Silvia Abascal encarna a Mari Mar Blanco, la hermana de Miguel Ángel Blanco, el joven político asesinado por ETA en 1997

Silvia Abascal encarna a Mari Mar Blanco, la hermana de Miguel Ángel Blanco, el joven político asesinado por ETA en 1997

Disciplinada y muy exigente con su trabajo. Así se define Silvia Abascal, una de las actrices más valoradas del cine español, tanto por el público como por los expertos del séptimo arte. Con tan sólo 28 años, Silvia es una de las pocas actrices de su generación que pueden presumir que desde sus comienzos, allá por 1992, no ha parado de trabajar. Por todo ello, Silvia se siente muy afortunada.

En esta ocasión la madrileña se mete en la piel de una joven violinista en Hablando con Gabriel . Un papel que ha disfrutado especialmente ya que le ha permitido conocer más de cerca todo lo que rodea a los genios que dominan este instrumento.

Aunque afirma que no echaba de menos volver a televisión, Silvia se ha embarcado en una nueva serie que comenzará a emitirse a principios del próximo año, 48 horas . En ella, Silvia interpretará a Mari Mar Blanco, hermana del edil Miguel Ángel Blanco, secuestrado y asesinado en 1997 por ETA.

- ¿Cómo has vivido el rodaje de la película?

- Bien, pero fue todo muy precipitado. Me llamaron con muy poquito tiempo de antelación, y eso suponía que también tenía poco tiempo para preparar el instrumento. El violín es uno de los más difíciles. Empecé con mucha prisa pero al final salió todo genial.

- ¿Qué tiene esta película que no tengan otras que has hecho?

- Habla de los músicos clásicos, un tema que pocas veces se ha tocado en el cine. Habla de su modo de trabajar, de su disciplina, de que son unas familias especiales,.. El meter la cabeza en esta temática me gustó mucho.

- ¿Fue el tema de la música lo que te atrajo de este proyecto?

- Sí, sin duda. Me apetecía mucho el hecho de trabajar la música, y más un instrumento con el violín. Esta experiencia ha hecho que admirase mucho todo este mundo. Ahora cuando veo a un niño pequeño tocando el violín sé lo que supone, y me quedo alucinada.

- ¿Cómo te has preparado para ponerte en la piel de una violinista?

- Con varios profesores. Es un instrumento muy difícil y cuesta muchos años. Lo que hemos intentado es que aprendiera lo necesario para hacer el papel creíble. Establecí una relación con el instrumento muy íntima y personal. Lo disfruté mucho.

- ¿Qué ha sido lo mejor de esta experiencia?

- La música. Y, también, el ver de primera mano cómo se preparan las jóvenes promesas del violín, que tienen hasta callos en la cara de las horas que pasan ensayando. Me ha encantado meter la cabeza en este mundo.

- ¿Hay alguna similitud que tengas con Sara ?

- En la disciplina. Yo soy tan disciplinada como ella en mi trabajo. Y no nos parecemos en nada en su actitud de huir constantemente del compromiso. Somos muy diferentes en eso. Sobre todo de cara a los míos, no de cara a la pareja. Compromiso es una palabra muy importante en mi manera de ser.

- ¿Este tipo de papeles románticos y sensibles te gustan más que los fuertes?

- Me gustan los personajes que estén muy alejados de mi personalidad. Me permiten trabajar colores y parcelas que sé que tengo pero están más escondidas. Eso provoca un reto mayor.

- ¿Eres muy crítica y exigente con tu trabajo?

- Sí, muchísimo. Ese es mi mayor defecto. Me exijo muchísimo a mi misma. Tengo la facilidad de que si me das un látigo cuando estoy trabajando, de utilizarlo (ríe).

- Desde que comenzaste, hace muchos años, ¿qué ha cambiado en ti que te haya llamado la atención?

- Muchas cosas. Personalmente no he cambiado mucho, pero sí de cara a esta profesión. Ahora me lo planteo todo de un modo más equilibrado. Al principio empezaba con mucha ambición y con el paso de los años esa ambición va más dirigida a mi vida personal. También soy menos impaciente, más calmada y equilibrada.

- Cuando te paras a observarte ante la pantalla, ¿qué sientes?

- La primera vez que vi mi nombre en la pantalla o la primera vez que me pusieron una claqueta..., me quedé impactada. Esa primera vez sí que lo recuerdo perfectamente, pero ahora, después de tantos estrenos, no me paro a notar esa sensación sino que sólo juzgo el trabajo. En los primeros pases ni me preguntes porque no soy nada objetiva.

- Son muchos años trabajando y sin parar...

- Sí. Me paro a echar la vista atrás y, desde los catorce años que empecé, no me ha faltado trabajo nunca. He hecho trabajo, cine,... Soy muy afortunada.

- Eres una de las actrices, de tu generación, más valoradas. ¿Qué sientes al oir tantos elogios de tu trabajo?

- Calidez. Me siento querida y respetada, y si a eso le sumas que he podido trabajar en terrenos diferentes y haciendo cosas dispares. Es lo mejor que le puede pasar a una actriz. Por parte del público y de la profesión siempre he recibido cariño. Siempre he ido con mucha calma, sin querer ser ambiciosa.

- ¿Por qué crees que la gente te tiene tanto respeto, puede ser por tu actitud seria y calmada?

- No lo sé. No sé que transmitiré al público. Sí sé que mi trabajo me lo tomo muy en serio, y respeto muchísimo este oficio. Cuanto más pasan los años más consciente soy de mis limitaciones, de las dificultades, más me exijo,... Yo creo que el público sabe cuando un actor vive esto en serio y cuando lo lleva de forma más frívola.

- Aunque llevas muchos años en la profesión, ¿te sigues poniendo objetivos?

- Sí. Quiero no perder la ilusión y quiero evolucionar. Esos son mis principales objetivos.

- Cine, teatro,... ¿Sientes más cariño por alguno?

- Yo con el teatro me vuelvo loca. Salgo ahí y es nacer y morir, y no hay nadie que toque tu trabajo como pasa en el cine. Es el espacio donde el actor es más poderoso. Cada función es única e irrepetible. El cine lo disfruto muchísimo porque es más preciso, más cerebral. Y la tele depende del proyecto. Siendo sinceros, en televisión la elaboración y el cuidado es más escaso. Pero no toda la tele es mala...

- Estás a punto de volver a televisión con 48 horas , una serie que contará los momentos en los que Miguel Ángel Blanco fue asesinado. Encarnarás a su hermana, Mari Mar... ¿Ha sido complicado?

- Sí, sobre todo porque es un personaje real y que vive. He intentado, particularmente, interpretar a la hermana hace diez años, justo en ese momento de vivir las 48 horas, que es una imagen muy diferente a la que tiene ahora con los años. Me he centrado en la parcela emocional de esa familia.

- ¿Ella te ha ayudado?

- Sí, mucho. Para documentarme quedé con ella y me abrió su corazón. Todas las preguntas fueron contestadas.

- ¿Cómo ha sido revivir aquel momento?

- Cada uno lo sentimos de una manera. Representar esos momentos tan grabados en la retina es muy duro, pero he intentado hacerlo poniendo la máxima sensibilidad posible y el respeto.

- ¿Te apetecía volver a televisión?

- No lo echaba de menos. Lo último que hice fue Vientos de agua y fue una serie muy cinematográfica. 48 horas es una telemovie, así que no he tenido sensación de hacer televisión.

- Si te pones a echar la vista atrás a toda tu carrera, ¿te arrepientes de algo?

- Hay trabajos que sí podría quitar, pero soy consciente de que las malas experiencias me han ayudado. Son como los palos en la vida, te hacen aprender a la fuerza.

- ¿Hay algún trabajo al que tengas especial cariño?

- (Sonríe) La Dama boba, le tengo muchísimo cariño. Tengo varios.

- ¿Un sueño por cumplir?

- Formar mi propia compañía de teatro. (Sonríe) Pero es un sueño que veo muy lejano porque es de los grandes. Me gustaría mucho.