MADRID 13 Jul. (EUROPA PRESS) -
Todavía llevo metido en el cuerpo el ritmo del 'Waka-Waka' de Shakira y los vítores del pueblo de Madrid a los jugadores de la Selección Española de Fútbol y el discurso afónico de Reina y la americana, camisa y corbata roji-gualda de Manolo Escobar... Y sigo viendo los informativos de una y otra cadena y no me canso de ver la alegría del personal.
He de confesar que yo nunca he sido deportista y mucho menos futbolera, ni en la práctica ni siquiera para seguir un partido en la tele, pero la euforia de este Mundial ha logrado que devorase todos los que jugó España menos el primero, el que perdimos contra Suiza. El que desató la polémica tras publicarse en 'The Times' que la periodista Sara Carbonero descentraba al portero-novio Iker Casillas.
Y noto que, desde hace unos días, sonrío más, tengo tema de conversación seguro con la dependienta a la que compro cada día el pan... casi he olvidado que estamos en crisis, que el paro nos acecha y que los políticos se han convertido en un problema para los ciudadanos. A lo mejor soy una hortera, tal y como he oído esta mañana a un tertuliano de la radio, que despotricaba contra la fiesta que el lunes se dio en la capital para recibir a los héroes del Mundial. Y yo, cuando le escuchaba, pensaba para mis adentros:
Me horroriza la música de David Bisbal, los del grupo Seguridad Social tampoco me entusiasman, nunca he tenido en mi repertorio una sola canción de Manolo Escobar (aunque él me cae estupendamente bien) y durante un breve período de tiempo he despotricado de los jugadores, justo cuando empezaron a decir tacos en el escenario de la plaza del Rey, delante de un montón de niños.
Pero tengo que reconocer que los chicos me parecieron sanísimos el resto del tiempo. Y que además de ser los primeros en conseguir un balón de oro para España, fueron cariñosos con el público y tuvieron más paciencia que el santo Job durante todo el trayecto, desde que salieron de Sudáfrica hasta que se fueron a cenar en comandita, 24 horas después. Vamos, que disfruté viendo por televisión horas y horas de euforia desatada de todos los jóvenes y no tan jóvenes que siguieron el recorrido del autobús de la Roja.
¡Cómo ha sabido transmitir nuestra Selección esa alegría, compañerismo, unidad, esfuerzo!... De Iniesta a Puyol, Villa, los dos Xavi, Casillas, Pedro, Navas, Fernando Torres... todos, incluidos Vicente del Bosque y su hijo. Lo mejor del ser humano se hizo evidente en ese autobús. Y con ellos se palpaban las ganas de divertirse del público. De la misma forma que se vio la naturalidad del Rey al darles collejas a algunos de los futbolistas cuando les recibió en Zarzuela. Don Juan Carlos es único en estos casos y ahora también podemos incluir a Doña Sofía.
Y en este punto vuelvo al tema de debate radiofónico sobre si la fiesta fue hortera o no. Creo simplemente que resulta hortera lo que se hace con tono forzado. No vi mal gusto en la jovialidad de los jugadores ni en los vítores desmesurados y a voz en grito de los congregados, ni en las proposiciones divertidísimas que hacían al capitán de la Selección Española un grupo de chicas, asegurando que todas ellas eran la Carbonero y que querían un beso...
Lo que quedaba ridículo era la poca naturalidad de Zapatero dando botes y las palabras que querían ser grandilocuentes pero "de tono colega" de Gallardón y de un montón de políticos a los que entrevistaron. Felicitaban a los jugadores, pero acto seguido cambiaban de tono para asegurar que estuviéramos tranquilos porque ellos velaban por la seguridad y el buen hacer de los españoles. Y no digamos nada de los nacionalistas, que no sabían cómo salir bien parados ante semejante compromiso. ¡Nunca he oído tantas estupideces juntas!
¿Es grotesco alegrarse tanto porque un grupo de futbolistas ha conseguido una copa para nuestro país? En este caso, como en casi todo, es más importante dejarse llevar por los sentimientos de alegría que recrearse en la aflicción. Es más bonito que te emocione ese beso que Iker le dio a su novia, harto ya de tanta contención, que buscarle tres pies al gato sobre qué es lo periodísticamente correcto.
La gente normal y corriente lo sabe. No en vano el famoso beso ha sido la noticia más vista en youtube de los últimos tiempos. Y, como colofón, quiero mencionar el baile de la infanta Elena. Lo vi en Cuatro (hice zapping toda la tarde-noche del lunes), que la enfocaba con sus cámaras en la explanada del Rey, junto a otra amiga. Pude comprobar el sentido del ritmo de Elena, que se movía con gracia y sin complejos, con una gorra con los colores de la bandera española calada hasta las cejas, al son del 'Waka-Waka' de Shakira.
Ya sabía que la Infanta es marchosa, pero verla tan desinhibida me hizo recordar que, a pesar de los dos hijos, pocas cosas más tiene en común con Jaime de Marichalar.