo porque lo bonito es aprender y todo el mundo te puede enseñar algo nuevo.
-¿Hay algún rasgo de tu juventud que hayas perdido con los años?
-He preservado siempre la niña que un día fui, quizá porque tuve que ser mayor desde muy joven. El que pierde el niño que lleva dentro está abocado al fracaso. Hay que cuidarlo, no caer en el infantilismo pero sí conservar la ilusión. Hay una canción de Serrat, Aquellas pequeñas cosas , que me fascina porque cuenta muy bien lo que es esa ilusión de recuperar los momentos felices.
-¿Alguna vez algo te ha hecho perder esa ilusión?
-No, a veces me invade el cansancio al ver que las cosas no cambian y los humanos caen en los mismos errores de siempre. Veo toda esa parte que me duele pero es la ilusión de luchar por ayudar en lo que puedo lo que me anima a seguir.
-¿Os lleváis tan bien los Bardem como aparentáis?
-Sí, pero no porque nos llevemos bien sino porque nos respetamos. Ellos no han vivido con su madre sino que todos hemos compartido piso juntos. Un hijo no puede ser una propiedad, debe tener libertad y espacio propios.
-¿Qué peligros tiene ser una mujer fuerte ante los ojos de los demás?
-Creértelo, no debes caer en la trampa
-¿Nunca has llegado a creerlo?
-No, jamás. Soy muy débil, todos lo somos. Lo que pasa es que en un mundo competitivo de hombres, las mujeres de mi edad hemos tenido que ir de agresivas y fuertes, incluso yendo así te pisoteaban con que imagínate si hubieras ido de hermanita de la caridad, entonces te arrancan la toca.
-¿La mujer fuerte es la que más sola se siente a la hora de la verdad?
-Sí, lo que ocurre es que todo el mundo te va echando cargas encima porque suponen que tú sí las soportas o sabes solucionarlas. A veces incluso me supone el don de la ubicuidad, se entra en el terreno de la ciencia ficción.
-¿Qué proyectos tienes?
-Ahora estoy concentrada en mi labor como presidenta de la Fundación AISGE (Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión). Viajaré a Latinoamérica en noviembre con ellos. En cuanto a interpretación estoy en paro desde que la pobre Elpidia murió, el trabajo siempre ha estado difícil y una tiene una edad en la que ya no es fácil encajar. En este eterno machismo de la sociedad un hombre que peina canas es un hombre interesante pero una mujer de esa misma edad no es más que una viaja
-¿Sigues la serie Amar en tiempos revueltos ?
Sí, la sigo. Han quedado allí muchos compañeros, sobre todo en el bar son todos unos grandes amigos. Siempre hago hincapié en que el éxito de esa serie se debe al sudor de todos sus actores y al equipo técnico porque la producción dejaba mucho que desear en cuanto al trato humano.