VEINTE JÓVENES ESPAÑOLES HAN DADO LA VUELTA AL MUNDO EN UNA RÉPLICA DE LA NAO VICTORIA, TAL Y COMO LO HICIERON MAGALLANES Y EL CANO

VEINTE JÓVENES ESPAÑOLES HAN DADO LA VUELTA AL MUNDO EN UNA RÉPLICA DE LA NAO VICTORIA, TAL Y COMO LO HICIERON MAGALLANES Y EL CANO

LOS AVENTUREROS NOS CUENTAN SU HAZAÑA VIVIDA DURANTE UN AÑO Y MEDIO

Jamás el corazón se siente tan aventurado, como después de haber pasado algún mar bravo y mira a la mar desde el puerto (Antonio de Guevara, siglo XVI). Ésta puede ser la frase que mejor resume la aventura llevada a cabo por un grupo de jóvenes que durante un año y medio navegaron a bordo de la réplica de la Nao Victoria con la que han dado la vuelta al mundo, tal y como lo hicieron los legendarios marineros españoles Magallanes y Elcano cinco siglos antes.

Con esta hazaña, los tripulantes de la Nao Victoria han sido un ejemplo mundial de tolerancia, convivencia y respeto, lo que les ha valido reconocimientos y galardones en los 18 países visitados.

Tras navegar 28.000 millas náuticas, fondear en puertos de los cinco continentes y recorrer tres océanos; enfrentarse al temporal, a la incertidumbre, a las guardias durante la noche, al hambre... no cabe duda que para estos jóvenes, la aventura ha sido y será única e irrepetible en sus vidas y nos lo han querido mostrar mediante una exposición en el Real Alcázar de Sevilla.

De entre ellos, destaca Antonio Fernández Torres, un joven historiador sevillano, especializado en Historia de la Navegación, quien tuvo la idea de utilizar la réplica de la Nao Victoria, que se construyó para la Expo92, para dar la vuelta al mundo. Obtuvo con su proyecto el respaldo necesario y recibió numerosas solicitudes para embarcarse en esta aventura. Además de ser el jefe de guardia de la Nao Victoria durante la larga travesía, escribió a bordo sus crónicas regularmente, como testimonio de las experiencias vividas desde el 12 de octubre de 2004 hasta el 4 de mayo de 2006.

¿Qué ha sido para ti lo mejor y lo peor de esta larga travesía?

Cada uno yo creo que ha tenido los suyos. Pero yo creo que los mejores han sido los más sencillos y los peores yo creo que los relacionados con el mal tiempo. Hemos pasado momentos de miedo y dificultades, pero compensados con otros tantos de alegría, de reencuentro...

¿Os conocíais los tripulantes antes de partir?

No, no nos conocíamos nada. Partimos como una tripulación y regresamos como un grupo de amigos.

¿Por que no había ninguna mujer en la tripulación?

Porque sólo recibimos una solicitud y finalmente no pudo ser por las condiciones que pedía.

¿Qué es lo que más valoras de tu experiencia?

Muchísimas cosas. No hay nada como irse durante un tiempo y recorrer muchos países, para darse cuenta de la suerte que uno tiene.

¿Cómo escribías las crónicas?

Era como un parto porque había días en los que el barco se movía tanto, que no era capaz de poner el ordenador en ningún sitio.

En una de ellas contabas que dejaste de fumar ¿Lo conseguiste?

Lo dije en varias y no lo he conseguido.

¿Has pasado miedo?

No, nada. El temporal y el mar siempre imponen, pero más miedo me ha dado ha sido volver aquí y hacerme a la vida normal de nuevo.

Como comisario de esta exposición Descubriendo a los descubridores ¿Qué pretendéis?

Además de mostrar cómo fue nuestro viaje y compartir nuestra experiencia, pretendemos rendir un homenaje a todos aquellos marineros españoles que tanta importancia tuvieron con sus descubrimientos del mundo y que para mucha gente son absolutamente desconocidos.

Otro de los jóvenes tripulantes sevillanos, es Luis Torres García, un ingeniero naval que tuvo conocimiento del proyecto de circunnavegación desde el principio y ayudó a que saliera a flote. Además, es también uno de los responsables de la exposición del Real Alcázar de Sevilla.

¿Cuál fue tu tarea cuando te embarcaste en la Nao Victoria?

La de mantenimiento de todas las instalaciones a bordo y que todo funcionara: agua potable, energía eléctrica...

¿Qué dejaste antes de partir?

Además de la familia y amigos, dejé un trabajo. En un principio pedí una semana en el trabajo y tuve que regresar, pero cuando estaba otra vez aquí, decidí volver y completar el viaje.

¿Con qué momentos importantes te quedas de tu aventura?

Es imposible resumirlos. Pero fundamentalmente las llegadas a puerto porque la gente nos recibían con muchísimo cariño, nos trataban como héroes, nos pedían autógrafos y querían hacerse fotos con nosotros. De ser unos auténticos desconocidos, fuimos de la noche a la mañana, portada de muchos periódicos.

¿Qué tal la convivencia con el resto de la tripulación?

La convivencia ha sido increíble. Yo creo que lo mejor que he conseguido del barco han sido esas amistades que hice a bordo.

De entre los veinte tripulantes, cabe destacar la labor de Pablo García de Cassasola, quien se ocupó de grabar las imágenes más importantes de la larga travesía por los océanos y que ahora tienen un gran valor documental y testimonial.

¿Cómo ha sido la experiencia a bordo de la Nao Victoria?

Increíble.

¿Cómo y por qué decidiste ir?

Me llamaron porque necesitaban un cámara y mis primeros pensamientos fueron de miedo, sorpresa... Ni siquiera tenía nociones de navegación y tampoco sabía qué debía meter en la maleta. Pero mis condiciones personales eran buenas porque no dejaba nada que realmente mereciera la pena o me impidiera marchar.

¿Qué te dijo tu familia cuando les comunicaste que te ibas a dar la vuelta al mundo en un velero?

Mi padre se quedó inmóvil y mi madre se puso a llorar.

Después de haber convivido con el resto de los tripulantes durante un año y medio ¿cómo es ahora tu relación con ellos?

Yo llegué sin conocer a nadie y ahora son como mis hermanos. En un viaje así, acabas conociendo a la gente a la perfección porque convives las 24 horas del día.

¿En qué consistía tu trabajo?

Me dedicaba a grabar todo aquello que consideraba que tenía una importancia documental, pero esto no era como un Gran Hermano . Cada vez que llegábamos a puerto enviaba a España el material. Grabé más de 100 horas.

¿Qué cosas te han impactado más?

Muchísimas, como ver pasar una ballena muy cerca, ver un volcán por la noche, las tormentas... Pero para mí el día que puse los pies en Tokio se me cayeron las lágrimas.

¿Qué echaste de menos a bordo?

Sobre todo la comida, un sofá, una silla, una cama grande, el agua dulce...