Sebastián Álvaro, director de "Al filo de lo imposible", destapa sus inquietudes y aventuras

Sebastián Álvaro, director de "Al filo de lo imposible", destapa sus inquietudes y aventuras

Desconocemos el trabajo de los alpinistas y su entrega plena al amparo de la montaña. Pero el esfuerzo de este equipo llega más lejos. Son 187 las expediciones en estos veintiséis años que llevan aunando esfuerzos en la búsqueda continua de los límites humanos, interiores y físicos, y en el grito a la defensa de la naturaleza. Cuevas, océanos, glaciares... Los recovecos inexplorados del mundo se abren ante sus cansados, pero perseverantes pies. Sebastián Álvaro es el director de Al filo de lo imposible , un programa documental apoyado por Televisión Española donde una simbiosis única se da entre aventura y deporte. Veintisiete son los compañeros que han perecido en el transcurrir de estos viajes inhóspitos y el sentimiento que emerge en los más veteranos del equipo, como cuenta Álvaro, se asemeja al de un viejo al que la muerte le pisa los talones a medida que una soledad se apura por su pecho por los que quedaron atrás en la memoria. No obstante, estas emociones fuertes son una inyección de vida y madurez.

Al filo de lo imposible vuelve a contar más de sus historias a través de Televisión Española, y con una hazaña en las manos que podría concluir con un hecho histórico: la primera mujer del mundo en conseguir escalar los 14 picos de más de 8.000 metros podría ser la española, Edurne Pasabán. Pero en esta carrera no está sola. La austriaca Herlinder lleva 10 cumbres conquistadas, una más que ella, y aspira fuerte a conseguir el mismo título.

-¿A qué aspiráis?

-Aspiramos a ser los más clásicos, que no significa los más antiguos. Clásico es lo que demuestra su valor permanente con el paso del tiempo , así lo define la revista Manager . El programa cumple con dos de los cometidos esenciales de la televisión pública. Por un lado, hacemos un producto que mejor se adecua a este tipo de televisión, entretenido y formativo. Por otro, hemos cambiado el panorama de la aventura y del deporte en nuestro país. Los ingleses intentaron su primer cumbre de 8.000 metros en 1895, pero, a día de hoy, ninguno de sus alpinistas ha alcanzado las 14 cumbres de 8.000. Sólo trece hombres lo han logrado, de los cuales dos son de nuestro equipo de Al filo . Nuestro compañero ecuatoriano, Iván Vallejo, probablemente se una a este selecto club la próxima primavera. Por ahora, lleva 13 montañas que cumplan esta altura.

-¿Cómo veis el problema del cambio climático y desertización, vosotros que estáis tan cerca de la naturaleza?

-Dentro de un mes publicamos Los hielos del planeta que es una mirada a todos los hielos que hemos visitado en el programa. Sin duda, es real que estamos perdiendo los glaciares y los hielos de La Tierra. Estamos teniendo un clima muy similar al que tenían los romanos hace 2.500 años. Sin embargo, el clima siempre ha sido cambiante por lo que decir lo de cambio climático viene a ser una redundancia. El ser cíclico lo complica ya que nos hace difícil determinar hasta que punto ha sido la influencia del hombre. Lo que es seguro es lo que hemos visto con nuestros propios ojos y es que los hielos que conocimos hace veinticinco años van a menos. Pero hay que mantenerse optimista venga lo que venga. Optimista es aquel que sabe enfrentarse a la adversidad como dice el psiquiatra Rojas Marcos

-Parece que en esta nueva etapa documental os alejáis de los glaciares y los hielos y experimentáis con la espeleología, por ejemplo...

-Nunca estamos quietos. Hay gente que piensa que sólo se aprende del fracaso, pero creo que es importante aprender del éxito y eso supone estar vivo y plantearse cada nueva etapa del programa de forma distinta. Lo que es necesario entender es que el objeto del programa son los deportes de aventuras y la palabra aventura connota riesgo de morir . Con esto no quiero robarles respetabilidad al resto. Por otro lado, hay ciertas hazañas que nos gustaría hacer más, pero no podemos por ser muy costosas de filmar. Por eso hacemos poca espeleología porque, para ello, hay que trasladar un equipo técnico a más de quinientos metros de profundidad.

-Edurne lleva conquistadas 9 cumbres. ¿Cómo le está yendo en sus andares?

-Lleva desde marzo haciendo los 8.000. Su único respiro entre medio son quince días que aprovecha para ver a la familia y darle un beso al novio. Le va bien. Es una pelea en donde hemos metido muchas ganas. No estaríamos liderando la carrera sin no fuera por el apoyo de la televisión. Es importante que se recuerde este evento irrepetible donde una española podría llegar a ser la primera del mundo en alcanzar las 14 cumbres de 8.000. Es un trabajo muy sutil, pero bastante difícil. Cerca del pico de la décima montaña que Edurne intentó superar, el Annapurna, se dio la vuelta. Es fácil entender que se pase miedo. La montaña se te cae encima. Por ese incidente ahora vamos segundos, pero no pasa nada si perdemos la carrera. La rival que tenemos por delante es Herlinde, una pedazo alpinista austriaca muy fuerte y valiente, pero ella no tiene el K2 y eso es un punto a favor nuestro. A Edurne, ese pico le cobró un peaje de dos dedos de los pies.

-¿Y tú sigues a pleno en todas esas aventuras?

-Sí. Volví hace poco. Me fui a hacer lo de Pakistán que era recorrer 5.100 kilómetros en moto por la ruta de la seda. Es uno de los programas que haremos. Además, estuve mis quince días de vacaciones en el proyecto de ayuda humanitaria en el que yo y mi mujer estamos implicados de hace siete u ocho años. La localización es una aldea perdida en el Caracol, en Pakistán, que tiene 900 habitantes. Cuando llegué a los cincuenta años me di cuenta de que habíamos cambiado muy poco. Desde entonces me he dedicado a mejorar la calidad de vida de esas personas. Antes los niños se morían de hambre y malnutrición. Ahora están sanos y el 85% está escolarizado. Hemos hecho una escuela, un dispensario médico, y parte de la población ya habla un poco de español e inglés. Incluso les enseñamos a cocinar.

-¿Existe lo imposible?

-Lo imposible retrocede cuando se marcha hacia ello. Siempre desde la prudencia. Porque sino vives poco. Por ejemplo, llevamos seis años con la idea de sobrevolar el K2 en globo, pero los vientos a esa altura lo hacen difícil. Una imprecisión en el cálculo y nos iríamos abajo. El Instituto Nacional de Meteorología nos guiaría desde Madrid. Otra cuestión a tener en cuenta es que los chinos nos den permiso.

-¿Qué miedos te quedan después de tantos años de aventura?

-Supongo que tengo unos miedos especiales. Para mí el mayor de ellos es perder a un amigo en una expedición. En estos veintiséis años lo más doloroso ha sido perder gente a la que quiero, gente, además, en la que tenía responsabilidad porque estaban allí por mí. Es un sentimiento muy doloroso con el que hay que convivir porque no se puede evitar. Realmente, lo que nos ocurre a los que trabajamos en Al filo de hace mucho tiempo es que sentimos algo muy parecido a lo que sienten los viejos. Ellos, al final de la vida, se empiezan a dar cuenta de que se quedan solos y que han perdido a muchos amigos. Ésa es la sensación que tenemos.

-Los que están cercanos a la muerte, es cierto que parecen tener una sabiduría similar a la de la vejez...

-Estoy seguro de que sí. Las situaciones duras donde te enfrentas a la muerte y a la adversidad son las que hacen madurar a la gente y las que más te enseñan en la vida.